Perfiles de La Previa

Mario Alberto Kempes, una leyenda más grande que un estadio

A 43 años del título de Argentina en el Mundial '78, un repaso por la carrera del "Matador", el goleador de esa icónica Selección.

26/06/2021 | 13:53

Raúl Monti

Raúl Monti

Los aficionados del Valencia lo eligieron como el jugador más importante en la historia del club, por encima de cualquier español que haya vestido la camiseta albinegra. Una distinción de tal calibre cobra sentido cuando uno habla de Mario Alberto Kempes, un hombre que dejó un recuerdo imborrable en todas las canchas por las que pasó.

El cordobés marcó a fuego el corazón de los valencianos, pero se acostumbró a vestir el traje de ídolo desde sus inicios. Se lo calzó por primera vez en Instituto, donde los hinchas que peinan varias canas lo vieron iniciar su camino en el fútbol y serían incapaces de olvidar sus cinco gritos en un clásico contra Racing, en Nueva Italia.

Algo similar ocurre con los hinchas de Rosario Central, donde el “Matador” custodia hasta estos días el título de máximo artillero en la era profesional. Dio una vuelta olímpica vistiendo la casaca de River, defendió los colores del Hércules español y se gastó sus últimas jugadas entre Austria, Chile e Indonesia.

Kempes fue “torazo en rodeo ajeno” y también en el propio, y se dio el gusto de vivir sus máximas alegrías bien cerquita de casa. Logró a fuerza de goles que millones de argentinos conocieran la dulce sensación de ser campeones del mundo y Córdoba, su tierra natal, lo quiere tanto que le puso su nombre al estadio más grande del interior del país.

Nació el 15 de julio de 1954 en Bell Ville, hogar predilecto de las pelotas de fútbol, y pasaba sus días entre la carpintería de su papá, la escuela y los potreros de la zona. Forjó su zurda en dos clubes de la ciudad, Talleres y el club Bell, y soñaba con ser como Hugo “el Tula” Curioni, un delantero bellvillense que había llegado a Boca Juniors.

Consiguió una prueba en Instituto cuando tenía 17 años pero sabía que el técnico de la “Gloria” desconfiaba de quienes lo vendían como el fenómeno del pueblo, por lo que decidió ocultar su identidad. Se presentó como “Carlos Aguilera”, mostró que era tan bueno como lo pintaban en sus pagos y el club decidió contratarlo.

Los dirigentes de Alta Córdoba hicieron un negocio redondo, de esos que suelen sufrir las instituciones más chicas: el Club Bell Ville se desprendió de su gran promesa a cambio de algunas monedas, un juego de camisetas y un par de arreglos en el estadio. Mario, por su parte, metió 78 goles en 81 partidos en la Liga Cordobesa, donde Instituto fue campeón y se clasificó al Nacional de 1973 gracias a su “Superpibe”.

La “Gloria” gozó en aquellos tiempos de una de las mejores delanteras de su historia, con Saldaño, Ardiles, Beltrán, Ceballos y el propio Kempes, que fue convocado a la Selección con apenas 19 años. “El Matador” logró que su nombre sonara fuerte en todos los rincones del país, y Córdoba tuvo que dejar ir a su gran proyecto mucho tiempo antes de lo deseado.

Rosario Central pagó 160 mil dólares por su pase, una cifra muy importante para la época, y disfrutó de un atacante temible. Sin ser el centrodelantero del equipo metió 94 goles en 123 partidos, a lo que le sumó una cuota de creación de juego desde la banda izquierda.

Defendió la camiseta argentina en el Mundial de Alemania 1974 y la Copa América 1975 siendo apenas un veinteañero, y su juego logró captar la atención de clubes europeos. Los socios del “Canalla” tuvieron que ir a las urnas para decidir de manera popular si el club vendía a su joyita o hacía lo posible por retenerlo.

Por votación, los rosarinos optaron por aceptar una oferta del Valencia de medio millón de dólares por el pase del cordobés, cifra récord en aquel momento para el fútbol argentino. Mario dejó el país con mucha ilusión en 1976, sin siquiera imaginarse lo que pasarían sus compatriotas en los años venideros bajo el gobierno de la Junta Militar.

