Investigación en Japón
15/05/2026 | 05:22
Redacción Cadena 3
Un equipo de investigadores del Okinawa Institute of Science and Technology (OIST) realizó un descubrimiento significativo al rastrear una tormenta solar medieval oculta, utilizando anillos de árboles antiguos y observaciones del cielo de siglos pasados. Este evento, que ocurrió alrededor del año 1200 d.C., estuvo marcado por una actividad solar inusualmente intensa, lo que llevó a los científicos a vincular informes de auroras rojas con picos de carbono-14 atrapados en madera enterrada.
La investigación, publicada en los Proceedings of the Japan Academy, Series B, destaca cómo la actividad solar puede generar impresionantes auroras en la Tierra, pero también puede ser peligrosa fuera del campo magnético de nuestro planeta. Eruptiones violentas, como las llamaradas solares y las eyecciones de masa coronal, pueden lanzar partículas de alta energía a través del espacio, lo que representa serios riesgos para astronautas y naves espaciales.
Los investigadores emplearon una nueva técnica que combina registros históricos medievales con mediciones de carbono-14, logrando identificar un evento de protones solares que probablemente ocurrió entre el invierno de 1200 y la primavera de 1201. La profesora Hiroko Miyahara, del equipo de investigación, explicó que estudios previos se habían centrado en eventos extremadamente raros y poderosos, mientras que su trabajo proporciona una base para detectar eventos sub-extremos, que son más frecuentes pero aún peligrosos.
El análisis de carbono-14 en materiales orgánicos, como árboles antiguos, permite a los científicos rastrear cambios en la actividad solar que se remontan a miles de años. Este método, que el equipo refinó durante más de una década, puede detectar fluctuaciones de carbono-14 mucho más pequeñas que las técnicas convencionales, facilitando la identificación de eventos solares más débiles que antes eran invisibles.
Una de las claves para este descubrimiento fue el diario Meigetsuki, del poeta y cortesano japonés Fujiwara no Teika, quien en febrero de 1204 describió ver "luces rojas en el cielo del norte sobre Kioto". Aunque los eventos de protones solares no crean auroras directamente, suelen estar relacionados con disturbios solares que sí lo hacen. Este relato histórico proporcionó un marco temporal para investigar más de cerca.
Los científicos midieron los niveles de carbono-14 en madera de asunaro recuperada de la Prefectura de Aomori, donde encontraron picos que indicaban un evento sub-extremo de protones solares. Al combinar estas mediciones con estudios dendroclimáticos, el equipo determinó que el evento probablemente ocurrió entre el invierno de 1200 y la primavera de 1201, coincidiendo con registros históricos de China que también describieron una aurora roja visible a latitudes inusualmente bajas.
Los datos de alta precisión no solo permitieron a los investigadores fechar con exactitud los eventos sub-extremos de protones solares, sino que también les ayudaron a reconstruir claramente los ciclos solares de ese período. En la actualidad, la actividad solar fluctúa en ciclos de aproximadamente once años, pero se descubrió que el ciclo en ese entonces era de solo siete a ocho años, indicando un Sol muy activo. El evento de protones solares datado ocurrió en el pico de uno de estos ciclos.
Este hallazgo contribuye a llenar importantes vacíos en la historia de la actividad solar y mejora la comprensión de eventos climáticos espaciales peligrosos. La profesora Miyahara concluyó que el análisis de carbono-14 por sí solo no es suficiente, y que se requieren registros históricos y otros métodos científicos para reconstruir el comportamiento solar del pasado.
¿Qué descubrieron los científicos?
Descubrieron una antigua tormenta solar que ocurrió alrededor del año 1200 d.C. usando anillos de árboles y registros históricos.
¿Quién lideró la investigación?
El equipo fue liderado por la profesora Hiroko Miyahara del Okinawa Institute of Science and Technology (OIST).
¿Cuándo ocurrió el evento solar?
El evento solar se estima que tuvo lugar entre el invierno de 1200 y la primavera de 1201.
¿Dónde se encontraron las evidencias?
Las evidencias fueron halladas en madera de asunaro en la Prefectura de Aomori, Japón.
¿Por qué es importante este descubrimiento?
Ayuda a comprender mejor la actividad solar del pasado y los riesgos asociados a eventos solares para futuras misiones espaciales.
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