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Polémica en La Matanza

Qué les enseñan a los chicos que votan en el bastión clave K

26/08/2021 | 13:10 | El sesgo partidario oficialista se establece desde los programas de estudio de la provincia de Buenos Aires. Son los mismos diseños curriculares de la época de Scioli, que el gobierno de Cambiemos no modificó.   

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"El partido en el poder cree tener el derecho de adoctrinar a los alumnos"

Por Alejandra Conti*

Discursos de Cristina Fernández de Kirchner elogiando su gestión como presidenta, actividades prácticas que consisten en ver ediciones de 678 e investigar características y objetivos de La Cámpora, notas apologéticas de medios afines al oficialismo y opiniones sobre diversos temas de Eugenio Zaffaroni y Horacio Verbitsky, todo puede ser incluido entre los temas que se les enseña a miles de chicos y chicas de 16 y 17 años que este año votarán en las elecciones de renovación legislativa en la provincia de Buenos Aires.

Esto surge de la lectura de los diseños curriculares oficiales (programas de estudio) y algunos de los textos usados en dos materias de quinto año del secundario: Política y ciudadanía y Comunicación, cultura y sociedad.

Para los autores de los programas, liberalismo y neoliberalismo significan lo mismo; el objeto de la política es el conflicto más que la búsqueda de consensos; la economía es el escenario de la explotación; la Generación del ‘80 ahora es el “Estado liberal de raíz oligárquica”; el capitalismo es totalitarismo pero no todo régimen comunista lo es.

Los diseños curriculares de esas materias aparecen en el sitio oficial de la Dirección General de Cultura y Educación (https://abc.gob.ar/secundaria/dc_5). Corresponden al plan educativo 2008- 2011, del gobierno de Daniel Scioli, y no fueron modificados durante la gestión de Cambiemos, es decir que siguen vigentes. Salvo casos excepcionales, tampoco merecieron hasta ahora la objeción de dirigentes políticos opositores ni académicos de las áreas de historia y educación.

Comunicación: los medios legitiman la desigualdad

El diseño curricular de Comunicación, cultura y sociedad apunta a fomentar “el pensamiento crítico respecto de los valores sociales predominantes” y a visualizar a “los medios de comunicación como generadores de representaciones que legitiman formas de desigualdad social y cultural”. En este sentido, el programa insta a considerar a los medios en general como transmisores de un discurso hegemónico.

En uno de los puntos, indica que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual debe presentarse como contracara de “la Ley de la Dictadura”.

Uno de los textos que se pide para esta materia es “Comunicación, cultura y sociedad”, de Gabriela Pedranti, Teresa Eggers-Bras y Marisa Gallego, de editorial Maipue, edición 2012.

En el capítulo “Cultura y comunicación en la vida cotidiana” se recomienda como actividad ver una edición del programa 678, de la Televisión Pública. También se habla de los “grandes logros” del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y se solicita una actividad que consiste en ver un video propagandístico del EZLN. No se proponen contrastes ni visiones críticas.

Respecto de la cultura letrada y la cultura popular, la primera es considerada negativamente como una apropiación de las clases dominantes mientras que la segunda es ensalzada como “solidaria”.

En la sección “Identidades y diversidad cultural” aparece un apartado con el título “El Eternauta, versión K” (el Nestornauta), en el que se toma a La Cámpora como tema de análisis. Se indica a los alumnos que vayan al sitio web de la agrupación “para entender este fenómeno, más allá de que estemos de acuerdo con formar parte (o no) de esta agrupación”. Los chicos tienen que visitar el sitio web y responder algunas preguntas sobre quiénes participan y militan en ese grupo. Después deben debatir en clase si el “Nestornauta” y el nombre La Cámpora representan adecuadamente a la organización o si hubieran elegido otros. Es la única agrupación política respecto de la que se pide ese tipo de actividad.

