Francia: ocho años después, la misma bronca y menos respuestas
Las protestas que comenzaron en las escuelas volvieron a poner en evidencia las dificultades del Estado francés para responder a las demandas sociales. Con la deuda en aumento y las presidenciales a seis meses, Macron tiene poco margen para actuar.
17/10/2026 | 15:01Redacción Cadena 3
En 2018, mientras cubría en París las protestas de los chalecos amarillos, pude observar sus consecuencias en los Champs-Élysées, donde numerosos comercios habían quedado destrozados. El conflicto había comenzado por el aumento de los impuestos a los combustibles y terminó expresando un malestar más profundo: el costo de vida, la presión fiscal y la distancia entre los ciudadanos y sus dirigentes.
Macron llevaba un año y medio en el Elíseo. Su coalición controlaba 350 de los 577 escaños de la Asamblea Nacional y le quedaban más de tres años de mandato. Hoy afronta protestas con un Parlamento fragmentado, menor margen de maniobra y su presidencia cerca del final.
La movilización actual comenzó en septiembre en liceos de los suburbios del norte de París, con denuncias por falta de profesores e instalaciones deterioradas. Después se sumaron sindicatos y trabajadores. Este sábado hubo marchas en distintas ciudades, algunas pacíficas y otras con enfrentamientos, incendios y destrozos. Reaparecieron los chalecos amarillos, aunque los protagonistas y las demandas son diferentes de los de 2018.
La economía ayuda a explicar la persistencia del malestar. Según el INSEE, la inflación interanual de septiembre fue del 3,1%, pero la energía subió un 21,3% y el gasoil, un 44,1%. Para quienes necesitan el auto para trabajar, el golpe resulta mucho mayor que el promedio.
Francia tiene, al mismo tiempo, uno de los niveles de gasto público más altos de Europa. Representó el 57,2% del PIB en 2025, según la OCDE, 7,4 puntos por encima del promedio de la zona euro. La propia organización señala deficiencias de desempeño en educación y salud. El tamaño del presupuesto vuelve inevitable preguntar qué resultados reciben los contribuyentes a cambio.
Una discusión similar, salvando las distancias, tuvo un reflejo esta semana en la Argentina, con la quinta Marcha Federal Universitaria, que reclamó financiamiento y recomposición salarial. En Francia la protesta comenzó en los liceos; aquí, el conflicto se concentra en las universidades. Las situaciones económicas son diferentes: Francia enfrenta una deuda creciente y la Argentina busca estabilizar su economía y reducir la inflación. En ambos casos aparecen las prioridades del gasto público y la posibilidad de sostenerlo.
El economista Thomas Piketty advirtió este sábado en Le Monde que el presupuesto francés de educación superior por estudiante cayó alrededor de un 20% desde 2017, según cálculos de su colega Lucas Chancel. Piketty propone una mayor redistribución y gravar más los grandes patrimonios; la OCDE pone el acento en la eficiencia del gasto y la sostenibilidad de las cuentas públicas.
En 2018, Macron respondió a los chalecos amarillos con concesiones estimadas entre 8.000 y 10.000 millones de euros, incluida la suspensión del aumento de impuestos a los combustibles. Las movilizaciones continuaron durante meses, aunque fueron perdiendo intensidad. Hoy una respuesta semejante enfrenta límites más estrictos: la deuda pública pasó del 98,5% del PIB al cierre de 2018 al 119% en el segundo trimestre de 2026.
El Gobierno de Sébastien Lecornu prevé un déficit del 5,4% del PIB este año y quiere llevarlo al 5% en 2027. Los intereses de la deuda encarecen cada decisión. Mateusz Szczurek, del Fondo Monetario Internacional, advirtió el viernes, según Reuters, que los riesgos inmediatos son manejables, aunque un financiamiento caro durante demasiado tiempo aumentaría la presión para ajustar las cuentas.
La crisis económica se cruza con la debilidad parlamentaria de Macron y las elecciones presidenciales del 18 de abril de 2027. El sociólogo Jérôme Fourquet habló en El País del "final de un reinado" y recordó que muchos adolescentes movilizados crecieron bajo una sola presidencia: la de Macron, iniciada en 2017.
El escenario electoral refleja la fragmentación política francesa. Marine Le Pen, líder de la derecha nacionalista, encabeza las encuestas de primera vuelta, mientras Jean-Luc Mélenchon, referente de la izquierda radical, busca capitalizar el descontento social. Édouard Philippe, ex primer ministro de Macron y representante del centroderecha moderado, intenta reunir al electorado de centro. Raphaël Glucksmann, dirigente socialdemócrata y europeísta, acaba de convertirse en el candidato del centroizquierda. Los cuatro figuran entre los principales nombres de la disputa presidencial, con propuestas diferentes para enfrentar los problemas económicos y sociales.
Incluso las ideas de Javier Milei comenzaron a encontrar eco en sectores de la derecha francesa. David Lisnard, alcalde de Cannes, representante de la derecha liberal y candidato presidencial con una intención de voto todavía limitada, trituró simbólicamente códigos legales en abril mientras repetía el "¡Afuera!" del presidente argentino. Bruno Retailleau, candidato de la derecha conservadora por Los Republicanos, presentó esta semana un plan de ahorro de 197.000 millones de euros hasta 2032 y dijo preferir una "topadora" a la motosierra de Milei para eliminar regulaciones. La discusión sobre el tamaño del Estado ya forma parte de la campaña, aunque existen diferencias importantes entre las propuestas.
¿Qué puede ocurrir ahora? Habrá que observar si las protestas persisten durante las vacaciones escolares, hasta el 2 de noviembre; si estudiantes y sindicatos mantienen una acción común; y si el debate del presupuesto de 2027 se convierte en un nuevo foco de conflicto.
Los ataques a comercios y edificios públicos requieren una respuesta institucional, al igual que las denuncias de posibles abusos policiales. El descontento, entretanto, seguirá poniendo a prueba la capacidad del Estado para ofrecer resultados sin agravar sus desequilibrios.
En 2018, Macron disponía de tiempo, mayoría parlamentaria y margen para financiar concesiones. Ocho años después, Francia conserva sus demandas, pero acumula más deuda y menos respuestas.
Las vidrieras de los Champs-Élysées fueron reparadas rápidamente. Los problemas que alimentaron aquellas protestas siguen abiertos y el próximo presidente los encontrará con menos margen de maniobra.
Lectura rápida
¿Qué evento se está cubriendo? Se están cubriendo las protestas en Francia, que comenzaron en los liceos por falta de profesores e instalaciones deterioradas y que han escalado a marchas en distintas ciudades.
¿Quién es el presidente actual de Francia? El presidente actual de Francia es Macron, quien enfrenta protestas y una situación parlamentaria fragmentada.
¿Cuándo comenzaron las protestas actuales? Las protestas actuales comenzaron en septiembre en liceos de los suburbios del norte de París.
¿Dónde se realizaron las marchas? Las marchas se realizaron en distintas ciudades de Francia, algunas pacíficas y otras con enfrentamientos y destrozos.
¿Por qué hay descontento en Francia? El descontento en Francia se debe a la inflación, el costo de vida, la presión fiscal y la falta de respuestas del gobierno ante las demandas sociales.





