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El hilo rojo de Trump que une la ayuda de Argentina con la detención de Maduro

    

05/01/2026 | 13:37Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

Milei y Trump

FOTO: Milei y Trump

  1. Audio. El hilo rojo de Trump que une la ayuda de Argentina con la detención de Maduro

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Hay un hilo rojo que une dos hechos que, a primera vista, podrían parecer inconexos: la ayuda inédita de Estados Unidos a la Argentina en plena campaña electoral y la detención de Nicolás Maduro en Venezuela. No está en la estridencia con la que Donald Trump comunica sus decisiones ni en el tono provocador que suele usar para defenderlas. Está en las decisiones mismas. En una lógica de poder que rompe límites que hasta hace poco parecían infranqueables.

No es el objetivo detenerse ahora a juzgar lo que Estados Unidos hizo en Venezuela en la madrugada del sábado ni lo que hará en los próximos días. Es temprano para eso. Pero sí vale advertir algo que estaba a la vista y que, aun así, sigue resultando increíble para muchos: Donald Trump llegó a su segundo mandato con la decisión explícita de quebrar fronteras políticas, diplomáticas y simbólicas.

Lo hizo, de manera clara, cuando decidió intervenir en la Argentina. En plena campaña electoral, a diez días de una elección decisiva, Trump no solo recibió a Javier Milei —algo que en otros tiempos hubiese sido considerado una intromisión impropia— sino que fue mucho más allá. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, con fondos del Estado norteamericano, vino a la Argentina y compró pesos para frenar una corrida cambiaria que estaba desordenando el clima económico y, por extensión, el clima electoral.

Fue una ayuda concreta, inédita y determinante para generar calma. No se puede afirmar linealmente que eso haya definido el resultado electoral, pero sí es evidente que permitió llegar a las urnas con una tranquilidad cambiaria que, sin esa intervención, difícilmente hubiese existido. Trump tomó esa decisión y no la disimuló. Incluso dejó una advertencia explícita: si los argentinos no votaban a Milei, la ayuda se terminaba. Ese gesto dejó un escozor, una incomodidad profunda. Un aviso de época.

Ese mismo escozor reapareció horas después de la detención de Maduro, cuando Trump dijo, sin rodeos, "nosotros vamos a gobernar Venezuela". La frase no se materializó literalmente, ni lo hará. Pero expresa una lógica. Porque, al mismo tiempo que decidió sustraer del poder al dictador venezolano mediante una operación militar, Trump eligió no desmantelar toda la estructura del régimen. Dejó a la número dos, Delcy Rodríguez, y respaldó —de manera explícita o implícita— a los verdaderos hombres fuertes del sistema: Padrino López y Diosdado Cabello.

La apuesta es clara: permitir que la propia estructura del poder venezolano encauce una transición. Si será democrática, pacífica o violenta, todavía está por verse. Si ese respaldo alcanzará para ordenar una salida o solo postergará nuevos conflictos, también. Lo cierto es que Venezuela no estaba gobernada realmente por un civil, sino por una cúpula militar que desde hace años se apropió del poder, primero bajo Hugo Chávez y luego bajo Maduro.

Y ahí vuelve el hilo rojo. Trump no está actuando por impulsos aislados. Está redefiniendo reglas. Está barriendo límites que durante décadas ordenaron la política internacional estadounidense. Lo hace para bien o para mal —eso también está abierto a discusión— pero lo hace con un objetivo estratégico de fondo: reordenar el tablero global en la disputa con China.

Por eso es prematuro emitir condenas cerradas sobre las formas en que fue depuesto Maduro o sobre la intervención norteamericana en la región. Lo que sí es indiscutible es que hay una nueva situación en el mundo. El presidente del país más poderoso del planeta decidió intervenir donde antes no se intervenía, ayudar donde antes no se ayudaba y condicionar procesos políticos ajenos sin disimulo.

Lo ocurrido en Venezuela es apenas un ingrediente más de ese cambio de época. Pero es un ingrediente revelador. Porque muestra que el hilo rojo de Trump no es retórico: es geopolítico. Y ya está marcando el rumbo de los acontecimientos.

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