Irina Flehr crimen arquitecto Córdoba
Avanza la investigación por el crimen del arquitecto Reynaldo Flehr.
La casa donde mataron al arquitecto.

Homicidio en Córdoba

Cómo fue la ejecución del arquitecto Flehr

11/03/2022 | 10:01 | A la hija le negaron la prisión domiciliaria. La beba podría ir a la cárcel con ella. Hoy comienzan las indagatorias.

Juan Federico

La acusación por el asesinato del arquitecto Reynaldo Flehr (61) plantea una historia criminal inédita en Córdoba: Irina Flehr (20), la hija, se enfrenta a ser la mujer cordobesa más joven en recibir una condena de prisión perpetua.

El caso recién está dando sus primeros pasos, pero los detalles a los que ha accedido Cadena 3 generan estupor.

El pasado 29 de diciembre, el cadáver del arquitecto fue encontrado en el interior de su vivienda ubicada en la avenida La Voz del Interior, cerca del aeropuerto de la ciudad de Córdoba.

La noche anterior, el hombre había sido maniatado en una silla y ejecutado de dos balazos en la cabeza.

El 9 de febrero último, con los datos reunidos por los sabuesos de la división Homicidios, la fiscal Claudia Palacios decidió imputar y detener a cinco jóvenes: Irina y su pareja Leonardo Moscarello (26) fueron acusados como partícipes necesarios del homicidio; Samuel Moscarello (24, hermano de Leonardo), David Silvestre (23) y David Suárez (24) quedaron señalados como los supuestos autores materiales del crimen.

Como la hipótesis se enmarca en un caso de violencia familiar, la fiscal Palacios terminó por apartarse y todo quedó en poder del fiscal Cristian Griffi.

A partir de este viernes, los cinco detenidos comenzarán a ser llamados para ser sometidos a las respectivas indagatorias. Conocerán de primera mano de qué se los acusa, con qué pruebas y podrán contar cada uno su coartada, si es que así lo deciden junto a sus abogados.

En ese sentido, las fuentes consultadas aseguran que los varones se quedarán callados por ahora. Pero que es posible que Irina pida la palabra. La joven ya habló ante los policías cuando fue detenida. Y dijo mucho: reconoció la relación de su pareja con el resto de los involucrados y de inmediato intentó desligarse de ellos. Cuando se reunían, dijo, la mandaban a dormir con la beba de 1 año que tiene.

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Hace pocos días, el fiscal le rechazó a Irina la posibilidad de una prisión domiciliaria. La joven había pedido este beneficio para cuidar a la beba, hoy junto a la familia paterna. Griffi entendió que Irina puede ser peligrosa si deja el penal de Bouwer. Y dejó abierta la posibilidad de que la beba termine con ella en la cárcel, si es que así lo solicita la madre. Ahora, la jueza de Control Cristina Giordano analiza si ratifica o revoca la decisión del fiscal.

Pero en la causa ya hay testimonios que ponen en jaque el supuesto rol pasivo que Irina intenta demostrar en toda esta historia. 

Que Irina y Reynaldo tenían una pésima relación, ya fue confirmado.

El hombre enviudó hace ocho años. Su esposa Verónica había heredado siete inmuebles, que tiempo después pasaron a convertirse en el centro de una disputa tremenda entre padre e hija. "Irina le reclamaba que esos inmuebles eran de ella", confió un allegado a la familia.

Se trata de siete domicilios, entre galpones, viviendas, negocios y terrenos desparramados entre la zona de barrio Los Boulevares, de la ciudad de Córdoba y Río Ceballos. El total de las propiedades tiene una valuación fiscal de 52 millones de pesos. En valor de mercado, la cifra se multiplica varias veces.

Irina, exalumna del colegio La Salle y de otros establecimientos educativos (fue expulsada por mala conducta de uno de ellos), hace un tiempo que estaba en pareja con Leonardo, un joven de la zona de barrio Patricios, en el noreste capitalino. Los familiares aseguran que ambos habrían intentado un tratamiento de rehabilitación al consumo de drogas.

