Sosa, Burián, Arias y Andrada, cuatro arqueros por un sueño: ¿quién es mejor?

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Sosa, Burián, Arias o Andrada: ¿quién es mejor?

23/05/2021 | 14:03 | Los arqueros de Independiente, Colón, Racing y Boca fueron claves para que sus equipos avancen a semifinales de la Copa de la Liga. Repasá sus historias.

Raúl Monti

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Sosa, Burián, Arias y Andrada, cuatro arqueros por un sueño: ¿quién es mejor?

Los cuartos de final de la Copa de la Liga Profesional tuvieron un canto homogéneo: todos los cruces se resolvieron por penales. La definición de cada uno de los partidos exhibió dos realidades: por un lado, un alto grado de emoción; por el otro, la sensación de que el torneo está para cualquiera.

En este contexto, aparecieron las figuras claves de los arqueros. Sebastián Sosa, en Independiente; Leonardo Burián, en Colón; Gabriel Arias, en Racing, y Agustín Rossi, en Boca, se convirtieron en héroes.

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Antes de cada penal en la definición frente a Estudiantes, Sebastián Sosa no paraba de saltar, de hablar y de mover los brazos sobre la línea de cal. Aunque su intención era distraer al pateador, admitió en más de una oportunidad que esa intensidad lo acompaña las 24 horas del día, desde que tiene memoria.

Cuando era chico, sufría como loco cada vez que su amado Peñarol ingresaba al campo de juego. Sebastián seguía todos los partidos por una vieja radio que había en su casa en Montevideo, y el resultado de los encuentros determinaba su humor por el resto de la semana. En paralelo a su fanatismo por el “Manya”, se fue enamorando de la radio, y era común encontrarlo encerrado en el baño, relatando partidos imaginarios frente al espejo.

No tuvo que esperar mucho para que todas esas “increíbles atajadas de Sebastián Sosa” que inventaba en sus relatos se hicieran realidad. Debutó en Peñarol en 2006, con 20 años, e inició un exitoso camino como profesional, siendo campeón en Uruguay, Boca y Vélez.

Llegó al “Xeneize” en 2011 tras ser subcampeón de la Libertadores con Peñarol, pero no le dieron muchas oportunidades para ganarse el puesto y Sosa tuvo que conformarse con la Copa Argentina. No era lo que quería, pero dejó el alma en cada ronda y fue importante para que el equipo se quedara con el trofeo en la final ante Racing.

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Sebastián tenía arreglada de palabra su continuidad en Boca, pero cambió de idea tras la dura derrota en la final de la Libertadores contra Corinthians, donde entró a los 32 minutos por una lesión de Orión.

Tras esa amargura, firmó contrato con Vélez dos semanas más tarde. La desprolijidad de su salida no le salió gratis, ya que Ricardo Gareca, técnico del “Fortín”, sentía que ponerlo en la cancha era una traición contra Falcioni.

Cuando Gareca aflojó con su postura y Sosa volvió a ponerse los guantes, todas las alegrías le llegaron de golpe: consiguió tres títulos en tres años en Vélez, y dejó un grato recuerdo en Liniers.

Luego de consagrarse con la “V” azulada en el pecho, Sosa continuó su carrera en el fútbol mexicano, en Pachuca y Monarcas Morelia. Más allá de una temporada a préstamo en Rosario Central, el uruguayo había salido del radar de los futboleros argentinos, hasta que recibió el llamado del “Rojo”.

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Sosa volvió al país con una apariencia radicalmente distinta a la que se recordaba de él: completamente pelado, casi sin cejas y con un imponente tatuaje de un león en la parte posterior de su cabeza. Sebastián minimizó el enorme dibujo en su piel, asegurando que era simplemente “un cambio de peinado”. Por algo dicen que todos los arqueros están un poco locos…

El uruguayo se encargó de dejar su imagen en un segundo plano desde el momento en el que saltó a la cancha. En un período complejo para el club, el arquero surgió como la gran estrella de Independiente desde la reanudación del fútbol en el país. Al final, Sebastián Sosa tuvo razón al elegir el tatuaje de su cabeza: el “1” es un verdadero león en el arco de Independiente.

Del otro lado aparece otro uruguayo al que, como el vino, se lo ve cada vez mejor con el paso del tiempo. Con 37 años en el lomo, Leonardo Burián defiende desde hace casi 3 los colores rojo y negro, con los que tuvo más de una noche consagratoria.

Burián nació en la ciudad de Melo, en la frontera con Brasil. Creció en el seno de una familia numerosa, en la que es el más chico de cinco hermanos, rodeado de un ambiente unido y trabajador.

Sus inicios en el fútbol fueron en la vereda del frente de Sosa: “Cachorro” está identificado con Nacional, el otro grande uruguayo.

En “El Bolso” le costó al principio alcanzar la titularidad, pero luego pudo consolidarse, obteniendo varios títulos locales con el conjunto montevideano.

Tras el arribo del experimentado Gustavo Munúa perdió minutos, por lo que fue cedido dos veces: primero a Juventud Las Piedras, al que ayudó a salvarse del descenso, y después a Deportes Tolima de Colombia, con el que logró dar una vuelta olímpica.

