Ciencia
10/06/2026 | 20:37
Redacción Cadena 3
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Tamara Rubilar, la bióloga que descubrió el tratamiento de su hijo en el mar
Tamara, usted es bióloga, investigadora del Conicet y estudia los erizos de mar en Puerto Madryn. ¿Cómo llegó a enfocarse en este grupo de animales y en qué momento surgió el vínculo con la salud de su hijo?
Nosotros trabajábamos originalmente con el grupo de los equinodermos, que incluye estrellas, erizos, pepinos y lirios de mar, repartiendo la tarea entre un laboratorio de biología y otro de química orgánica.
Sin embargo, la vida me puso a prueba cuando mi segundo hijo nació con una enfermedad autoinmune poco frecuente y con consecuencias graves para su salud.
Sin buscarlo, descubrimos que los mismos erizos que investigábamos poseían unas moléculas llamadas espinocromas que ayudaron a mejorar su condición.
A partir de allí, la investigación viró hacia cómo generar estas moléculas de forma sostenible para que sirvieran a mucha más gente, lo que terminó derivando en la creación de una empresa de base tecnológica.
Usted es bióloga y buza certificada. ¿Cómo es el trabajo de campo para recolectar estos ejemplares en una ciudad tan conectada al mar como Puerto Madryn?
Es una actividad que hacíamos nosotros mismos; de hecho, me certifiqué como buza cuando era estudiante y junto a mi marido, que también es biólogo, íbamos a buscar las estrellas y los erizos como parte de nuestra rutina diaria.
Puerto Madryn es la capital nacional del buceo, por lo que no es algo raro sumergirse para traer las muestras al laboratorio y realizar todo el proceso de punta a punta.
En el ámbito de la biología, suele ocurrir que los ejemplares de estudio son sacrificados. ¿Cómo abordaron ustedes el tema del bienestar animal en sus investigaciones?
Generalmente, los biólogos realizamos lo que se llama sacrificio animal para poder extraer órganos y estudiar sus moléculas, pero hace aproximadamente una década empezamos a cuestionarnos el sufrimiento de estos animales.
Junto al doctor Augusto Crespi, desarrollamos protocolos de bienestar animal y de eutanasia para mejorar las prácticas tanto en la ciencia como en la acuicultura.
Establecimos un marco de trabajo basado en las "5 R" para que, aun cuando sea necesario el sacrificio, se haga con consideraciones específicas sobre el número de animales, el nivel de sufrimiento y la necesidad real del procedimiento.
Volviendo al tratamiento para su hijo, ¿cómo logró conectar el conocimiento científico de frontera con la posibilidad de una mejora médica concreta?
Realicé una investigación muy profunda en una época donde no era tan fácil obtener archivos digitales y había que acudir a las bibliotecas.
Buscaba información sobre cómo modular el sistema inmunológico a través de antioxidantes y bajar la inflamación intestinal, algo que en ese momento solo se discutía a nivel de experimentación con ratones.
Un colega brasileño me envió un artículo que mencionaba una molécula que cumplía ambas funciones, pero el detalle era que el texto estaba en ruso.
Como mi familia es de ese origen, mi mamá pudo leerme el trabajo y allí comprendí que la molécula provenía justamente del erizo de mar.
¿Cómo fue el contacto con los investigadores originales de ese trabajo y cómo validaron que la molécula en los erizos argentinos era la misma?
Les escribí y ellos, que estaban en Siberia, me respondieron con mucha alegría.
Me contaron que llevaban 30 años estudiando esa molécula y que ya existían fármacos basados en ella en Rusia.
Me enviaron un protocolo, yo preparé un extracto en polvo de nuestros erizos y lo mandé por correo a Siberia.
Ellos lo analizaron y me confirmaron que efectivamente se trataba de la misma molécula.
Con esa confirmación, ¿cómo fue la transición de la teoría a la aplicación práctica en su propia familia?
Al saber que la molécula era segura y que en muchos países los erizos se consumen habitualmente, decidí apostar al conocimiento.
Primero preparé un extracto casero que probó mi marido, luego yo y finalmente se lo dimos al nene.
Al año de tratamiento, logramos eliminar los corticoides de su esquema médico.
Fue entonces cuando mi marido me planteó que esto no podía quedar solo para nosotros y, al ingresar yo a la carrera de investigador, pude elegir mi propia línea de trabajo para desarrollar esta biotecnología a mayor escala.
Ustedes desarrollaron un método innovador que evita la matanza masiva de erizos, a diferencia del sistema que utilizan en Rusia. ¿En qué consiste esa diferencia?
Los rusos pescan y matan a los erizos para obtener las moléculas, pero a nosotros no nos gustaba ese enfoque por una cuestión de bioética.
Desarrollamos una tecnología acuícola que nos permite mantener vivos a los animales y recoger solamente las huevas.
Logramos que los erizos acumulen 500 veces más moléculas en nuestro sistema que en el mar, lo que hace que con solo mil ejemplares vivos cada dos meses alcancemos la misma producción que los rusos obtienen matando a más de un millón de erizos.
¿Cuál es la realidad actual de Promarine Antioxidants y quiénes están consumiendo hoy este desarrollo?
No lo lanzamos como un fármaco, sino como un suplemento dietario que cuenta con certificaciones aprobadas en Estados Unidos desde hace más de un año.
Lo comercializamos de forma libre en nuestra tienda online y en farmacias, e incluso exportamos.
Un hito importante es que el producto fue testeado por la AFA y ahora lo empiezan a consumir futbolistas profesionales para mejorar su rendimiento deportivo.
Ante los debates actuales sobre el financiamiento público a la ciencia, ¿cuál es su reflexión sobre la importancia de la investigación básica?
Estoy convencida de que la ciencia no da respuestas a gestiones políticas inmediatas, sino a la sociedad a lo largo del tiempo.
Cuando empecé a investigar qué comía un erizo de mar, jamás imaginé que terminaría impactando en la salud de las personas; eso demuestra que la ciencia básica es fundamental para llegar a soluciones aplicadas.
Cualquier país que quiera desarrollarse debe invertir en todas las áreas de la ciencia, incluidas las sociales y filosóficas, porque todas terminan teniendo un efecto real y tangible.
Para finalizar, ¿podría hacernos una recomendación cultural que la haya marcado?
Mi libro preferido de todos los tiempos es "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez. Lo leí a los 12 años y suelo releerlo cada cinco años, porque es una obra fantástica que siempre despierta mi imaginación y me permite encontrar facetas nuevas.
Entrevista de Sergio Suppo.
¿Quién es Tamara?
Es bióloga, investigadora del Conicet y estudia los erizos de mar en Puerto Madryn.
¿Qué descubrió sobre los erizos de mar?
Poseen moléculas llamadas espinocromas que ayudaron a mejorar la salud de su hijo.
¿Cómo recolectan los erizos en Puerto Madryn?
Se sumergen en el mar, ya que Puerto Madryn es la capital nacional del buceo.
¿Qué método innovador desarrollaron?
Una tecnología acuícola que permite mantener vivos a los erizos y recoger solo las huevas.
¿Cuál es la situación actual de Promarine Antioxidants?
Se comercializa como un suplemento dietario y lo consumen futbolistas profesionales para mejorar su rendimiento.
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