Política esquina Economía
03/09/2026 | 14:23
Redacción Cadena 3
Adrián Simioni
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Transener: servicio a la comunidad para un escándalo que se viene | Por Adrián Simioni
Vamos a abrir una sección de periodismo preventivo. No será diaria, sino de vez en cuando, cuando amerite. Porque leo algunos títulos que están dando vueltas: "Polémica por la privatización de Transener: los nuevos dueños cobraron el primer día ganancias que cedió el Estado". Otro: "Escándalo en Transener: tres meses después de la privatización, los compradores vaciaron la caja y se pagaron la compra".
Vos leés esos títulos y, dicho así, parece el caso de Repsol e YPF. Cuando Néstor Kirchner apretó a Repsol para que le vendiera sí o sí esas acciones al grupo Petersen. Entonces, Petersen compró una participación: una parte la pagó y otra la financió Repsol, para que la cancelara con las ganancias que obtuviera en el futuro. No hubo una licitación: fue una negociación privada impulsada desde el poder político.
Este caso es distinto y vamos a explicar por qué. Porque pronto esto puede crecer, alguien puede hacer una denuncia judicial y se va a armar. Pero primero expliquemos un poquito de qué estamos hablando.
Transener es la empresa que transporta electricidad por todo el país a través de las líneas de alta tensión. Junto con su subsidiaria Transba, opera una red de alrededor de 20.000 kilómetros. Es un monopolio natural: podrías poner líneas paralelas de alta tensión, pero no sería económico. Por eso interviene el Estado, regula la actividad y fija las tarifas.
¿Qué hizo el Gobierno? Vendió la participación que tenía a través de Enarsa. Transener no era toda del Estado. Esa participación equivalía, indirectamente, a alrededor del 26,3% de la empresa. La tenía mediante Citelec, una sociedad que compartía en partes iguales con Pampa Energía y que posee el 52,65% de las acciones de Transener. Por lo tanto, Citelec tiene el control de Transener y el Estado, a través de Enarsa, formaba parte de ese grupo de control. El gobierno de Javier Milei decidió vender esa participación.
Los títulos son engañosos. ¿Cuánto repartió Transener en ganancias después de la venta? Unos 170 millones de dólares. ¿Cuánto pagó el grupo que entró? Unos 356 millones de dólares. Entonces, vos podés pensar que casi la mitad de lo que pagaron los compradores la recuperaron con las ganancias que se distribuyeron poco después de entrar. Esa es la impresión que te da.
Pero no es así, por dos razones. Primero, por el monto: esos 170 millones de dólares se reparten entre todos los accionistas. Al grupo que ingresó no le corresponden los 170 millones, sino unos 44,5 millones. Y pagó 356 millones.
Igual, alguien podría decir que estaría mal aunque se tratara de una parte menor. Pero el tema no es solamente la cantidad. El tema es que tampoco está mal, si ese dinero formaba parte del valor de lo que se estaba comprando.
La explicación de los compradores es que la distribución de esas ganancias había sido aprobada y programada antes de su ingreso, en una asamblea pública en la que participaron los accionistas privados y el socio estatal. Y que todos los que participaron en la licitación conocían la situación de la caja de la empresa y la perspectiva de cobrar esos dividendos.
O sea, en las ofertas estaba contemplado ese dinero. Porque vos, cuando comprás una empresa, sobre todo en operaciones de tanto dinero y tan complejas, hacés un estudio muy preciso de cuál es el flujo de caja que va a tener. Y de acuerdo con eso también decidís cuánto ofrecés.
Los competidores del grupo que se quedó con la participación en Transener también tenían esa información. Lo que pasa es que ofrecieron menos. Central Puerto ofertó 301 millones de dólares; Edenor también participó y ofreció 230 millones. El grupo que ganó ofertó 356 millones, un 27% más que el valor bursátil de esa participación tomado como referencia al momento del pago, según informaron los compradores.
Por otro lado, se dice que los que se quedaron con esto son amigos del Gobierno. Y la verdad es que no es así de sencillo. Hay dos grupos que se asociaron para comprar esta participación: Genneia y Edison.
Genneia está presidida por Jorge Brito, del Banco Macro. Su nombre incluso ha sonado como eventual candidato presidencial. Y, en ese escenario, se plantea que podría restarle votos a Milei, no necesariamente a la oposición.
En Edison está la familia Neuss, cercana al Gobierno y que ha hecho negocios durante esta gestión. Pero también participan empresarios como Rubén Cherñajovsky y Luis Galli, vinculados a Newsan, una de las principales fabricantes de artículos electrónicos en Tierra del Fuego, que tuvo una relación muy estrecha con el kirchnerismo. Ellos también son socios en esta compra. Así que resulta difícil resumir todo diciendo que son amigos del Gobierno.
En concreto, lo que se hizo fue comprar una participación en una empresa bajo condiciones que los competidores conocían. Se ofertó por esa participación más que su valor bursátil de referencia. Y ese mayor precio compensa la distribución de ganancias que, según la explicación de los compradores, ya estaba prevista e informada antes de que ingresaran a la compañía.
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