Había que ver como esperaban los hinchas de Quilmes, que les abrieran las puertas para irse de su cancha después de la victoria ante Boca.
Tal vez espere usted que les diga que saltaban y cantaban enloquecidos por la vuelta a primera, y por haber goleado a semejante rival en la fecha inicial.
No. Para nada. En silencio y mascando tal vez la bronca por la humedad y el frío aguantaron hasta que la policía hubiera evacuado a los xeneizes y se diera la orden de poder volver a casa.
Ese silencio, esa mansedumbre, me hacía pensar mientras llegaban las voces desde los vestuarios, que Quilmes estaba feliz pero a la vez muy seguro que el camino a recorrer será mucho más duro que el que transitó frente a Boca.
Boca llegó y se fue de el estadio Centenario con el cuerpo y el alma lleno de heridas.
Y cuando uno dice el cuerpo parte del concepto del cansancio y la falta de entrenamiento que motivaron la impresentable gira por Venezuela. E inmediatamente desecho esa circunstancia como atenuante a la mala actuación de los de Falcioni.
Pero cuando pienso en el alma,creo que Boca viene cubierto de vendas que le fueron tapando los agujeros del corazón desde hace tiempo y hasta el instante en que dejó de ganar lo que iba a ganar.
Boca llegó a Quilmes sin Riquelme. Y la salida de Román (que uno no sabe si será temporaria o definitiva) estuvo plagada de hipocresías y vanidades preexistentes que salieron a la luz cuando el campeonato Clausura dijo adiós y la Libertadores se fue con los brasileños.
Boca apareció al ruedo del Torneo Inicial con un arquero que llevaba mas de un año sin jugar y que todavía tenía la birome en mano de la firma del contrato. Boca no perdió por Ustari, pero en un momento lógico de cualquier equipo no hubiera debutado todavía.
Boca paró jugadores que en muchas oportunidades ganaron puntos sin Román y que ofrecieron una disciplina táctica interesante. Nada de ello sucedió en tierra cervecera.
Silva se hizo echar, y Clemente y Schiavi jugaron como para la despedida prematura entre otras cosas.
Esta semana habrá final de Copa Argentina. El alma de Boca se pondrá otra venda si la gana ó se sacará la última que le cubría las heridas si la pierde.
Para la dirigencia sería un papelón echar al técnico para que vuelva Riquelme, por ejemplo. En Angelici y compañía ya debe rondar un nombre que ante la necesidad de hacerle valija a Julio César pueda desviar la atención de las novelas que deberían ya acabarse.
Y Boca precisa empezar de nuevo, aunque duela el final de la historia.
Y a veces que pierdan los dos protagonistas de una historia hartante es bueno para los que quedan participando.