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31/07/2026 | 13:41
Redacción Cadena 3
Adrián Simioni
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Se supo: el muro woke queda en Ceuta | Por Adrián Simioni
Europa está atravesada por una profunda grieta en torno de la inmigración. Hay países partidarios de endurecer los controles y otros que sostienen posiciones más receptivas. Esas diferencias también recorren internamente a cada sociedad y alimentan el crecimiento de nuevas fuerzas políticas.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se ubicó históricamente dentro del sector progresista. Su discurso fue más abierto hacia los migrantes, aunque España mantuvo controles fronterizos, deportaciones y acuerdos con terceros países para contener las llegadas.
Esa posición comenzó a mostrar sus contradicciones ante las imágenes procedentes de Ceuta, la ciudad autónoma española ubicada en el norte de África y fronteriza con Marruecos. Se trata de territorio español, aunque Rabat reclama su soberanía. Además, Ceuta no figura entre los territorios pendientes de descolonización reconocidos por las Naciones Unidas.
Allí existe una formidable barrera fronteriza, acompañada por un espigón que se introduce en el mar para impedir el ingreso irregular de personas. Es difícil observar esas imágenes sin recordar el muro impulsado por Donald Trump en la frontera entre Estados Unidos y México.
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/Fin Código Embebido/Aquel proyecto provocó una catarata de cuestionamientos. Trump fue presentado como el rostro de una política cruel e inhumana, mientras sus críticos reivindicaban una posición presuntamente más solidaria. Sin embargo, ahora quedó a la vista que Europa también levanta y protege sus propios muros.
La diferencia no parece estar en la existencia de la barrera, sino en quién la construye y bajo qué discurso intenta justificarla.
Entre 50.000 y 60.000 migrantes habrían ingresado en Ceuta en apenas 24 horas, una cantidad equivalente a cerca del 70% de la población habitual de la ciudad. Muchos consiguieron rodear las defensas fronterizas, cruzaron a pie o se lanzaron al mar para alcanzar territorio español.
Frente a ese escenario, Sánchez calificó lo ocurrido como una violación de la integridad territorial de España. También anunció que se agilizarían las devoluciones y responsabilizó a las organizaciones dedicadas al tráfico de personas.
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/Fin Código Embebido/El argumento resulta conocido. Es prácticamente el mismo que utilizó la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, para justificar la política restrictiva aplicada por Italia en el Mediterráneo. Meloni fue duramente cuestionada por buena parte del progresismo europeo, incluido el espacio político representado por Sánchez.
La pregunta, entonces, es de qué lado del muro se ubicará ahora el mandatario español. ¿Continuará denunciando las políticas de Meloni o terminará apelando a sus mismos argumentos cuando la presión migratoria alcance directamente a España?
La crisis de Ceuta obliga a abandonar cierta comodidad discursiva. Una cosa es formular principios generales sobre la solidaridad y otra muy distinta es gestionar la llegada repentina de decenas de miles de personas, garantizar su atención y responder ante una sociedad que exige seguridad y control de sus fronteras.
La inmigración se convirtió en uno de los grandes desafíos políticos de Europa y, probablemente, del mundo. No se trata solamente de desplazamientos provocados por guerras o catástrofes humanitarias. Marruecos, con todos sus problemas sociales y económicos, está lejos de atravesar una situación comparable con la guerra civil de Siria. Sin embargo, miles de jóvenes están dispuestos a arriesgar su vida para llegar a Europa.
Quienes ingresan por Ceuta no necesariamente pretenden permanecer allí. España es la primera puerta hacia otros países del continente. Por eso, cada crisis fronteriza abre inmediatamente una discusión entre los integrantes de la Unión Europea sobre la distribución de responsabilidades, las deportaciones y la circulación dentro del espacio comunitario.
Europa puede cuestionar los muros, pero todavía no encontró una política capaz de reemplazarlos. Y Ceuta acaba de demostrar que, cuando las fronteras se desbordan, hasta los dirigentes que cultivaron un discurso humanitario terminan mirando hacia la misma barrera que antes condenaban.
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