Política y ciudadanía: más división

En el caso de Política y ciudadanía, esa inclinación partidaria se evidencia, por ejemplo, al adherir a la línea de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, gurúes del kirchnerismo y también de movimientos neopopulistas como el español Podemos. Los autores del programa hacen hincapié en que la esencia de la actividad política debe presentarse como confrontación antes que como búsqueda de consenso. “La lucha es constituyente de la esfera pública y de lo social. La disputa, discusión y argumentación deben promocionarse frente a la creencia de que es posible alcanzar un consenso racional universal”, le indican expresamente las autoridades a los profesores.

El texto deja también consideraciones negativas sobre el rol de los medios. “El desarrollo de las industrias de comunicación y de entretenimiento masivos produce que la esfera pública se transforme en una farsa y en algunos medios masivos de comunicación los intereses comerciales adquieren más relevancia que los de la población”. Esta afirmación no es contrastada con otras opiniones o ideas diferentes.

Los autores del diseño curricular priorizan a Karl Marx y Antonio Gramsci para definir el concepto de ciudadanía. En este punto sí ofrecen otra visión, la de Thomas Marshall. Lo hacen, aclaran, “a pesar de la matriz liberal del pensamiento” de ese autor.

En lo referido a la historia argentina, el diseño curricular se refiere al período que comenzó a finales del siglo XIX, conocido hasta hace poco como la Generación del ‘80, como el “Estado liberal de raíz oligárquica”.

La mirada sobre este período histórico menciona apenas algunos aspectos positivos y se enfoca enfáticamente en lo negativo, sobre todo cuando se indican actividades a los alumnos y alumnas.

Antagonismo antes que consenso

Uno de los libros que se utilizan en esta materia y que se pide actualmente es “Política y ciudadanía”, de Teresa Eggers Brass e Hilario Moreno del Campo, de editorial Maipue.

Desde un comienzo el texto beneficia a las teorías antagonistas sobre las consensualistas, con el argumento de que la idea del bien común “generalmente beneficia a algunos y perjudica a otros” y que en el fondo “siempre existirá una lucha entre personas” con diferentes ideas para dominar unos a otros.

Para ilustrar el apartado “atributos del Estado”, se incluyen una nota de Horacio Verbitsky, alabando al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, y otra de la actual vicepresidenta elogiando la gestión que encabezó durante 8 años. Inmediatamente se pide a los alumnos: “Señala los atributos del Estado que se observan en estas notas”.

Más adelante, en el capítulo “La democracia”, aparece una entrevista a Eugenio Zaffaroni criticando a la oposición. Para ilustrar un apartado sobre referéndums, una foto de Hugo Chávez. Para el de democracia participativa, una imagen de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Todos estos artículos fueron publicados en medios alineados con el kirchnerismo. No hay opiniones discordantes.

Respecto de los gobiernos democráticos, se menciona brevemente al de Raúl Alfonsín sólo para acentuar su debilidad ante la rebelión de Semana Santa de 1986.

En otra parte se indica “Recién bajo el gobierno de Alfonsín fueron juzgados los principales responsables de los crímenes cometidos durante la última dictadura”, pero no hay mención explícita del Juicio a las Juntas ni a ningún otro posible mérito de su gestión.

Cuando llega el momento de tratar el tema “totalitarismos”, los autores se lamentan de que “muchas veces se generaliza y se califica de totalitario a todo gobierno comunista”.

Como ejemplo de políticas públicas se toman tres planes del kirchnerismo: la Asignación Universal por Hijo, el Plan Federal de Viviendas y el Plan Argentina Trabaja. No se mencionan medidas de gobiernos de otro signo político.

En la sección destinada al estudio de los partidos políticos internacionales, una de las agrupaciones es “el liberalismo o neoliberalismo” (como si constituyera una sola entidad), al que considera extendido “en todos los países de economía capitalista”. “Los principales difusores de su doctrina son los grandes empresarios”, agrega. La simplificación no deja lugar a menciones a teóricos del liberalismo económico y político, a otras agrupaciones ideológicas, mucho menos a miradas contrastantes o ejemplos concretos.

*La autora es periodista y politóloga

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