Desde hacía más de un año, vivían juntos en una casa de avenida La Voz del Interior, en la mano que conduce al Centro de la ciudad de Córdoba, casi al frente de la bifurcación con la avenida Japón. Allí, convivieron un tiempo con Reynaldo, a quien finalmente echaron de la vivienda.

El hombre contó a sus familiares que un día se topó con que Irina le había cambiado las cerraduras de la casa. Y que luego, cuando reclamó que por favor le devolvieran sus ropas, se las dieron en una bolsa orinada, según relataron testigos.

Entre los elementos que forjaron esa mala relación, se destaca que uno de los principales puntos de discusión fue la insistencia de Irina para que su padre le diera el control total de las siete propiedades que habían heredado tras la muerte de la madre. Reynaldo al comienzo resistió, aunque luego comenzaron a avanzar en un acuerdo.

Pese a que todos los alquileres se manejaban a través de inmobiliarias, los testigos aseguran que Irina se mostraba por cobrar antes de los plazos la parte que a ella le correspondía. Que iba a ver a los inquilinos de manera personal o que insistía ante la inmobiliaria para apurar esas mensualidades. 

De manera paralela, padre e hija fueron avanzando en un acuerdo judicial para repartirse de manera formal la posesión de estas propiedades. 

Tras la muerte del arquitecto, en plena feria de enero, Irina intentó avanzar en una declaración de herederos.

Por eso, se habla de la codicia como un supuesto móvil criminal detrás de toda esta historia.

Pero aquellos que siguen más de cerca el expediente no dejan de subrayar el "odio". Una relación conflictiva que iba más allá de la disputa económica.

Cuando lo echaron de su casa, Reynaldo se mudó a otro chalet de su propiedad, casi al frente, en la misma avenida La Voz del Interior.

Allí lo asesinaron el martes 28 de diciembre a la noche. Reynaldo llegó solo a su casa arriba de su auto Honda. Se bajó, abrió el portón, estacionó y regresó a cerrarlo. Luego, caminó para ingresar a su domicilio. No tuvo tiempo ni para bajar la bolsa con carne que acababa de comprar.

La investigación sostiene que los asesinos lo estaban esperando en la oscuridad. No está claro si en los fondos de la casa, que da a un callejón o adentro. Ninguna abertura había sido forzada, pero no se descarta que hubieran tenido alguna llave. 

Lo maniataron en una silla, dentro de su habitación. Con precintos lo ataron de pies y manos. Primero, le apoyaron el caño del arma en la cabeza y le dispararon. Ya en el suelo, lo remataron de un segundo balazo que le ingresó por el cuello.

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A simple vista, los asesinos no revolvieron ni robaron nada. Al menos que hayan obtenido alguna suma de dinero que sólo el arquitecto conocía. 

Un dato llamó mucho la atención a los investigadores: le cortaron uno de los precintos que sujetaba su mano izquierda a la silla.

Ocho cámaras

En la causa hay una serie de pruebas tecnológicas que compromete a los acusados.

La noche anterior del crimen, los cinco estuvieron reunidos en la casa de Irina, según los registros de las antenas de telefonía celular.

Y el martes 28, los policías lograron reconstruir el recorrido de un Ford Ka negro en el que se presume que se movilizaron los asesinos. 

Un viaje fragmentado a través de los registros de ocho cámaras de seguridad. El auto que llega hasta el fondo de la vivienda de Flehr, dos personas que se bajan y el conductor que se va a esperar a una estación de servicios cercana. Intercambios de mensajes que se cortan de manera abrupta justo a la hora en la que el arquitecto ingresó en su casa. Comunicación que volvió a ser intensa casi una hora después. El auto que arranca de nuevo, llega al callejón y se va rápido de allí.

Y otra vez las antenas de celular que toma a esos tres sospechosos, el cuñado de Irina y sus dos amigos, en la misma zona donde se produjo el crimen.

En ese sentido, la acusación sostiene que tanto la joven como su pareja no habrían estado en el chalet de Flehr al momento de la ejecución. Pero la fiscalía entiende que ambos estaban al tanto de que lo iban a matar. 

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