Historias de vida
19/08/2026 | 12:03
Redacción Cadena 3
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Altas capacidades en niños: el caso de Nico y la importancia de la visibilización educativa
Durante mucho tiempo, Ana Victoria sintió que había algo diferente en su hijo Nicolás. Desde muy pequeño observó características que llamaban su atención: dificultades persistentes para dormir, una memoria extraordinaria, una enorme curiosidad, facilidad para recordar historias y una particular manera de organizar sus juguetes y de acercarse al conocimiento.
Pero reconocer que esas características podían estar relacionadas con altas capacidades intelectuales no fue sencillo. Nicolás también es hipoacúsico y algunos de sus hitos del desarrollo llegaron con dificultades. Esa combinación hizo que durante años las señales pudieran interpretarse de distintas maneras.
La confirmación llegó recién cuando tenía ocho años. “Empecé a leer de altas capacidades y dije: es esto”, contó Ana durante una entrevista en el segmento Diversidad. Sin embargo, también aparecieron las dudas habituales de cualquier familia: “¿Estoy sobredimensionando? Es mi hijo y yo creo que es él”.
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El principal punto de inflexión llegó en segundo grado. Hasta entonces, Nicolás concurría a la escuela sin grandes inconvenientes. Pero comenzaron las dificultades y, especialmente, el sufrimiento.
Todas las tardes, frente a las tareas escolares, el niño lloraba y repetía que no podía hacerlas. Para su mamá, esa angustia fue una señal mucho más importante que cualquier comportamiento puntual.
“Un niño no tiene ganas de hacer la tarea, es lo más lógico. Pero tampoco tanta angustia”, explicó.
Uno de los mayores conflictos apareció con la escritura. Nicolás sabía leer y podía escribir, pero se resistía a hacerlo en el cuaderno escolar. Según la explicación que recibió su familia, en algunos niños con altas capacidades el pensamiento puede avanzar a una velocidad muy superior a la capacidad de escritura.
A eso se suma otra característica: la necesidad de encontrar sentido a lo que hacen. Para Nicolás, repetir una actividad que ya comprendió puede resultar frustrante o directamente incomprensible.
“¿Para qué escribo esto?”, era una de las preguntas que le hacía a su mamá.
Uno de los mitos más frecuentes es pensar que un niño con altas capacidades necesariamente aprende todo antes que los demás.
Ana explicó que la precocidad puede aparecer en algunos casos, pero no es una condición indispensable. “Ser precoz es algo común en las altas capacidades, pero ser precoz no significa que tengas altas capacidades, y no ser precoz no significa que no las tengas”, señaló.
En el caso de Nicolás, muchos hitos del desarrollo incluso fueron difíciles y requirieron acompañamiento. Su hipoacusia también complejizó la observación de algunas señales.
Por eso, la identificación requiere mirar al niño de manera integral y no basarse en una única característica.
Otro concepto fundamental para comprender las altas capacidades es el de disincronía: la diferencia entre el desarrollo intelectual y el desarrollo emocional, pero también entre distintas áreas de la propia capacidad intelectual.
En la valoración realizada a Nicolás aparecieron diferencias importantes. Mientras algunas áreas, como la comprensión verbal, alcanzaban percentiles muy elevados, su velocidad de procesamiento se ubicaba muy por debajo de la media para su edad.
“Él puede hablarte de mil cosas y después te hace un berrinche”, contó Ana para explicar la diferencia entre su capacidad intelectual y su madurez emocional.
Tiene ocho años y emocionalmente continúa siendo un niño de ocho años, aunque en determinadas capacidades cognitivas puede desenvolverse como alguien mucho mayor.
Esa diferencia también puede generar situaciones de angustia. Nicolás, por ejemplo, escucha las noticias en la radio y comprende conceptualmente problemas que exceden su edad, pero emocionalmente todavía no cuenta con las herramientas para procesarlos de la misma manera que un adolescente o un adulto.
Otro mito frecuente sostiene que los niños con altas capacidades tienen dificultades para socializar. Ana explicó que no necesariamente es así.
El problema puede estar en encontrar personas con intereses y formas de pensar similares. En el caso de Nicolás, sin embargo, la integración social no representa una dificultad significativa. Tiene amigos, disfruta ir a la escuela y también muestra una particular afinidad por los niños más pequeños, a quienes le gusta ayudar y enseñar.
La escuela, de hecho, tiene para él un fuerte componente social.
El conflicto aparece en el aprendizaje. “Él me decía: ‘No aprendo nada en la escuela’”, recordó Ana. Cuando su mamá le preguntaba qué había aprendido, Nicolás respondía que eso ya lo había aprendido el año anterior.
Para Ana, uno de los principales problemas es que las altas capacidades siguen siendo una temática poco conocida dentro del sistema educativo.
Según explicó, no existe suficiente formación específica en los profesorados y tampoco siempre hay herramientas disponibles para docentes, psicopedagogos y otros profesionales que acompañan a los niños.
