Política esquina Economía
06/07/2026 | 14:49
Redacción Cadena 3
Adrián Simioni
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No insista: no somos Noruega | Por Adrián Simioni
Cada tanto, el fútbol abre discusiones que van mucho más allá de la cancha. Un partido, una goleada o la aparición de una selección inesperada alcanza para que, de inmediato, se empiece a hablar de historia, cultura, política o economía. Este fin de semana pasó con Noruega.
Noruega ganó, sorprendió y volvió a ponerse de moda una comparación recurrente: "Argentina debería hacer lo mismo". La frase apareció rápido en redes sociales, esta vez aplicada al manejo de los recursos naturales y al famoso fondo soberano noruego, considerado uno de los más sólidos del mundo.
El caso de Noruega es conocido. Desde el descubrimiento de petróleo en el Mar del Norte, el país comenzó a construir una política de ahorro sobre esa renta extraordinaria. En 1996 formalizó ese esquema con la creación de un fondo soberano, alimentado por los ingresos provenientes del petróleo. Ese dinero no se volcó masivamente dentro de la economía local, sino que se invirtió en el exterior para evitar distorsiones internas y preservar riqueza para las futuras generaciones.
Hasta ahí, el ejemplo es impecable. El problema empieza cuando se intenta trasladarlo a la Argentina como si se tratara apenas de una decisión administrativa pendiente. Como si bastara con decir "hagamos lo mismo" para convertir décadas de desorden fiscal, gasto improductivo y mala administración en un modelo de ahorro de largo plazo.
La Argentina, en realidad, ya se apropió durante años de una parte importante de la renta de sus sectores productivos. La actividad petrolera paga regalías a las provincias desde hace décadas. La minería también lo hace. El agro soportó durante años retenciones que llegaron a representar una porción enorme de su facturación bruta. Además, esos sectores pagan impuestos nacionales, provinciales y municipales, muchas veces con cargas extraordinarias que no enfrentan otras actividades.
Entonces, el problema no fue que el Estado argentino nunca capturó renta. El problema fue qué hizo con ella.
Las provincias petroleras recibieron recursos millonarios y, aun así, muchas veces terminaron pidiendo asistencia a la Nación para obras básicas. Parte de esa plata se diluyó en estructuras estatales sobredimensionadas, empleo público improductivo y gastos corrientes. El agro aportó durante años cifras monumentales y buena parte de ese esfuerzo terminó financiando déficits crónicos, subsidios mal diseñados y empresas públicas deficitarias.
El caso de Santa Cruz es un símbolo de esa lógica. La provincia recibió cientos de millones de dólares en los años '90 por regalías mal liquidadas de YPF. Décadas después, el destino final de esos fondos sigue siendo motivo de discusión pública. No se transformaron en un modelo de desarrollo, infraestructura o ahorro intergeneracional. Se fueron. Como tantas otras oportunidades argentinas.
También aparece otra consigna habitual: estatizar el petróleo y convertirlo en un monopolio estatal. Pero Noruega no funciona así. Tiene una compañía estatal fuerte, Equinor, con una participación dominante en el mercado, pero no un monopolio cerrado. Argentina también tiene una empresa de mayoría estatal, YPF, que ocupa un lugar central en el mercado energético. La diferencia no está sólo en la propiedad de la empresa, sino en la calidad institucional, la disciplina fiscal y la decisión de ahorrar en serio.
Ahí está el punto. En la Argentina queremos comernos el lechón sin haber criado nunca la chancha. Miramos a Noruega cuando disfruta los resultados de décadas de ahorro, pero no miramos el proceso previo: la disciplina, la previsibilidad, la inversión sostenida y la decisión política de no gastar hoy lo que pertenece también al futuro.
El modelo noruego no se explica sólo por el petróleo. Muchos países tienen recursos naturales y no por eso son Noruega. Se explica por haber entendido que una renta extraordinaria no habilita una fiesta permanente, sino una responsabilidad mayor.
Argentina no necesita descubrir que tiene recursos. Los tiene. Vaca Muerta, el litio, el agro, la minería y la energía son pruebas suficientes. Lo que necesita es dejar de creer que el desarrollo empieza cuando el Estado captura más renta. Empieza cuando decide no destruirla.
Por eso, antes de repetir que "hay que hacer como Noruega", convendría mirar la película completa. No sólo el momento en que el vecino se sienta a comer el lechón. También los años en que crió la chancha.
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