Por qué, aunque el empleo mejoró, hace falta otra cosa

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Por qué, aunque el empleo mejoró, hace falta otra cosa

24/03/2022 | 14:55 |  

Adrián Simioni

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Por qué, aunque el empleo mejoró, hace falta otra cosa

Los flamantes datos de empleo del Indec son muy positivos. En el último trimestre del año pasado, el desempleo bajó al 7% , el mejor registro desde 2017. Además la desocupación bajó pese a que más gente se sumó al mercado. O sea: hubo una creación robusta de empleos. Más de un millón de empleos respecto del año anterior en todo el país. Es impactante: hay un 10% más de personas ocupadas que al final del primer año de la pandemia.

Esto no es vaso medio lleno. Para quienes no tenían trabajo y hoy lo tienen, es vaso lleno.

Lo cual no quiere decir que sea todo color de rosa.

Por empezar, el crecimiento del empleo se da en el trabajo en negro, en el cuentapropismo y en el empleo público. Lo cual no es sostenible cuando el Estado está quebrado. Hay cientos de miles de empleos privados que, por estar en negro, no sólo no contribuyen a la seguridad social sino que pueden subsistir porque el trabajador, además de su sueldo, recibe un subsidio. Un ejemplo obvio es el de los cartoneros: sin subsidios, muchos de esos trabajos serían inviables.

Ni hablar del empleo estatal, que no ha parado de crecer. No sólo el Estado no tiene con qué pagar esos sueldos: algunos de esos trabajos no contribuyen nada concreto al bienestar social.

En cambio, el empleo privado en blanco, es decir, los empleos que existen sin ayuda del Estado y, al contrario, son capaces de generar aportes, crecen muy poco. Todavía son menos que los que había hace dos años.

El otro drama es el nivel de los salarios. Ayer, el economista Ramiro Castiñeira le puso números al asunto. En diciembre, el salario bruto promedio medido en dólares libres, fue de 494 dólares, no llegó a los 500 dólares. Es el mismo nivel que tenían los salarios en 2003, cuando recién comenzaba la salida del estallido de diciembre de 2001. Los salarios no llegan a un tercio del nivel que tenían en 2017. Estamos en el horno.

Muchos dirán que lo importante son los sueldos en pesos y el poder de compra interno que tienen. Es cierto. Pero eso es cada vez menos cierto, porque la producción en el mundo está cada vez más integrada. Cuando compramos un auto, casi todo ese auto es importado, aunque se arme acá. Lo mismo un electrodoméstico. Hasta la ropa se hace con telas importadas.

Los datos del Indec son sin duda positivos. Y tampoco cabe duda de qué es lo que necesitamos: empleos privados, en blanco y productivos en serio, para que no sean miserables en dólares. Y, para eso, hay que dejar de hacer casi todo lo que se ha venido haciendo desde hace muchos años.

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