Más que números
09/03/2026 | 14:10
Redacción Cadena 3
Damián di Pace
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Cómo impacta el conflicto en Medio Oriente en Argentina
El conflicto en Medio Oriente vuelve a demostrar una vieja verdad de la economía global: lo que ocurre a miles de kilómetros puede sentirse en el bolsillo cotidiano. La suba del petróleo por encima de los 100 dólares el barril encendió alarmas en los mercados y también en Argentina, aunque su impacto no es lineal ni necesariamente inmediato.
De hecho, la situación tiene algo de paradoja para el país. Por un lado, el aumento de los precios internacionales del crudo y de los commodities agrícolas representa una oportunidad para el sector externo. Si Argentina exporta el mismo volumen de petróleo, soja o trigo, pero a precios más altos, el resultado es una mayor entrada de dólares. En una economía crónicamente escasa de divisas, esa es una noticia relevante.
Pero la otra cara de la moneda es menos favorable. Argentina también importa insumos clave que están profundamente vinculados al conflicto en la región del Golfo. Y muchos de esos productos atraviesan uno de los puntos neurálgicos del comercio mundial: el estrecho de Ormuz.
Por ese corredor marítimo pasa cerca de un tercio del comercio global de fertilizantes, como la urea. Si el tránsito se encarece o se complica, el impacto llega directamente al sector agropecuario. Más caro el fertilizante, más altos los costos de producción. Y esos costos, tarde o temprano, se trasladan a los alimentos.
Algo similar ocurre con la industria petroquímica. El 84% de la capacidad de producción de polietileno de Medio Oriente también depende de ese paso estratégico. Este material es la base de innumerables productos de uso cotidiano: bolsas plásticas, botellas, envases, contenedores. Desde que comenzó el conflicto, esos insumos ya aumentaron entre 17% y 20%, y en las últimas horas registraron subas adicionales cercanas al 5,6%.
El fenómeno no termina ahí. Otros derivados como el polipropileno —clave para envases de alimentos o componentes automotrices— o el PVC, utilizado en tuberías y materiales de construcción, también están bajo presión. Es decir: no solo sube el petróleo, sino también una larga cadena de insumos industriales.
Todo eso configura un escenario potencialmente más inflacionario a escala global.
Para Argentina el impacto tiene, además, un canal directo: el precio de los combustibles. En la última semana ya se registraron aumentos cercanos al 3,6% en los surtidores, en línea con la estrategia de microajustes que vienen aplicando las petroleras.
La experiencia económica local muestra que existe una relación bastante clara entre el petróleo y la inflación. Las estimaciones indican que cada suba del 10% en el precio del crudo agrega entre 0,1 y 0,3 puntos porcentuales a la inflación. Si el barril ya acumuló incrementos cercanos al 30%, el efecto potencial sobre los precios internos no es menor.
Sin embargo, el traslado no siempre es inmediato. Argentina suele tener cierto margen gracias a los stocks acumulados o a decisiones políticas sobre el precio interno del combustible. El problema aparece cuando el conflicto se prolonga y las importaciones deben hacerse con precios internacionales más altos.
En ese punto reaparecen viejos debates. Uno de ellos es el del "barril criollo", el mecanismo por el cual se fijaba un precio interno del petróleo distinto al internacional para amortiguar el impacto local. La historia muestra que esas soluciones pueden funcionar como alivio transitorio, pero también tienden a desalentar inversiones y a distorsionar el mercado energético.
Hay, sin embargo, otro factor que suele pasar más desapercibido: la carga impositiva.
En Argentina, más de la mitad del precio final de la nafta corresponde a impuestos. Entre tributos nacionales —como el IVA, el impuesto a los combustibles líquidos o el impuesto al dióxido de carbono—, provinciales —como Ingresos Brutos— y municipales —como tasas de inspección o viales—, la carga tributaria ronda el 55% en la ciudad de Buenos Aires y cerca del 56% en el interior del país.
En otras palabras: cuando sube el petróleo, el mercado empuja los precios hacia arriba. Pero el peso del Estado en el precio final muchas veces amplifica ese impacto.
Por eso, cada crisis energética global vuelve a poner sobre la mesa la misma discusión. Si el precio internacional del crudo se dispara por conflictos geopolíticos, la pregunta no es solo cuánto sube el petróleo. También es cuánto margen existe para amortiguar ese golpe dentro de la economía doméstica.
Porque el conflicto puede empezar en Medio Oriente. Pero sus efectos terminan, inevitablemente, en el surtidor de la esquina.
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