Lo único que creará empleo: que emplear a alguien vuelva a ser negocio
17/02/2026 | 14:12Redacción Cadena 3
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Hay una idea que incomoda, pero que conviene decir sin vueltas: el empleo no se crea por decreto ni por deseo. El empleo aparece cuando emplear a alguien vuelve a ser negocio. Todo lo demás es pensamiento mágico.
Durante años se repitió que las reformas laborales, por sí solas, no crean empleo. Es cierto. También se dice que primero debe crecer la economía. Eso es apenas una verdad a medias. Existen economías que crecen sin crear empleo, o incluso destruyéndolo, porque se trata de crecimientos intensivos en capital y tecnología. La inteligencia artificial es un ejemplo evidente: puede aumentar la productividad y el PBI mientras reduce la necesidad de trabajadores.
La relación entre empleo y crecimiento es más compleja de lo que se suele admitir. Muchas veces ocurre lo contrario: primero se incorpora trabajo y recién después crece la economía. Una economía solo puede expandirse si utiliza todos sus recursos disponibles, incluido el trabajo humano. Si hay gente en edad y condiciones de trabajar que queda afuera, ese potencial productivo se desperdicia.
Entonces la pregunta clave no es si habrá empleo “en abstracto”, sino si habrá empleo en su forma tradicional, en relación de dependencia. Y la respuesta es incómoda: eso solo ocurrirá cuando emplear a alguien sea rentable, productivo y de bajo riesgo. Nadie toma un empleado para perder plata. Pensar lo contrario no es sensibilidad social: es negar la realidad.
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En la Argentina, ese riesgo se volvió inmanejable. No solo por la carga impositiva, sino por un sistema atravesado por fraude, abuso y una industria del juicio que distorsiona cualquier cálculo económico. Certificados médicos falsos, enfermedades inventadas, litigios seriales, indemnizaciones imprevisibles. Cuando una supuesta dolencia aumenta un 80% interanual sin ninguna epidemia que la explique, no hay misterio: hay mentira. Y cuando el fraude alcanza ese nivel, el riesgo deja de ser asegurable, porque nadie puede medirlo.
A eso se suma el peso directo del costo laboral. Según comparaciones internacionales, el promedio de los países de la OCDE muestra que las empresas pagan alrededor del 21,6% adicional en impuestos y cargas por cada trabajador. En la Argentina, ese número trepa al 34,6%. Solo dos países superan ese nivel. Incluso con regímenes de incentivo al empleo y al blanqueo laboral, el costo sigue por encima del promedio de las economías más competitivas del mundo.
Y ese dato ni siquiera incluye el costo oculto del conflicto permanente: juicios, ART desbordadas, incertidumbre jurídica. Con ese combo, emplear a alguien en la Argentina dejó de ser negocio hace mucho tiempo. Por eso hace mucho tiempo que no se crean empleos genuinos.
Frente a este diagnóstico, hay quienes siguen reclamando empleo como si fuera un acto de voluntad política o una consigna moral. Pero pedir empleo sin corregir las condiciones que lo hacen posible es solo expresar un deseo. Y, curiosamente, quienes más repiten ese discurso suelen ser los que nunca generaron un solo puesto de trabajo.
La discusión real es otra. Cómo hacer para que emplear vuelva a ser una decisión razonable. Cómo reducir el riesgo, el fraude, la carga y la incertidumbre sin castigar al trabajador genuino. Las respuestas no son simples y no caben en una ley mal escrita ni en soluciones generalizadas.
Pero algo es seguro: si emplear a alguien no vuelve a ser negocio, no va a haber empleo. Y cuanto más tiempo tardemos en aceptar esa verdad básica, más lejos va a quedar cualquier recuperación real del trabajo en la Argentina.
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