10 años de Francisco en el Vaticano.

Una década en el Vaticano

Y a diez años de Francisco Papa, ¿qué?

13/03/2023 | 13:20

 

Redacción Cadena 3

Alberto Roselli

La efeméride de que el Papa Francisco cumpla diez años como tal es tan relevante y repercute a nivel mundial tal como lo hizo la inesperada elección de Jorge Mario Bergoglio para ejercer como obispo de Roma y, por tanto, como Sumo Pontífice.

Claramente si algo es imposible, es que el suceso pase inadvertido.

La pregunta personal que me surge es: ¿y qué?

¿Qué significado e importancia tiene realmente este período de diez años de Francisco como Papa? En qué cambia la supuesta realidad que intentan manejar los pocos poderosos del mundo a través de los medios para que las mujeres y los hombres de a pie sepamos qué es lo importante, como el consumo feroz, el centralismo del dinero, la división como método para que esos pocos ejerzan como dueños del mundo a costa del hambre, la miseria y la muerte de millones de personas considerados “daño colateral” del crecimiento mundial?

Los intentos y esfuerzos de estos sectores –que pagan mucho y bien a títeres de todo el mundo que venden su dignidad de personas bastardeando oficios tan sagrados como el periodismo, por ejemplo, y creen que “pertenecen” a la casta superior de intelectuales sólo porque tienen unas migajas de supuesto poder– por denostar a Francisco con argumentos tales como el ignorante que salió de un país del tercer mundo, un hijo de inmigrantes que apenas si pudo crecer con lo básico, un mal formado sacerdote en teología y filosofía, un jesuita discutido por los propios, un peroncho ideologizado que se pone por sobre la doctrina católica, etcétera, vienen desde siempre y continúan cada vez más radicalmente.

Tanto fuera de la Iglesia, precisamente de esas minorías superpoderosas que manipulan, como desde dentro de la Iglesia, coincidentemente cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos, teólogos y hasta “aficionados a la fe” que, con solo rascar por encima, aparecen vinculados a estos sectores de poder, de una u otra manera, traicionando los valores del Evangelio de Jesucristo y refugiándose en doctrinas que dicen defender la Tradición, que si no es factor de crecimiento y de ir hacia adelante se convierte sencillamente en vulgar y mediocre gatopardismo.

Cambiar para que nada cambie: alevoso e indisimulado argumento para mantener ese poder, esa miserabilidad, que va en contra de la dignidad de todas las personas, sobre todo de quienes tienen menos posibilidades reales, los preferidos de Jesús, a quien, desvergonzadamente dicen seguir.

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Algunos, en nombre de esa incoherencia, prefieren decir que la Iglesia ya no los representa y optan por lo fácil, personalista e individual.

La opción es respetable. Siempre y sea cuál sea. La mentira, no.

Los medios, hoy atiborrados de presuntuosos caras de “yo sé todo”, desbordantes de una soberbia digna de terapia y ejercitantes del poder por sólo tenerlo, interpretan declaraciones del Papa tales como “Francisco dice que la política es fundamental”, sin aclarar que se refiere a la actitud política propia del ser humano que construye sociedades y no de las políticas partidarias, interesadas y manipuladas.

O que habla demasiado de los pobres y por eso dice absurdamente que es mejor la pobreza que la riqueza, cuando en realidad se refiere a que son los más pobres quienes deben estar en el centro de los sistemas económicos y sociales de desarrollo, por una cuestión de justicia, que bien podría argumentarse como equilibrio social mundial.

O que Francisco se opone y critica a los grandes grupos capitalistas que son los que hacen “crecer el mundo”, cuando el realidad se refiere al capitalismo sin humanismo.

Y así, decenas.

En estos diez años el Papa Francisco ha desgranado y deshecho la teoría de que la religión es sólo para quien cree y debe limitarse al culto y al templo.

Ha demostrado con hechos que la fe, la religión y las Iglesias sólo cumplen sus tareas si dejan de mirar sus propios ombligos y salen a la calle para cuidar a los más débiles. Sino serán hordas de moralistas con pose que en nombre de Dios desprecian a los que el mismo Dios prefiere.

Francisco habla de personas reales. No habla de inmigración sino de migrantes. No de salud sino de enfermos, no de consecuencias de la guerra sino de quienes se quedaron sin nada y envía permanentemente ayuda material concreta, no habla de conflictos políticos sino de quienes crean y fomentan las guerras para vender armas y mantener esa industria infame.

Por eso quedan expuestos los teóricos intelectualoides que analizan escépticamente en nombre la objetividad los procederes de un Papa que actúa más que declama, abraza más que aconseja, pone la cara en lugar de esconderse en el Palacio Apostólico, que anuncia al verdadero Jesucristo, vivo y presente más que exponer argumentos inentendibles llenos de ideas y vacíos de realidad.

Es recomendable leer al menos Evangelii Gaudium, Fratelli Tutti y Laudato Sii. Y mejor si se lo hace sin cristal religioso.

Francisco puso y pone desde hace diez años a la persona real y concreta en el centro.

Y sabe que queda mucho por hacer. Pero no por eso dejemos de ver lo hecho.

Por eso propongo compartir la pregunta. A la persona, a cada persona, a cada lector, que es una misma persona cuando ejerce la paternidad que cuando trabaja que cuando se junta con amigos, que es cura, tío, y los roles que sean.

A la persona única e irrepetible que vive el día a día y ejerce como puede esos roles: diez años del Papa Francisco … ¿y qué? ¿Qué significa para mí hoy y aquí?

Sería torpeza e ignorancia de sí mismo pretender que es una fecha más. Y, lo más grave, sería irrespetarse a uno mismo.

Y si no nos respetamos a nosotros mismos, no esperemos respetar a otros. Y menos aún que los demás me respeten a mí.

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