Las paritarias son uno de esos pilares del mercado laboral.

La quinta pata del gato

¿Las paritarias van a ser cosas del pasado?

13/04/2026 | 11:01

   

Redacción Cadena 3

Adrián Simioni

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¿Las paritarias van a ser cosas del pasado?

Hay instituciones que parecen inamovibles hasta que, casi sin aviso, empiezan a perder centralidad. En la Argentina, las paritarias fueron durante décadas uno de esos pilares del mercado laboral: el mecanismo por excelencia para fijar salarios, ordenar expectativas y sostener, con mayor o menor éxito, el poder adquisitivo. Pero los datos empiezan a plantear una pregunta incómoda: ¿Siguen siendo realmente el eje de la negociación salarial o están comenzando a quedar atrás?

Un análisis de la Fundación Capital sobre las 18 principales paritarias nacionales muestra un panorama elocuente. La enorme mayoría corre por detrás de la inflación. Solo una —la de choferes— logró superarla en el primer trimestre del año. Doce están claramente en terreno negativo, entre ellas comercio, camioneros, estatales, sanidad, gastronomía, textiles y SMATA. Otras cinco apenas empatan. El dato no es menor: si el principal instrumento de negociación salarial pierde contra la inflación de forma sistemática, su capacidad de ordenar ingresos empieza a diluirse.

El caso de comercio es particularmente ilustrativo. Según el estudio, ni siquiera se están acordando aumentos porcentuales tradicionales, sino bonos y pagos a cuenta. Es decir, mecanismos más flexibles, más fragmentados y, en muchos casos, menos transparentes. Una señal de que algo está cambiando.

Sobre este fenómeno conviven dos lecturas. Una apunta al Gobierno nacional: la idea de que existe un “techo” implícito en la homologación de acuerdos, utilizado como ancla para desacelerar la inflación. En ese esquema, las paritarias dejan de ser una herramienta de defensa del salario y pasan a formar parte de una estrategia macroeconómica más amplia.

La otra lectura, más cercana al oficialismo, plantea un cambio más estructural: la necesidad de romper con un esquema homogéneo de aumentos para todo un sector y avanzar hacia una lógica más descentralizada, donde los salarios reflejen productividad, realidades empresarias y condiciones regionales. En ese enfoque, las paritarias masivas —tal como se conocen en la Argentina— aparecen como una excepción a nivel internacional, difícil de sostener en un contexto de heterogeneidad económica creciente.

Los datos de recaudación aportan otra capa de análisis. Los ingresos de la ANSES por contribuciones patronales crecieron 29,2% interanual en marzo, por debajo de una inflación que ronda el 33%. En términos reales, implica una caída. Es una señal de que los salarios registrados pierden poder adquisitivo. Sin embargo, hay matices: la cantidad de trabajadores formales cayó alrededor de 1%, y en paralelo se multiplicaron los pagos no remunerativos, bonos y sumas en negro, que no impactan plenamente en esas estadísticas.

Ese desfasaje revela algo más profundo: los salarios reales pueden estar moviéndose por carriles distintos a los de las paritarias. Es decir, incluso debilitadas, las negociaciones colectivas ya no reflejan necesariamente lo que ocurre en la práctica dentro de empresas y sectores. Empieza a emerger una dinámica más fragmentada, donde conviven acuerdos formales con arreglos informales, individuales o parciales.

En ese contexto, la pregunta deja de ser técnica y pasa a ser política: ¿Qué lugar ocuparán las paritarias en el futuro del mercado laboral argentino? Porque si pierden centralidad, no solo cambia la forma de fijar salarios. También se redefine el rol de los sindicatos, cuya principal función histórica ha sido, precisamente, negociar esas condiciones.

La posibilidad de una negociación más individualizada —donde cada trabajador o cada empresa acuerde en función de su productividad— implica un cambio cultural profundo. Supone pasar de un modelo colectivo, con reglas relativamente uniformes, a uno más atomizado, con ganadores y perdedores más visibles.

Nada de esto ocurre en el vacío. Forma parte de un intento más amplio de reformular las bases del sistema laboral. Pero como toda transformación estructural, abre interrogantes. Entre ellos, uno central: si las paritarias dejan de ser ese “piso común” que ordena el mercado, ¿Qué mecanismo ocupará su lugar para evitar que la desigualdad se amplifique aún más?

Los indicios sugieren que aquello que durante décadas fue una referencia casi indiscutida empieza, lentamente, a correrse del centro de la escena. Y cuando eso sucede, lo que viene después no siempre es claro.

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