Otra vez la danza de la lluvia: pacto de precios y salarios

La quinta pata del gato

Otra vez la danza de la lluvia: pacto de precios y salarios

04/02/2021 | 11:32 |  

Adrián Simioni

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Otra vez la danza de la lluvia: pacto de precios y salarios

Una de las más antiguas supersticiones de la Argentina es que la inflación se puede atajar con un pacto de precios y salarios. Por décadas los brujos de la economía han convocado a empresarios y sindicalistas al mismo ritual, que siempre fracasa: pese a la cantidad de veces que se hicieron estos acuerdos, hace 70 años que tenemos una inflación casi constante, como ningún otro país en el mundo.

Creer que en la economía todos los precios y los salarios deben subir y que encima todos tienen que subir más o menos 29%, como plantea en definitiva el ministro de Economía, Martín Guzmán, es pensamiento mágico. Por eso, estas cosas son un exotismo más de la Argentina: no se hacen en ningún lugar del mundo.

Ponéle los salarios: es imposible que se comporten todos igual. Entre otras cosas, porque la productividad de cada sector es distinta. El salario de los aceiteros puede subir mucho si la soja mundial está en ascenso. El sueldo de un ñoqui en una provincia feudal, en cambio, depende de lo que la Nación le mande al gobernador. Y el de un operario del calzado atado al miserable mercado interno tal vez no se pueda subir, porque pone en riesgo el puesto de trabajo.

Incluso dentro de cada sector nadie es igual: no es igual el salario que puede pagar un frigorífico en Morón que tiene tarifa de gas congelada que el de un frigorífico en San Luis que ni siquiera tiene gas.

Con los precios de los bienes que produce toda esa gente (menos el ñoqui, que no produce nada) pasa exactamente lo mismo.

En Argentina los planes más famosos de este tipo se intentaron en 1952, 1973, 1977 y 1985. Cuando mucho, si el gobierno tenía mucho poder, tenían un tímido éxito inicial. Y después estallaban.

El motor de la inflación en Argentina no son ni las empresas ni los trabajadores. Es el Estado, que gasta tanto que no puede parar de emitir. Pero el gobierno no está decidido a reducir el gasto público. Y mucho menos quiere hacerlo antes de la elección legislativa. Así que, mientras tanto, para distraernos, va a convocar a los mismos de siempre, sindicalistas y empresarios, a que se calcen el taparrabos, pelen los tambores y vuelvan a bailar la vieja danza de la lluvia, en la que ninguno de ellos cree.

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