España tuvo el enorme lujo de ver a la mejor versión de Kempes, a fines de la década del ‘70. “El Matador” mostró un nivel superlativo en sus días como valenciano, fue el pichichi de La Liga en dos temporadas consecutivas y ganó tres campeonatos como la estrella indiscutida del conjunto “Che”.

Muchos goleadores se destacan por aparecer en las difíciles, pero el cordobés estaba en todas: la metía en los partidos fáciles y en los complicados, de local o de visitante, de zurda, de derecha o de cabeza. Cuando se trataba de él, lo extraño era que pasara más de 90 minutos sin meter un gol, y llegó en un momento soñado al campeonato más importante de su vida.

1978 fue un año de emociones encontradas para los argentinos, que atravesaban uno de los períodos más oscuros de su historia y palpitaban a la vez la emoción de ser anfitriones de una Copa del Mundo. Kempes fue el único integrante de esa Selección que vivía en el extranjero, y aseguró años más tarde que no era consciente del clima político que reinaba en el país.

Los números de las camisetas en el equipo de César Luis Menotti se asignaron por orden alfabético y “El Matador”, en un guiño del destino, ligó la número 10. Un total de 16 selecciones se disputaron la gloria máxima en territorio nacional, y Mario no arrancó el torneo de la mejor manera.

Argentina disputó la primera fase en el Monumental de Núñez, donde derrotó a Hungría y Francia por 2 a 1 y cayó contra Italia por 1 a 0, lo que le alcanzó con lo justo para clasificar como segundos del grupo. Kempes no fue el de siempre en esos encuentros, pero estaba a punto de conseguir la mayor hazaña de su carrera.

Los cabuleros defienden que la explosión del “Matador” en la fase final de la Copa ocurrió porque este se afeitó el bigote, como en sus partidos en Valencia. Un factor más gravitante, quizá, sea que la segunda parte del torneo se disputó en el Gigante de Arroyito, donde el cordobés se había cansado de hacer goles en su etapa “Canalla”.

Lo concreto es que a Kempes se le abrió el arco en el recordado duelo contra Polonia, donde fue la figura de la cancha con dos goles y una atajada espectacular. Sí, una atajada: cacheteó sobre la línea una pelota con destino de red cuando Fillol ya estaba vencido y el “Pato” se encargó de atajar el penal posterior para mantener el cero en su valla.

Tras un empate contra Brasil, la Selección se jugó la vida en un cruce contra Perú, que necesitaba ganar por 4 goles de ventaja. El 6 a 0 final, con otro doblete de Mario, levantó sospechas sobre la posible influencia de los militares en el resultado. Él siempre defendió, al igual que todos sus compañeros, que ese partido se ganó en la cancha.

El 25 de junio de 1978, el Monumental fue el escenario de una de las fiestas más grandes en la historia del deporte argentino. Más de 70 mil almas presenciaron la final del torneo que enfrentó al dueño de casa contra el “fútbol total” de la selección de Holanda. Esa tarde de otoño, Kempes se puso al hombro la ilusión de todo un país y metió dos de los tres goles con los que Argentina se consagró campeón del mundo por primera vez en su historia.

Fue el goleador y mejor jugador de esa competencia aunque, entre el tumulto y la emoción, nunca llegó a tocar el codiciado trofeo. Volvió a España como el mejor jugador del Mundial y comenzó a transitar el final de su carrera.

River lo contrató en 1981 para competir contra el Boca de Maradona, y “El Matador” festejó el Torneo Nacional con la banda roja en el pecho. Participó de la amarga experiencia argentina en el Mundial de España 1982, tuvo un breve paso por el Hércules, el fútbol de Austria, Chile e Indonesia, donde se retiró definitivamente a los 42 años.

Vivió aventuras de poco vuelo como director técnico y se convirtió en comentarista deportivo, pero podría afirmar sin falsa modestia que hoy se dedica a ser un ídolo. La prueba más contundente de ello sucedió en 2011 cuando el estadio mundialista Chateau Carreras, de Córdoba, fue renombrado en su honor.

Para muchos su figura pasó a un segundo plano tras la irrupción de Diego Maradona y Lionel Messi en el mundo del fútbol, pero “el Matador” es un verdadero prócer del deporte nacional (quizás, mucho menos reconocido de lo que debiera). Sus goles, campeonatos y corajeadas con la camiseta albiceleste no dejan lugar a ninguna duda: Mario Alberto Kempes es una leyenda aún más grande que el estadio que lleva su nombre.

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