Esto puede provocar confusiones con otras situaciones, como dificultades de aprendizaje, déficit de atención o determinadas condiciones del neurodesarrollo, ya que algunos comportamientos pueden presentar características similares.
Además, las altas capacidades no se encuadran dentro de la discapacidad y, por lo tanto, no cuentan con el mismo esquema de acompañamiento institucional.
“Cuando hay discapacidad, las maestras descansan en la adaptación curricular, en el equipo terapéutico. Acá no lo está, entonces lo tiene que hacer la maestra. Y no hay”, planteó Ana.
Una de las alternativas que pueden evaluarse en algunos casos es el adelantamiento de grado, aunque no constituye una solución universal.
También puede contemplarse que un estudiante curse determinadas materias con un grupo de mayor edad cuando sus capacidades lo permiten. Sin embargo, esta posibilidad debe analizarse cuidadosamente porque puede aumentar la distancia con sus pares en el plano emocional.
Por eso, el desafío no consiste simplemente en “subir” el nivel de dificultad. Se trata de encontrar otras formas de enseñar.
En el caso de Nicolás, por ejemplo, la repetición puede bloquearlo, mientras que su manera de comprender parte de lo general hacia lo particular, en lugar de avanzar siempre de lo simple a lo complejo.
“Puede distinto”, resumió Ana. Una frase que, para ella, resulta fundamental para que el niño pueda comprender sus propias capacidades sin sentirse superior ni diferente en términos de valor respecto de sus compañeros.
Frente a esta realidad, familias vinculadas a las altas capacidades trabajan para impulsar una legislación específica.
Ana explicó que la Ley Federal de Educación establece que la escuela debe ser un ámbito de desarrollo para todos los niños, pero consideran necesario contar con herramientas y lineamientos concretos que permitan atender las necesidades de quienes tienen altas capacidades.
En Córdoba ya fue presentado en la Legislatura provincial un proyecto de ley sobre altas capacidades. El objetivo es que las instituciones educativas y las familias tengan un marco de referencia para acompañar a estos niños y favorecer tanto su desarrollo intelectual como su bienestar emocional.
“Ellos sufren emocionalmente”, remarcó Ana.
La demanda, entonces, no apunta únicamente a que los niños puedan aprender más. Busca que puedan aprender de otra manera, sin quedar atrapados en la frustración, el aburrimiento o la sensación de no poder.
En ese camino, la construcción de redes aparece como una herramienta fundamental.
Ana encontró información y acompañamiento a través de la Asociación de Altas Capacidades Argentina y de grupos de familias que atraviesan experiencias similares.
“Los chicos se sienten solos y los padres también nos sentimos solos”, expresó. Para ella, compartir experiencias permite descubrir que muchas de las situaciones que una familia vive en soledad también forman parte de la realidad de otras.
Su mensaje para otras familias es claro: informarse, consultar y buscar acompañamiento ante las dudas.
La historia de Nicolás permitió transformar una preocupación familiar en una oportunidad para visibilizar una realidad que todavía necesita mayor conocimiento. Porque reconocer las altas capacidades no significa colocar una etiqueta ni esperar que un niño pueda resolverlo todo por sí mismo.
Significa comprender cómo aprende, qué necesita, cuáles son sus fortalezas y también dónde aparecen sus dificultades.
Y, sobre todo, entender que tener una capacidad intelectual superior a la media no elimina el derecho de cualquier niño a ser acompañado, escuchado, comprendido y cuidado.
Este jueves se lleva a cabo el Congreso de Altas Capacidades en el auditorio de la legislatura provincial de Córdoba a las 17 horas. “Un evento gratuito que busca ayudar a generar redes humanas”, concluye Ana.
El evento contará con la participación de las disertantes Lic. Paula Barrionuevo, Dra. Paula Irueste, Lic. Gabriela Airasca. La actividad es gratuita y abierta a todo público, con inscripción previa en el siguiente formulario https://forms.gle/43jn44mVMZgpdwVw6
¿Qué características presentaba Nicolás?
Presentaba dificultades para dormir, memoria extraordinaria, curiosidad, facilidad para recordar historias y una particular manera de organizar sus juguetes.
¿Qué confirmó Ana Victoria sobre su hijo?
Confirmó que las características de Nicolás estaban relacionadas con altas capacidades intelectuales cuando él tenía ocho años.
¿Qué problemas enfrentó Nicolás en la escuela?
Enfrentó dificultades y sufrimiento con las tareas escolares, llorando y expresando que no podía hacerlas.
¿Qué busca la legislación específica en Córdoba?
Busca proporcionar herramientas y lineamientos para atender las necesidades de los niños con altas capacidades en las instituciones educativas.
¿Qué importancia tiene la construcción de redes para las familias?
Es fundamental para compartir experiencias y encontrar apoyo en situaciones similares, ayudando a combatir la soledad que sienten tanto niños como padres.
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