Ignacio Scocco, Carlos Tévez y Pablo "Cholo" Guiñazú

Informe de La Previa

¿Quién retira a los ídolos?

26/04/2020 | 14:01 | ¿Está mal que ciertos jugadores reciban más consideraciones a la hora de retirarse? ¿No merecen cierto crédito y un poco más de aguante que el resto? ¿Hasta donde es peligroso enamorarse del éxito?

Mauricio Coccolo

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Ignacio Scocco, Carlos Tévez y Pablo "Cholo" Guiñazú

A nadie le gusta que le digan que ya no puede, que no va más, que es momento de dar un paso al costado, que mejor un cambio de aire, pero en los trabajos en equipo esas decisiones se imponen, llegan. En algún momento, sí o sí, alguien tiene que hacerlo. El tema es quién: ¿el protagonista o un tercero? ¿Quién retira a los ídolos?.

El caso más reciente es el de Lucas Pratto en River: ¿ya está? ¿O se ganó todas las oportunidades que necesite gracias a los goles que le hizo a Boca?.

El jugador más caro de la historia del club pasó por todas las etapas. Al principio, le costó, el técnico lo bancó y terminó devolviendo los 14 millones con un gol en cada final de la Copa Libertadores contra el eterno rival.

Cuando parecía que lo mejor de Pratto en River estaba por llegar, después de su gol contra Paranaense en la Recopa, una lesión le cortó el impulso y no volvió a encontrar el nivel. Perdió el lugar en el equipo titular y no hizo muchos méritos como para recuperarlo. Entonces, volvieron las discusiones: ¿Qué tendría que hacer Gallardo con el Oso, dejarlo ir o intentar recuperarlo?

Mientras Lucas Pratto busca reencontrarse con sus goles perdidos, los hinchas debaten sobre qué debería pasar con él y su representante mete presión a través de los medios. “Va a analizar las ofertas que le lleguen”, dijo Gustavo Goñi sobre el posible futuro de Pratto.

Junto con la situación de Pratto, Gallardo también tiene sobre la mesa, para resolver, el dilema de Ignacio Scocco. Casos parecidos, pero diferentes. Scocco lleva más tiempo en el club, está un escalón por encima de Pratto en la preferencia de los hinchas y, fundamentalmente, hizo muchos méritos para jugar en los últimos meses.

Sobre Ignacio Scocco ya se decía que estaba viejo cuando llegó a River, pero demostró que los años acumulados eran experiencia y profesionalismo. El delantero de Hughes se hizo querer por la gente a fuerza de goles importantes, pero siempre dejó en claro que su corazón estaba en otro lado. Incluso, contó que su idea es jugar unos años en el club del pueblo después del retiro. El tema es, ¿dónde se va a retirar? ¿Será en Newell’s?

A lo largo de su ciclo como técnico de River, Marcelo Gallardo tuvo que enfrentarse a muchas situaciones similares: jugadores de una edad avanzada, que en su momento habían rendido en niveles muy altos, pero que con el paso del tiempo fueron perdiendo preponderancia. El ejemplo más cercano es el de Leonardo Ponzio.

Ponzio estaba con un pie afuera de River cuando llegó Gallardo, y el técnico no solamente lo recuperó, sino que además lo ayudó a convertirse en ídolo. Quizás sea por eso, por gratitud, que hoy Leo se banca ser suplente y dar una mano cada tanto, mientras completa los últimos casilleros de la tómbola de su vida profesional.

Otra situación particular que provocó acalorados debates entre los hinchas de River fue la de Jonathan Maidana. El defensor, a diferencia de Ponzio, no necesitó que el técnico lo rescatara del fondo del cajón. Ya estaba consolidado y después se convirtió en un puntal del ciclo, hizo jugar mejor a casi todos sus compañeros de zaga, pero cuando llegó el día, Gallardo le dio una palmada y lo acompañó a tomar el avión rumbo a México.

El gran dilema con los ídolos pasa por si tienen que decidir ellos cuándo es el momento de irse o la decisión debe ser tomada por el técnico o la dirigencia de turno. Lo que acaba de pasar con Carlos Tevez abre otra puerta de análisis.

Hasta la llegada de Russo, Ameal, Riquelme y compañía, parecía que lo del Apache en Boca era cosa juzgada. Solo faltaba saber quién le bajaría el martillo. Pero, de repente, Tevez reverdeció todos sus laureles y ahora parece estar en un sitio superior: en el altar de los intocables.

Los que entran al olimpo de los ídolos plantean otro tipo de discusiones. En su momento, por ejemplo, tanto Ariel Ortega, en River, como Juan Román Riquelme, en Boca, sufrieron cuestionamientos por parte de quienes entendían que habían llegado a un punto en el que jugaban más para ellos, para sus propios orgullos, que para el equipo.

No es fácil, tampoco, la tarea de los que tienen que asumir la responsabilidad de terminar con la carrera de un ídolo. Claro que algunos demuestran toda su grandeza haciendo ellos mismos ese trabajo, para evitar que tengan que hacerlo otros. Un buen ejemplo es el de Pablo Guiñazú en Talleres, que un día dijo basta, y fue basta. Él solo tomó la decisión sin involucrar al técnico o a los dirigentes.

En la otra vereda, hay etapas que —vistas a la distancia— dan la sensación de haberse estirado más de la cuenta. Por ejemplo: Belgrano consiguió en el 2011 el logro más importante de su historia y la base de aquel plantel se sostuvo durante mucho tiempo. Cuando llegó el momento del recambio, para algunos más tarde de lo que se debía, la estructura se derrumbó como un castillo de naipes.

Así en el fútbol, como en la vida, hay ejemplos para todos los gustos y ya se sabe que cada uno habla de la feria según cómo le va en ella. Por caso, Independiente desarmó en un abrir y cerrar de ojos casi todo el plantel que lo llevó a ser campeón de la Sudamericana. Bueno, ahí está la otra biblioteca, la que señala que puede ser un error no mantener una base de futbolistas.

¿Está mal que los jugadores que hicieron cosas importantes tengan un changüí, como se dice en el barrio? ¿No merecen cierto crédito y un poco más de aguante que el resto? ¿Hasta donde puede ser peligroso enamorarse de los éxitos? ¿Quién retira a los ídolos?

Informe de Mauricio Coccolo.

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