Día Mundial de la Pizza: más que un plato, un ritual social en Argentina
Cada 5 de febrero, la pizza se convierte en un símbolo de unión en Argentina. Desde Buenos Aires hasta el interior, su consumo revela una identidad cultural rica y diversa, que va más allá de la gastronomía.
09/02/2026 | 11:48Redacción Cadena 3
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Audio. Día Mundial de la Pizza: Crece el consumo y se destacan las preferencias en Córdoba
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Hay comidas que se consumen. Y hay comidas que se celebran. La pizza pertenece, sin discusión, al segundo grupo. Cada Día Mundial de la Pizza no solo se multiplican los pedidos y las promociones: también se reactiva una conversación colectiva que mezcla estadísticas, recuerdos, discusiones gastronómicas y un elemento central de la cultura argentina —la reunión—. Porque en la Argentina la pizza no es solo un plato: es un ritual social.
Los números ayudan a dimensionar el fenómeno. Solo a través de una aplicación de delivery se registraron en 2025 alrededor de 10 millones de pizzas pedidas en un año. Una sola plataforma. Si se suma el consumo en locales físicos, restaurantes y pizzerías de barrio, la cifra escala a niveles difíciles de imaginar. Además, el crecimiento interanual en la región fue del 16%, un dato que confirma que lejos de perder vigencia, la pizza sigue ganando terreno.
Pero detrás de la estadística hay algo más interesante: la identidad. Buenos Aires lidera el consumo no solo a nivel nacional sino también en Latinoamérica, lo que refuerza esa tradición tan porteña de la porción al paso, la barra de mármol y la combinación clásica de moscato, pizza y fainá. Sin embargo, la pasión no es exclusiva de la Capital. Rosario, Córdoba, Mar del Plata, Tucumán, Mendoza y otras ciudades muestran que el fanatismo es federal y transversal.
La pizza también revela gustos, pertenencias y hasta pequeñas grietas culturales. Las encuestas y rankings suelen coincidir en un podio casi inamovible: muzzarella, especial (jamón y morrón) y napolitana. Más atrás aparecen la fugazzeta, la calabresa y las cuatro quesos. Y luego está la categoría que genera discusiones encendidas: la pizza con ananá. Defendida por algunos con argumentos de contraste agridulce y rechazada por otros con fervor casi moral, demuestra que la pizza no es solo comida: es opinión.
En las pizzerías tradicionales, el termómetro es más concreto. La muzzarella continúa siendo la reina indiscutida. Le siguen combinaciones con rúcula y jamón crudo, cuatro quesos y fugazzeta. La variedad no solo responde al paladar sino también al formato: horno o parrilla, masa alta o fina, crocante o esponjosa. Cada elección es una declaración de principios culinarios.
Otro dato revelador es qué se pide junto a la pizza. Las empanadas lideran como acompañamiento, seguidas por la fainá, un clásico que en algunas provincias es infaltable y en otras todavía es una rareza. La bebida puede variar, pero el concepto se repite: la pizza rara vez se ordena sola. Siempre convoca compañía, ya sea en forma de comida o de personas.
Quizás por eso su vigencia es tan fuerte. La pizza es democrática: admite ingredientes sofisticados o combinaciones simples, se come con la mano o con cubiertos, en la vereda o en un restaurante elegante. Puede ser almuerzo improvisado, cena familiar o excusa para un encuentro de amigos. Está en el top tres de comidas preferidas en la mayoría de los países de Latinoamérica, pero en la Argentina tiene un plus emocional.
El Día Mundial de la Pizza funciona entonces como un espejo cultural. No se trata únicamente de celebrar una receta italiana adoptada, sino de reconocer cómo cada sociedad la resignifica. En la Argentina, la pizza es sinónimo de charla larga, mesa compartida y debate gastronómico apasionado. Es ese alimento que, más allá de la variedad elegida, siempre cumple la misma función: reunir.





