Javier Milei en Expoagro. (Foto: NA)

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El amor del campo por Milei: hoy, una ilusión

06/03/2024 | 14:11

 

Redacción Cadena 3

Adrián Simioni

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El amor del campo por Milei: hoy, una ilusión

No es sencillo entender por qué Javier Milei fue el martes el presidente más ovacionado, aplaudido, aclamado en la ya larga historia de la Expoagro

¿Por qué hay un romance entre el campo y Milei, que además ni siquiera parece correspondido, sino completamente unilateral? Milei debe haber sido el primer sorprendido.

La verdad, no se ven motivos. Milei elogió la potencia productiva del agro, pero nunca fue particularmente un “hincha” del campo. Milei es un bicho de ciudad más de la Argentina, típico exponente de una sociedad urbana que en su abrumadora mayoría ignora por completo si el trigo es un cultivo de invierno o de verano o qué es la soja de segunda, aunque esas sean las claves de su alimentación subsidiada y lo que permite comprar los celulares y los autos que usan. Nada que ver con Macri, que es un campista a ultranza. El campo no está en el radar de Milei.

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Milei raramente se ha referido en sus discursos al campo en concreto. No ha elogiado a referentes del agro, a los que parece desconocer. Ni siquiera se molestó por tener un referente político en algunas de las capitales nacionales del agro, como Marcos Juárez, Rafaela, Villa Mercedes, Pergamino, Rojas o Río Cuarto, por decir algo. En Agricultura armó un equipo de técnicos, no a gente de la producción.

Y ni su plataforma ni sus medidas concretas han tenido ni una sola zanahoria para el agro. La devaluación inicial de su gobierno benefició al agro, pero no la hizo por el agro sino porque era inevitable y más cantada que "El día que me quieras". 

Es más: mandó una ley ómnibus con un aumento de retenciones para un montón de economías regionales que casi le da un síncope al campo y de la que zafaron gracias a gobernadores como Llaryora, Cornejo o Pullaro. No gracias a Milei.

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Es más: Milei subió y extendió el impuesto País, lo que encareció los insumos del agro (desde agroquímicos hasta tractores). O sea: además de retenciones, el campo tiene con Milei un dólar más barato al cobrar el maíz que exporta y un dólar más caro al pagar la pick up.

Y encima el futuro no luce muy muy bien. El dólar planchado y la inflación galopante en pesos le ha venido restando competitividad al campo, encima justo cuando caen los precios internacionales. Y la perspectiva de una salida del cepo y el fin del control de cambios parecería enfilar a una era de dólar barato y país caro.

Parecido a la convertibilidad, cuando los márgenes del campo eran muy estrechos. Pero ahora encima con retenciones, algo que en la convertibilidad no existía. Si llegamos a ir a un horizonte de dólar relativamente barato, el agro no va a reclamar sino que va a necesitar que le bajen retenciones. Y Milei y Caputo ni siquiera han hablado del tema por ahora.

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¿Por qué, entonces, el campo está enamorado de Milei? Tal vez sea por el objetivo declarado número uno de Milei: ajustarle las tuercas a la casta estatal que pasta cómodamente en las ciudades de los impuestos y los bienes baratos que produce el campo y que el Estado le esquilma. 

Cada ñoqui que Milei promete echar del Estado vale un bidón de glifosato para el agro. La gente del interior sabe que allí está la clave para que alguna vez ellos puedan dejar de mantener burocracias inútiles y el asfalto pueda llegar aunque sea a 10 kilómetros de su chacra. Es la teoría general, es esa ilusión y tal vez el estilo de Milei lo que seduce al campo, que por ahora no le ha pedido absolutamente nada al Presidente a cambio de casi llevarlo en andas en Expoagro.

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