Horror en Córdoba
07/09/2026 | 11:39
Redacción Cadena 3
Una niña de dos años fue entregada a la familia Villarreal en Villa de María del Río Seco. Su actual pareja lo resume con una frase que duele: “la entregaron como un cabrito”.
Décadas después, ya adulta y enfrentando una grave enfermedad, esa mujer encontró el coraje para denunciar en 2020 lo que vivió. La denuncia quedó cajoneada. Hoy su abogada, Marina Romano, vuelve a poner el caso sobre la mesa con una contundencia que no deja espacio a la indiferencia.
Romano dijo a Radioinforme 3 que solo actúa en lo que atañe a su clienta, pero lo que escuchó en la declaración ante la fiscal Cepede la marcó para siempre.
“Yo escuché un relato que no podía creer que un ser humano se hubiera sometido a eso cuando fue pequeña”, afirmó.
Según indicó, la víctima recuerda desde los cuatro o cinco años una secuencia de violencias sistemáticas: trabajo nocturno, lavar ropa a la intemperie en pleno frío, golpes con alambres, ataduras y ahorcamientos de los que fue rescatada por vecinos.
“Quiero ser gráfica porque si no la gente no sabe de lo que estamos hablando”, insistió la letrada.
Los abusos sexuales, según el testimonio, no fueron aislados. La mujer señaló a José Villarreal, a su padre adoptivo Ricardo Villarreal y a su hermano. De ese último abuso nació un hijo. Luego la obligaron a un matrimonio forzado. Finalmente, ella logró escapar con el bebé.
En 2020, después de reconstruir su vida, la víctima decidió denunciar. La respuesta institucional fue el silencio.
“Quedó en el ostracismo, quedó olvidado, quedó cajoneado”, resumió Romano.
Hoy la abogada impulsó una nueva denuncia penal en la Fiscalía de Córdoba para determinar la responsabilidad de quienes intervinieron entonces. Ya solicitó el secuestro de las actuaciones del juzgado de menores que intervino a fines de los años 80, cuando la niña fue entregada.
“Estas personas pueden seguir trabajando en el sistema. ¿Qué pasó con esa niña que nadie la contuvo?”, se preguntó.
José Aníbal Villarreal llegó a ser asesor legislativo del Unicameral de Córdoba durante años. Cuando el legislador Ramón Ernesto Flores debió explicar por qué lo había contratado, alegó amistad con el padre.
Romano no esquivó el punto: el padre adoptivo también fue señalado por la propia víctima como uno de los abusadores.
En un pueblo chico, donde todos se conocen, el silencio colectivo pesa. El esposo de la víctima cuenta que la veía correr descalza detrás de las cabras en pleno invierno. Vecinos que hoy saludan a la pareja le dicen que “por fin hay algo de justicia”.
“Todo el mundo sabía lo que pasaba”, afirmó Romano tras recorrer el lugar.
La abogada fue directa: no aceptará argumentos de prescripción. “Estos son delitos que atentan contra el ser humano. Los pactos internacionales que la Argentina suscribió contemplan su imprescriptibilidad”, resaltó.
Y agregó con firmeza: “Mi clienta me ha pedido que no me calle y yo no lo voy a hacer. Voy a llegar hasta las últimas consecuencias”.
Entrevista de Miguel Clariá.
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