El populismo y sus consecuancias.

Cuadro de situación

Vidas paralelas del liderazgo populista en la región: Maduro, Lula, Bachelet, CFK

14/10/2026 | 07:39

 

Redacción Cadena 3 Rosario

Sergio Berensztein

Audios

Vidas paralelas del liderazgo populista en la región: Maduro, Lula, Bachelet, CFK

Cuando uno analiza América Latina en perspectiva regional, encuentra una paradoja notable: los liderazgos que hace apenas 12 o 15 años parecían dominar el escenario político hoy enfrentan un proceso de desgaste, fragmentación y pérdida de influencia. Hugo Chávez, Néstor y Cristina Kirchner, Lula da Silva y Michelle Bachelet fueron figuras centrales de una ola de izquierda que alcanzó una importante hegemonía regional. Sin embargo, aquel ciclo perdió cohesión y hoy parece incapaz de ofrecer respuestas claras a los nuevos desafíos.

El problema no es solamente la ausencia de dirigentes capaces de renovar esas experiencias. También hay un anquilosamiento intelectual, una dificultad para interpretar los cambios culturales, económicos y tecnológicos y una tendencia a refugiarse en viejas recetas estatistas. La promesa de integración latinoamericana nunca terminó de convertirse en una estrategia consistente de desarrollo, y las políticas de redistribución, cuando no estuvieron acompañadas por transformaciones productivas sostenibles, tuvieron efectos limitados. Mientras tanto, las nuevas derechas avanzaron con discursos, herramientas de comunicación y formas de organización que la izquierda todavía no logra comprender del todo.

Esta crisis tiene consecuencias concretas en Argentina. Cristina Fernández de Kirchner, que durante años fue una figura determinante para ordenar al peronismo y condicionar las candidaturas, hoy encuentra dificultades para influir sobre las alianzas y los nombres que podrían competir en las próximas elecciones. La dirigente que supo decidir buena parte del destino de su espacio político ahora intenta sostener su capacidad de intervención en un escenario en el que ya no tiene el mismo poder de convocatoria ni el consenso interno de otras épocas.

En Venezuela, la paradoja adquiere una dimensión todavía más dramática. El chavismo construyó buena parte de su identidad alrededor del antiimperialismo y la denuncia de la influencia estadounidense. Sin embargo, el escenario descrito en torno a Nicolás Maduro, su situación judicial y las negociaciones con Washington muestra hasta qué punto ese discurso puede entrar en contradicción con la realidad del poder. Si un movimiento termina negociando el control de recursos estratégicos con actores a los que durante años presentó como enemigos, la pregunta inevitable es qué queda de su identidad original. Las acusaciones contra Maduro, por supuesto, deberán ser evaluadas por la Justicia y no reemplazadas por condenas anticipadas.

El caso de Michelle Bachelet también permite observar las dificultades de renovación de la izquierda regional. La expresidenta chilena tiene una trayectoria política importante y una experiencia que merece respeto. Sin embargo, su eventual papel como figura de unidad vuelve a plantear una pregunta incómoda: ¿por qué una coalición fragmentada necesita recurrir nuevamente a dirigentes de generaciones anteriores para intentar reconstruir una alternativa competitiva? Durante sus gobiernos, la centroizquierda chilena sufrió divisiones que luego se profundizaron. Su regreso al centro de la escena refleja tanto su vigencia personal como las dificultades de su espacio para producir nuevos liderazgos capaces de articular diferencias.

En Chile, además, el desgaste de las fuerzas políticas no es patrimonio exclusivo de la izquierda. Los problemas de popularidad y las desilusiones que enfrentan los gobiernos muestran que las expectativas ciudadanas pueden cambiar rápidamente cuando las promesas de campaña chocan con las prácticas de gestión. Para mí, esa es una de las claves del momento regional: ya no alcanza con presentarse como la alternativa al adversario. Los ciudadanos reclaman resultados, capacidad de gestión y respuestas concretas a problemas que atraviesan su vida cotidiana.

Brasil ofrece otro ejemplo significativo. Lula da Silva tiene una historia personal extraordinaria: pasó de ser un dirigente sindical surgido de un entorno humilde a convertirse en presidente de una de las mayores economías del mundo. Su resiliencia y su capacidad para construir poder político son innegables, incluso para quienes discrepan con sus ideas. Pero una trayectoria excepcional no garantiza una renovación permanente. A sus más de 80 años, su liderazgo enfrenta el desafío de competir en un escenario polarizado, con dificultades para movilizar apoyos y con interrogantes sobre el futuro del Partido de los Trabajadores.