Su periplo siguió por Montevideo Wanderers de su país, con el que jugó las Copas Libertadores y Sudamericana, y Jaguares de Chiapas de México, antes de tener su primer desafío en Argentina. 

Godoy Cruz le abrió los brazos y en Mendoza comenzó a repuntar nuevamente su carrera. Con Dabove de técnico, “El Tomba” hizo una campaña memorable y fue subcampeón de Boca en la temporada 2017/2018.

Después de ese torneo fue transferido a Colón. En Santa Fe viviría días muy felices en lo deportivo, aunque sufrió una terrible tragedia familiar: uno de sus hermanos murió tras sufrir un accidente automovilístico.

William Burián falleció el 5 de agosto de 2019. Un mes y medio después, en la semifinal de la Copa Sudamericana frente a Atlético Mineiro en Brasil, “Leo” se agigantó en la definición por penales y fue el héroe de su equipo para avanzar a la final. Su festejo posterior envuelto en lágrimas con “El Pulga” Rodríguez conmovió a todos.

El 9 de noviembre de ese año fue partícipe de un momento histórico para Colón: la final de la Copa Sudamericana ante Independiente del Valle. La montaña de ilusión, sin embargo, se desmoronó como un jenga tras la dura caída en Paraguay.

El presente, a pesar de ello, le depara una nueva chance al “Sabalero” y a su arquero: ya en semis de la Copa de la Liga, están a solo dos partidos de alcanzar la gloria por primera vez en la máxima categoría con Colón, el último bastión del interior.

Racing tiene en Gabriel Arias una garantía de confianza bajo los tres palos. El neuquino, nacionalizado chileno, fue a Buenos Aires de adolescente para comenzar a apuntalar su carrera en las inferiores de Independiente y después en Olimpo de Bahía Blanca, donde firmó su primer contrato profesional y jugó un puñado de partidos.

Años más tarde, se mudó a Florencio Varela. Un ex compañero le dijo que Defensa y Justicia buscaba arquero, así que armó un compilado de atajadas y una especie de currículum y los envió. “El Halcón” fue el club en el que comenzó a cambiar su carrera y a volar alto.

Tras su fructífero paso por Defensa, emigró a Unión La Calera de Chile. Sus abuelos maternos nacieron en el país trasandino, por lo que se nacionalizó y le llegó la oportunidad de defender los colores de ese seleccionado.

En medio de un nivel ascendente, Racing puso los ojos en él y comenzó su romance celeste y blanco. Su punto más alto llegó en marzo de 2019, cuando “La Academia” dio la vuelta olímpica en el torneo local, con el arquero como uno de los bastiones.

Sobre el final de ese año, alzó el Trofeo de Campeones en la final ante Tigre. Su seguridad bajo los tres palos lo llevó a meterse dentro de los puestos históricos de imbatibilidad del club de Avellaneda. Hoy, es una de las figuras de un renacido Racing que sueña con el corazón colgado en sus manos.

En Boca, el héroe en los penales ante River fue Agustín Rossi, aunque el arco azul y oro tiene, desde hace un tiempo, nombre y apellido: Esteban Maximiliano Andrada.

Esteban dejó Mendoza a los 16 años buscando una oportunidad. En su casa la cosa estaba complicada: con el inesperado fallecimiento de su papá, se había visto obligado a cambiar la pelota por el trabajo en los viñedos. Era la única manera de que pudiera colaborar con los gastos del hogar. En el medio de esta situación apremiante, apareció una prueba en Lanús y una esperanza.

Su buen rendimiento en “El Granate” lo catapultó a las selecciones juveniles y generó el interés de varios equipos. Increíblemente, “el Barsa” llegó a ofertar casi 5 millones de euros por su pase, a pesar de que ni siquiera había debutado en primera, pero, aconsejado por su familia, decidió quedarse en Lanús.

Tras unos años sin jugar, optó por irse y probar suerte en Arsenal de Sarandí, pero su click se dio en su regreso a Lanús. A finales del 2016, Almirón le dio una chance, no la desaprovechó y en 2017 festejó la obtención de la Supercopa Argentina con una imborrable goleada a River.

Ya consolidado en Lanús, y habiendo sido parte de la epopeya de eliminar a River en semifinales de la Libertadores, las ofertas se multiplicaron, y recaló en Boca.

Desafortunadamente, una lesión en la mandíbula en un partido contra el Cruzeiro lo dejó varias semanas fuera de las canchas. Volvió justo a tiempo para los momentos definitorios de la Copa Libertadores. Y a pesar de que Rossi atajó en un gran nivel en la primera final contra River, Andrada fue el elegido para la revancha.

Ese día, Esteban perdió su segunda oportunidad de levantar la Libertadores. Lejos de desanimarse, logró consolidarse en el arco Xeneize y eso le valió el llamado de Scaloni para la Selección Argentina.

Sosa, Burián, Arias y Andrada. Independiente, Colón, Racing y Boca. ¿Qué arquero es el mejor? ¿Cuál equipo es el candidato al título? ¿Qué manos levantarán la copa? Las preguntas se disparan mientras la definición aún no tiene fecha, pero los protagonistas saben que tienen bajo los tres palos a cuatro guardianes atajando por un sueño.

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