De la mano de "Luifa", Argentina venció a Brasil y se metió entre las ocho mejores selecciones del mundo en Turquía.
En un partido cerrado con dos defensas que se fueron ajustando luego de un primer cuarto de alto goleo, los chicos del "Oveja" Hernández tuvieron el as de espadas en el bombardero de Houston Rockets. Sí, la gran diferencia estuvo ahí en los 37 puntos del ala pivot argentino.
Su inteligencia, su garra, su fuerza y su solidaridad deportiva le dieron al equipo un valor agregado que no pudo empardar Brasil ni con la contundencia de Huertas, que también tuvo una buena noche.
Scola no fue lo único, pero sí lo más importante. No en vano para muchos especialistas ya es el hombre más valioso del mundial amén de lo que ocurra mañana ante Lituania.
Brasil puso en aprietos a La Argentina en gran parte del partido con su tiro perimetral, pero en el básquet las cosas se definen bajo las tablas. Por eso el aporte de Fabricio Oberto, aunque haya sido de pocos minutos, también fue necesario.
Las variantes ofensivas de nuestro equipo rompieron con la clásica defensa de Rubén Magnano (técnico cordobés de Brasil). El propio Luis Alberto Scola reconoció que para ganar hace falta el "goleo de los otros" y en ese contexto se hicieron vitales los 20 puntos de Carlos Delfino y los 15 de "Pancho" Hasen.
Tampoco se pueden despreciar los dos triples de Leo Gutiérrez que, cada vez que entra, aporta lo suyo a pesar de su cara inexpresiva. Todo suma, hasta la pegajosa y molesta marca de "Junior" Cequeira y el peso de Román González. Sobre todo si Pablo Pigione se toma un respiro.
La llave es dura y ahora viene Lituania que es una de las mejores selecciones del mundo y si tenemos suerte vendrá Estados Unidos, que sin sus mayores figuras se hace "menos invencible" y si Dios y Luifa Scola quieren llegaremos a la final. Ja ja, déjenme soñar un poquito y sueñen conmigo que en una de esas...
Por ahora con Scola no se notan tanto las ausencias de Emanuel Ginóbili y del "Chapu" Nocioni. Lo que está claro es que somos potencia en el básquet, quien lo diría. Desde aquel subcampeonato en Indianápolis hasta la medalla dorada en los Juegos Olímpicos no paramos más. Lo inició Magnano y lo continúa Sergio Hernández.
Que no decaiga, que siga así, hasta lo más alto del podio, hasta la vuelta olímpica. Amén.