Sala de las Lágrimas: el espacio en el que el nuevo Papa toma conciencia de su misión
La Sala de las Lágrimas es el espacio donde el nuevo Papa se prepara para asumir su rol. Un monseñor explica que en este momento toma conciencia de lo que "ha llegado a ser".
07/05/2025 | 12:48Redacción Cadena 3
La Sala de las Lágrimas, ubicada a los lados del altar de la Capilla Sixtina, se convierte en el primer refugio del nuevo Papa tras su elección. Este pequeño espacio, que se caracteriza por su austeridad, sirve como un momento de reflexión y oración. Según Monseñor Marco Agostini, ceremoniero pontificio, "allí el Papa toma conciencia de lo que ha llegado a ser y de lo que significa su nueva responsabilidad".
El ambiente de la sala es restringido, compuesto por apenas dos escaleras, una que conduce hacia arriba y otra hacia abajo. En este recinto, tras la elección, el nuevo Papa se cambia de vestimenta ceremonial antes de salir al mundo con la carga de su nuevo rol. Según Agostini, el simbolismo de este momento es profundo. Explica que en este contexto, el Papa entiende que su vocación supera su individualidad y que el papado es una función que debe ser asumida con humildad.
La planificación del ritual es minuciosa. Se encuentra ubicada detrás del mural del Juicio Final de Miguel Ángel, donde antes se podía observar el fresco de Perugino sobre la Asunción. Agostini destaca que lo que ocurre en la Sala de las Lágrimas tiene una gran importancia simbólica, ya que el acto de cambiarse de vestimenta implica un gran cambio espiritual en la vida del nuevo pontífice.
El monseñor agrega que "comprender que el oficio es más grande que la persona" es crucial para el nuevo Papa. Así lo expresó: "En ese momento, el Papa recién elegido entiende que su grandeza personal depende de su capacidad de encarnar el rol de Vicario de Cristo". Esta declaración refleja lo que muchos creen: el papado no debe ser sobre la figura del individuo, sino sobre el papel que desempeña como guía espiritual para miles de fieles alrededor del mundo.
La sala también alberga una lápida que recuerda que Gregorio XIV, el 5 de diciembre de 1590, fue el primero en ser llamado a la Sala de las Lágrimas, donde derramó lágrimas de emoción tras su elección. Este homenaje añade una dimensión histórica a un lugar que ya está cargado de simbología.




