"Calentar el banco" y otras frases de la escuela con origen medieval
“Hacer capilla”, “calentar el banco” o “tener derecho al pataleo” son expresiones que forman parte del lenguaje cotidiano. Pero detrás de esas frases se esconden historias que nacieron hace siglos.
13/03/2026 | 10:07Redacción Cadena 3
¿Alguna vez te dijeron que estabas “calentando el banco”? ¿O que antes de rendir fueras a “hacer capilla”? ¿Y qué me decís de “no tenés derecho al pataleo”? Son frases que escuchamos desde chicos, sobre todo en la escuela. Pero lo curioso es que muchas de ellas nacieron hace siglos, en pleno mundo medieval.
Porque, aunque muchas veces se piense lo contrario, la Edad Media no fue un período oscuro y sin desarrollo. Todo lo contrario. Fue una época en la que nacieron algunas de las universidades más prestigiosas del mundo, como Oxford, París, Bolonia o Salamanca. Y es justamente en ese universo universitario donde empiezan a aparecer las historias detrás de estas expresiones.
Quedémonos un momento en Salamanca, una de las universidades más antiguas de Europa. Allí nació lo que hoy conocemos como “hacer capilla”. Los estudiantes que aspiraban a doctorarse tenían derecho a pasar la noche previa a la defensa de su tesis en la capilla de Santa Bárbara, repasando sus argumentos y buscando, de paso, la benevolencia de la santa.
Así que cuando hoy alguien te dice que tenés unos minutos para repasar antes de un examen y te manda a “hacer capilla”, en realidad está repitiendo una tradición académica que tiene más de setecientos años.
Otra frase muy conocida es “venir a calentar el banco”. Y también tiene un origen bastante concreto. En las universidades medievales, muchos de los bancos de las aulas eran de piedra. Imaginate lo que debía ser sentarse ahí en pleno invierno europeo.
Por eso, algunas familias acomodadas enviaban a sus sirvientes un rato antes de que empezaran las clases para que frotaran los asientos y los templaran un poco antes de que llegaran los estudiantes. Es decir, literalmente iban a calentar el banco.
Y de esa situación también nace otra expresión que todavía usamos: el derecho al pataleo. Aquellos sirvientes que calentaban los bancos podían quedarse al fondo de la sala para escuchar la clase. Pero también se sentaban en bancos de piedra, fríos como el hielo.
Para soportar el frío, no les quedaba otra que mover las piernas y patalear sobre el piso para entrar en calor. El problema era que ese ruido molestaba a los profesores, que terminaron prohibiendo el famoso pataleo.
Hasta que un día, organizados, estos hombres reclamaron ante las autoridades universitarias el derecho a hacerlo. Y finalmente lo consiguieron. Así que sí: desde entonces, todos tenemos derecho al pataleo.
La próxima vez que escuches alguna de estas frases en una escuela o en una conversación cotidiana, acordate de esto: detrás de palabras que usamos todos los días puede esconderse una historia que viene, literalmente, desde la Edad Media.
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