El trabajo dignifica, el empleo no siempre
Quien siendo empleado no genera riqueza acomete una verdadera estafa social: se lleva una porción de una torta para cuya elaboración y existencia nada ha aportado.
El trabajo dignifica porque genera riqueza. El empleo, cuando se reduce a un mecanismo de transferencia sin producción real, denigra a quien lo recibe y defrauda a la comunidad entera. Esa confusión entre trabajo y empleo atraviesa la cultura argentina, y la dirigencia política la explota cada vez que propone cargos públicos como botín a repartir entre lealtades partidarias, sin importar la aptitud ni la necesidad efectiva del puesto.
Según el Diccionario de la Real Academia Española:
· Emplear: ocupar a alguien, encargándole un negocio, comisión o puesto.
· Trabajo: esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza.
· Digno: que merece algo; acreedor, merecedor.
La semana pasada hemos tenido la oportunidad de escuchar declaraciones de dirigentes políticos abordando el tema del "empleo" en el ámbito público, provocando una importante controversia entre ellos, nuestros comunicadores y nuestras audiencias.
Conviene analizar tal controversia y obtener algunas conclusiones.
Hay dos aspectos importantes: los valores de nuestra cultura con relación al tema trabajo/ empleo, y la mentalidad y conducta de nuestros dirigentes políticos.
En la percepción de los valores culturales se aprecia la existencia de graves confusiones. Muchos argentinos viven convencidos de que su propio destino y suerte depende de los actos dadivosos que algún poderoso debe realizar. Tal poderoso puede tanto ser portador del poder político, como portador del poder económico. Sintetizando: un patrón. Ven a la sociedad dividida entre patrones y empleados, dos bandos en puja. Un bando —el de los patrones— que tiene riqueza y por ende puede y debe dar empleo, y otro bando —el de los empleados— que debe mantener sindicalmente una presión de reclamo y "apriete" permanente al contrincante para poder recibir parte de la riqueza a través del mecanismo de su mediación.
El empleo es el medio de transferencia de riqueza desde un bando a otro, y por ende, el que no tiene tal medio ni detenta fortuna (un desempleado), tiene imposibilidad de acceder a la más mínima porción de riqueza que le permita atender sus más elementales necesidades. Terrible y absurda visión que debemos cambiar a través de la prédica y la educación.
El trabajo, como acción del hombre dedicada a la generación de la riqueza necesaria para satisfacer necesidades propias y de terceros, debe identificarse con claridad y diferenciarse del concepto "empleo". El trabajo no requiere la existencia del patrón; solo requiere la existencia de la actividad humana orientada a la generación de bienes y servicios útiles para satisfacer necesidades.
Sucede que existen complejas necesidades que requieren para su satisfacción la concurrencia de muchos recursos, los que deben ordenarse y dirigirse adecuadamente. Por tal motivo, surgen en la sociedad las "organizaciones" (Estado, empresas, iglesias, fundaciones), las que, en su pretensión de reunir los recursos necesarios para el cumplimiento de sus objetivos, requieren del trabajo de muchas personas, dando lugar a lo que se denomina "empleo".
Es claro que, si las organizaciones no cumplen eficientemente sus objetivos, se disgregan, se diluyen, se funden, se destruyen. Una empresa que tiene empleados innecesarios o inservibles, con seguridad, se funde. Una organización gubernamental que tiene empleados innecesarios o inservibles también se funde, pero con la lamentable consecuencia de que es toda la comunidad la que debe afrontar el quebranto.
Debemos lograr que mayoritariamente se instale en nuestra comunidad el concepto de que el trabajo, y no meramente el empleo, es el elemento necesario para generar y distribuir la riqueza. Quien siendo empleado no genera riqueza acomete una verdadera estafa social: se lleva una porción de una torta para cuya elaboración y existencia nada ha aportado. Y si se suman muchos estafadores que sacan porciones sin aportar nada, irremediablemente la torta se acaba.
En relación con la conducta de nuestros dirigentes políticos, preocupa verlos asumiendo y utilizando demagógicamente la falla cultural apuntada. Proponer normas que asumen el empleo como un botín a repartir entre caridades y punteros, prescindiendo de las necesidades a satisfacer y las aptitudes efectivas para el trabajo que se requieran en cada caso, revela: o una grave ignorancia respecto a la obligada eficiencia con que toda organización debe buscar el cumplimiento de su objetivo, o la perversa intención de utilizar el error cultural en pro de los votos.
Corresponde principalmente a la dirigencia política iluminar los caminos que nos permitan, educación mediante, trocar los valores culturales que nos perjudican, por nuevos valores que nos permitan superarnos en la búsqueda de una mejor aptitud para generar bienes y servicios que mejoren nuestra calidad de vida. Utilizar las fallas culturales en pro de los votos es una acción vil.
El mero "empleo", sin el efectivo trabajo correspondiente, como todo lo falso deviene en un despropósito. En vez de dignificar al empleado, lo denigra al hacerlo obligado actor de una acción defraudadora.





