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Opinión

Negocios Públicos

La gran estafa de la década K

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El Yenga de la corrupción kirchnerista tambalea. Los arrepentidos acaban de sacarle varias piezas claves. Porque ven una reja y tiemblan, como los empresarios. O, como algunos ex funcionarios, porque tienen un facturero lleno de viejas deudas de lealtad que buscan cobrar de golpe.

Cristina peregrina por los tribunales, se escuda tras la línea de defensa de los senadores peronistas y trata de ahuyentar con política el fantasma del derrumbe.

Ya vimos suficientes fotogramas para entender la película. Confesiones, testimonios, denuncias, escuchas, cuadernos, documentos, sugerentes retroexcavadoras y martillos neumáticos a la caza de escondites de dinero.  Hasta imágenes explícitas de montañas y bolsos de billetes termosellados, entre habanos y whisky, en una cueva financiera. Y la desesperación de un viceministro tratando de ocultar un millonario botín ¡en un convento!

Las evidencias desbordan. Hasta el más torpe puede unir los puntos en una línea y dibujar un sistema criminal que operó durante una década, accionado desde el vértice del poder. Los jueces tardaron lo que tardó la política en quebrar la hegemonía K, pero ya no pueden frenar la marea de evidencias.

De Vido, el CEO de la recaudación

Para el ministerio donde anidaba la caja mayor, Néstor eligió jugadores de su propia cantera: Julio De Vido, capitán del equipo, José López, Ricardo Jaime. Todos, pingüinos entrenados en los negocios públicos desde los años 80. Y sumó al ex taxista Roberto Baratta como viceministro y eficaz mano izquierda de Julio, el CEO de la recaudación ilegal.

Navegaron durante 12 años la ruta de cuantiosos retornos generados por sobreprecios en la obra pública y los subsidios al transporte y a la energía.

La productividad de los recaudadores se multiplicó a niveles que no dejan de sorprender. Hasta supieron detectar nuevas oportunidades en las crisis.

Ejemplo 1: Suplieron la falta de gas, provocada por su propia política, con importaciones infladas en precios y en cantidades (es conocida la denuncia sobre un barco gasificador que se pagó y nunca llegó a puerto).

Ejemplo 2: Rentabilizaron sin pudor las necesidades de los más pobres. Los sueños robados desde la Fundación Madres de Plaza de Mayo o desde el Estado paralelo de la Tupac Amaru son emblemáticos.

Construcción de poder económico

Este modelo de sobornos, sobreprecios y pagos indebidos se replicó en otras áreas. Evidencias contrastadas confirman cajas irregulares en las concesiones del juego, la televisión digital, la producción audiovisual, la contratación de publicidad oficial, los subsidios sociales y un extenso etcétera.

Hoy podemos decir que los Kirchner tomaron por asalto el presupuesto e hicieron de cada partida un negocio.

Sobraban recursos para solventar la acción política y el enriquecimiento personal. Pero el objetivo estratégico de Néstor –según lo verbalizan algunos intérpretes de su doctrina– era construir un poder económico de alta densidad. 

Vampirizar al Estado debería servir para aceitar la maquinaria política pero también para tejer una red de empresas, alianzas e inversiones que lavara y multiplicara el dinero ilegal. La idea –según esta hipótesis–  era acumular capital en grande, a la espera de una oportunidad para comenzar a jugar en la liga de las grandes corporaciones.

La cresta del Iceberg Esquenazy en YPF encendió algunos destellos fugaces de tal avaricia estratégica.

Negocios en la Patria Grande

No fue un designio de cabotaje, como pudo haber sugerido cierta fobia a los viajes internacionales que se atribuía al líder pingüino.

Con el comandante Hugo Chávez compartían agenda política e intimidad de negocios. Valijas con dólares, toma de deuda con sobretasas, importaciones de gas de contabilidad dudosa, radicaciones de firmas fundidas en Venezuela, operaciones de salvataje de empresas argentinas. Todo envuelto en un manto de opacidad.

La herencia

Cristina heredó la aspiradora de fondos del mayor presupuesto público de la historia, en valores absolutos y como porcentaje del Producto Interno Bruto.

También fue récord la presión impositiva para sostener semejante niveles de gasto estatal, incluida la enorme tajada que se llevó la corrupción. Los ciudadanos debimos pagar además un costo oculto: el de las oportunidades perdidas por la falta de inversión y el deterioro de competitividad que generaron las malas políticas y la falta de transparencia.

Red de impunidad

La gran estafa económica demandó una red de impunidad que Kirchner tejió con precisión maquiavélica.

Primero desactivó los organismos de control. Un par de ejemplos:

•    La Fiscalía de Investigaciones Administrativas y la Defensoría del Pueblo quedaron acéfalas. 

•    La Unidad de Información Financiera y la Sindicatura General de la Nación fueron cooptadas. La UIF jamás detectó una operación sospechosa ni siquiera en la periferia del poder. El colmo fue la grosería de colocar en la SIGEN a la mujer de Julio De Vido a controlar a su marido, el gerente de la corrupción K.

Néstor avanzó además sobre la Justicia Federal, el fuero que debe investigar y sancionar a los gobernantes corruptos.

Cambió las reglas, hasta el límite de la inconstitucionalidad, para controlar el Consejo de la Magistratura, que selecciona y remueve a los jueces. 

Colonizó los juzgados y fiscalías con militantes removió a los más incómodos y dejó al resto a merced de la coacción. Un brazo subterráneo de operadores y agentes de inteligencia se encargaban de amedrentar con carpetazos, o incluso de “cogotear” , a los díscolos.

Una completa estafa institucional, para asegurar la impunidad de la estafa económica.

Coartada ideológica

“Para Kirchner la política y el dinero eran las dos caras del poder. Una no se sostenía sin la otra, según su concepción”, lo definió días atrás su ex amigo Julio Bárbaro.

Semejante ingeniería de negocios ilegales reclamaba un sostén político. El tardío acercamiento a la causa de los derechos humanos y cierto barniz progresista en el relato le proporcionaron la coartada ideológica. 

El agua bendita de los “organismos” santificó al régimen y la cooptación de artistas e intelectuales –al más puro estilo del viejo Alejandro Apold– le ofrendó el triunfo en la “batalla cultural”. 

La gran estafa política de Néstor y Cristina.

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