Las elecciones se aproximan y la política define nombres y formas.

Cuadro de situación

Tiempos de definiciones fundamentales

19/10/2026 | 07:15

 

Redacción Cadena 3 Rosario

Sergio Berensztein

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Tiempos de definiciones fundamentales

Estamos entrando en semanas decisivas para entender cómo se va a ordenar la política argentina de cara a 2027. El peronismo tiene que resolver quién será su candidato, el Gobierno busca modificar las reglas electorales y la economía sigue acumulando tensiones que pueden condicionar el humor social. Todo esto ocurre, además, en un escenario internacional incierto. Por eso, creo que sería un error mirar cada discusión por separado: las decisiones económicas, las negociaciones políticas y las internas de los partidos están cada vez más conectadas.

Empecemos por la economía. La inflación mayorista de septiembre superó el 3%, y eso plantea interrogantes sobre la evolución de los precios minoristas durante octubre. Todavía es temprano para anticipar el resultado definitivo, pero hay factores que pueden complicar el proceso de desinflación. El petróleo, los alimentos y los aumentos de los servicios públicos siguen ejerciendo presión. La reducción de los subsidios era necesaria porque el esquema anterior resultaba fiscalmente insostenible, pero el ajuste gradual implica que las tarifas continúen acomodándose y mantengan un piso de inflación.

El Gobierno enfrenta, entonces, un dilema complejo. Quiere sostener un tipo de cambio que contribuya a moderar los precios, pero esa estrategia también genera dificultades para los sectores que deben competir con productos y servicios del exterior. El atraso cambiario se convirtió en una preocupación para distintas actividades económicas y empieza a reflejarse en situaciones cotidianas que parecen insólitas. Cuando determinados servicios resultan más caros en Buenos Aires que en capitales de economías desarrolladas, queda expuesto un problema de costos y competitividad que no puede resolverse únicamente con estabilidad cambiaria.

A esto se suma un contexto internacional que exige prudencia. La evolución de las tasas de interés en Estados Unidos, los precios de la energía y las tensiones geopolíticas pueden modificar las condiciones financieras para la Argentina. Una eventual estabilidad de las tasas de la Reserva Federal sería una noticia favorable, pero no alcanza para despejar las incertidumbres locales. El Gobierno necesita evitar que un movimiento brusco del dólar reactive la inflación, aunque sostener esa estrategia durante demasiado tiempo también puede perjudicar a sectores que necesitan recuperar competitividad y actividad.

En paralelo, la política empieza a ordenar sus piezas para 2027. Axel Kicillof ya dejó en claro que pretende construir una alternativa nacional, mientras Sergio Massa sigue siendo un actor con aspiraciones y Máximo Kirchner busca preservar la influencia del kirchnerismo. El problema es que el peronismo todavía no encontró un mecanismo confiable para resolver sus diferencias. La discusión sobre las PASO no es un detalle técnico: puede definir si el espacio consigue organizar una competencia interna o si llega a las elecciones con varias candidaturas enfrentadas.

Lo llamativo es que una fuerza con tanta historia electoral y territorial tenga dificultades para acordar un procedimiento que permita elegir a su candidato. En el pasado, el peronismo logró resolver disputas internas mediante mecanismos menos sofisticados que los disponibles hoy. Ahora, sin embargo, la desconfianza entre sus dirigentes es tan profunda que ni siquiera parece sencillo acordar una auditoría independiente o un sistema transparente para organizar una interna. La tecnología podría facilitar esos procesos, pero ninguna aplicación puede reemplazar la voluntad política de aceptar reglas compartidas.

Por eso, la reforma electoral que impulsa el oficialismo tiene una importancia que excede la organización de las primarias. Si las PASO se eliminan o se modifican sin que la oposición encuentre una alternativa consensuada, el peronismo podría llegar dividido a la elección presidencial. Esa fragmentación alteraría la competencia y favorecería al oficialismo, aunque no se puede dar por descontado ningún resultado. La cuestión central es si los distintos sectores opositores están dispuestos a construir un mecanismo común o si sus diferencias personales y estratégicas terminarán imponiéndose sobre cualquier objetivo colectivo.

También hay que observar qué ocurre dentro del propio Gobierno. Yo distingo, al menos, tres miradas. Hay un sector que considera que Milei está haciendo una transformación histórica y que no debe modificar el rumbo. Otro, más atento a las restricciones económicas, reconoce que existen dificultades de corto plazo y busca administrar las tensiones sin abandonar los objetivos generales. Y hay un tercer grupo, más concentrado en la estrategia política, que entiende que las decisiones deben tomarse considerando los tiempos electorales y las consecuencias sobre la gobernabilidad.

Estas diferencias no son necesariamente extraordinarias en una administración, pero pueden convertirse en un problema cuando no existe una coordinación clara. El Gobierno necesita definir cómo combina la estabilidad macroeconómica con la recuperación de la actividad, cómo responde a las demandas sociales y cómo negocia con otros actores políticos. Una cosa es sostener un programa de reformas y otra es suponer que todas las medidas pueden aplicarse sin revisar sus efectos ni considerar las restricciones que impone la realidad. La capacidad de corregir problemas no implica renunciar a los objetivos, sino evitar que las dificultades se acumulen.

En este punto, me parece importante distinguir entre la convicción presidencial y la evaluación de los resultados. Hay un sector de la sociedad que considera que Milei está llevando adelante una transformación necesaria y otro que observa con preocupación los costos económicos y sociales. Ninguna de esas percepciones es homogénea. El desafío del Gobierno consiste en demostrar que la estabilización puede traducirse en mejoras concretas para las familias y las empresas, mientras que el peronismo necesita explicar qué alternativa propone y cómo pretende llevarla adelante.

Termino con una idea: 2027 ya empezó a condicionar las decisiones de 2026. La inflación, el tipo de cambio, las PASO, la candidatura de Kicillof y las disputas internas del oficialismo forman parte de una misma trama política. La Argentina necesita previsibilidad económica, reglas electorales claras y fuerzas políticas capaces de organizar sus diferencias sin convertir cada desacuerdo en una crisis. Si el Gobierno no coordina sus propias miradas y la oposición no logra construir un mecanismo confiable para competir, la incertidumbre seguirá siendo un factor central de la vida política y económica. Y esa incertidumbre, tarde o temprano, también tiene costos para la sociedad.

Lectura rápida

¿Qué se está discutiendo en la política argentina? Se están resolviendo cuestiones sobre el candidato del peronismo, modificaciones en las reglas electorales y la situación económica de cara a 2027.

¿Quiénes son los principales actores mencionados? Los principales actores son Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner y Milei.

¿Cuándo se espera que se definan estas cuestiones? Estas cuestiones son decisivas en el contexto político y económico actual, con un enfoque hacia 2027.

¿Dónde se están manifestando los problemas económicos? Los problemas económicos se manifiestan en la inflación, el tipo de cambio y los costos de servicios en Buenos Aires.

¿Por qué es importante la reforma electoral? La reforma electoral es crucial para evitar que el peronismo llegue dividido a las elecciones, lo que podría favorecer al oficialismo.

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