También resulta llamativa la dificultad del PT para construir una sucesión sólida. Durante años, Lula fue el principal activo electoral de su espacio, pero la continuidad de un liderazgo tan personalista puede terminar debilitando a la organización que lo sostiene. Los rumores sobre una eventual retirada de la contienda deben tomarse con cautela, porque una versión periodística no equivale a una decisión política. Sin embargo, el solo hecho de que esa posibilidad entre en la conversación pública revela las dudas que rodean a una campaña que necesita demostrar que todavía puede entusiasmar a una parte significativa de la sociedad brasileña.

Hay, además, una dimensión menos visible que merece atención: el debilitamiento de las organizaciones de la sociedad civil. En Brasil, distintas interpretaciones vinculan parte de esa pérdida de capacidad con la reducción del financiamiento internacional, incluido el proveniente de la agencia estadounidense USAID, cuya estructura fue desmantelada por la administración de Donald Trump. La relación entre esos cambios y el desempeño electoral de la izquierda requiere estudios específicos; no corresponde presentarla como una causalidad demostrada. Pero sí obliga a pensar cuánto dependen la participación ciudadana, la formación política y la calidad democrática de instituciones que muchas veces pasan inadvertidas hasta que dejan de funcionar.

La crisis de estos liderazgos también tiene un costo para algunas de las banderas históricas de la izquierda. La protección ambiental, la solidaridad social y la defensa de los sectores vulnerables corren el riesgo de quedar atrapadas en una disputa ideológica en la que cada propuesta se interpreta como una señal de pertenencia partidaria. Es una mala noticia. El cambio climático, la desigualdad y la transformación del empleo requieren políticas sostenibles, evaluación de resultados y acuerdos amplios. Si esos temas se convierten únicamente en armas para desacreditar al adversario, la sociedad termina perdiendo capacidad para resolver problemas reales.

Volvamos a Cristina Kirchner. La discusión sobre una eventual candidatura de Máximo Kirchner, ya sea en la provincia de Buenos Aires o como parte de una fórmula nacional, expone el contraste entre el poder que la expresidenta supo ejercer y las limitaciones que enfrenta hoy. Las versiones sobre posibles alianzas con Sergio Massa muestran que el peronismo continúa buscando una fórmula competitiva, pero también que no existe un acuerdo consolidado sobre cómo reconstruir su oferta electoral. Cuando una fuerza que tuvo capacidad para ordenar a buena parte del sistema político empieza a discutir con dificultad quiénes deben representarla, el problema excede los nombres: es una crisis de conducción y de proyecto.

La conclusión es que América Latina atraviesa una transición que no puede explicarse simplemente como un giro pendular de izquierda a derecha. Estamos viendo el desgaste de liderazgos muy personalistas, la fragmentación de coaliciones que parecían sólidas y la dificultad de traducir antiguas promesas en respuestas para un mundo muy diferente. Maduro, Bachelet, Lula y Cristina representan trayectorias distintas, pero sus situaciones permiten reconocer una misma pregunta de fondo: ¿cómo renovar una identidad política cuando las ideas, las organizaciones y los liderazgos que la sostuvieron durante décadas ya no alcanzan? La respuesta no está en repetir las consignas del pasado ni en confiar exclusivamente en figuras conocidas. Está en la capacidad de actualizar propuestas, formar nuevas generaciones y reconstruir una relación creíble con sociedades que cambiaron mucho más rápido que sus dirigentes.

Lectura rápida

¿Cuál es la paradoja actual de América Latina?
Los liderazgos que dominaron hace 12 o 15 años enfrentan desgaste, fragmentación y pérdida de influencia.

¿Qué figura política enfrenta dificultades en Argentina?
Cristina Fernández de Kirchner tiene problemas para influir en las alianzas y candidaturas actuales.

¿Qué relación se menciona entre el chavismo y los Estados Unidos?
El chavismo, que se construyó en torno al antiimperialismo, ahora negocia con Washington, lo que contradice su discurso original.

¿Qué problemática enfrenta el PT en Brasil?
El PT tiene dificultades para construir una sucesión sólida y su liderazgo personalista podría debilitar la organización.

¿Qué desafíos enfrenta la izquierda en América Latina?
La izquierda debe renovar su identidad política y actualizar propuestas para conectar con sociedades que han cambiado rápidamente.

Te puede Interesar

Panorama económico

Enrique Szewach, exdirector del Banco Central, dijo que los cálculos inflacionarios del Gobierno para 2027 son "poco probables". Estimó que el nivel de precios subió entre 1,8 y 2 por ciento en septiembre.

Política santafesina

El titular de la cartera de Educación de Santa Fe habló en Cadena 3 Rosario, desde el Coloquio IDEA, en Mar del Plata, y repasó los principales temas de la coyuntura pedagógica. Además, aseguró: "Nuestro compromiso no es con un sindicato, es con la sociedad".

© Copyright 2026 Cadena 3 Argentina