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Un humilde consejo para Milei: el “wokismo” ya fue

 

23/01/2025 | 14:10Redacción Cadena 3

FOTO: Un humilde consejo para Milei: el “wokismo” ya fue

  1. Audio. Un humilde consejo para Milei: el “wokismo” ya fue

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Uno no es quién para dar consejos. Pero no he podido resistir la tentación. Y me nace darle un consejo al presidente Javier Milei. Ayer dijo en el Foro de Davos que el wokismo “es un virus, un cáncer que hay que terminar”. Y lo acompañó con una larga catarata de admoniciones. Esto le puede venir bien a Milei para arrancar aplausos y situarse como un paladín del conservadurismo global.

El tema es que hay que darle a Milei una noticia: el wokismo ya fue. Se lo digo en francés: c'est fini, c'est suffisant, c'est la vie. Como en la vida, todo pasa. La ideología woke ya venía boqueando. Y terminó de morir en la última elección de Estados Unidos, donde el Partido Demócrata está asumiendo como un error garrafal haber querido ganar la elección con sus políticas identitarias, es decir con propuestas dibujadas para el paladar de cada grupo extremista que, basado en la discriminación real que muchas personas sufren por pertenecer a un género, a una etnia, a una religión, a una preferencia sexual o tantos otros grupos, pretendían construir una hegemonía que amenazaba excluir a todos los demás.

Por eso ya no vemos verdaderas estupideces que vimos en los últimos años: desde pretender que todos hablemos con la “e” hasta que en Europa sancionen al uruguayo Edison Cavani con 135 mil dólares por haberle dicho “gracias negrito” a otro uruguayo, nada menos que un amigo que gerencia una bodega del futbolista. Desde idioteces hasta cuestiones más graves, como la cultura de la cancelación: hemos escuchado justificar, en nombre del feminismo, la destrucción sin juicio previo de personas con el argumento de que “algunos inocentes tendrán que pagar por los daños causados durante siglos por el patriarcado”. Como si la ley penal no fuera personal y los bisnietos tuvieran que pagar los pecados de los bisabuelos. Verdaderas locuras.

Pero todo está desapareciendo rápidamente. El wokismo se va y queda lo bueno que trajo: hoy la tolerancia, la aceptación y el cuidado con los demás es mucho mayor de lo que era. Nuestra sociedad es abrumadoramente más inclusiva. Ya quedan muy pocos ultramontanos a los que les indigne la homosexualidad de otros, cada vez menos niegan que las mujeres, en general, afrontan más dificultades que los varones, que el origen racial, nacional o religioso no tienen nada que ver con la calidad de cada persona. Son cada vez más las personas que asumen que todos merecemos respeto, igualdad de condiciones, amabilidad. Somos mejores que antes.

Acelerar por el camino de un wokismo en extinción no sólo puede dejar a Milei pedaleando en el aire. Más grave: su discurso contra las estupideces del wokismo puede transformarse en el discurso extremista de un reaccionario. Si sigue así cualquier día de estos va a terminar diciendo que hay que “reeducar a los homosexuales” y barbaridades por el estilo. O sea, va a reemplazar una idiotiez woke por otra idiotez ultramontana. En lugar de ir hacia el futuro va a terminar encarando para la Edad Media. Y ni siquiera la mayoría de sus votantes más fieles lo van a votar. Por empezar porque es exactamente lo contrario del liberalismo que Milei proclama.

Debería recapacitar. Y podría hacerlo pensando en su propia trayectoria: una sociedad ultraconservadora, como las de antes, difícilmente hubiera elegido como presidente y vicepresidenta a un hombre y una mujer que no están casados, que no tienen pareja conocida, que no tienen hijos y que por lo tanto no cumplen ni uno de los cánones de lo que se consideraba “normal” hasta hace poco. Jamás hubiera elegido presidente a alguien que considera que cinco perros son sus hijos, uno de ellos reencarnado de otro. Hace no mucho tiempo atrás, muchísimos votantes lo hubieran considerado una aberración o un delirio, desaconsejables en un presidente. A nadie le conviene volver a tiempos oscuros. A todos nos benefician la libertad, la tolerancia, el pluralismo, la aceptación de las personas por su talento, por su esfuerzo, por sus conocimientos, por su bondad. Incluso a Milei.

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