El fútbol, en pausa (Por Mauricio Coccolo)

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El fútbol, en pausa

21/03/2020 | 15:58 | La pelota dejó de rodar en todo el mundo por la pandemia de coronavirus. En Argentina, la suspensión del campeonato tuvo varias idas y vueltas. Escuchá. 

Mauricio Coccolo

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El fútbol, en pausa (Por Mauricio Coccolo)

Por primera vez en la historia el fútbol argentino está suspendido debido a una pandemia. La serie de la suspensión dejó capítulos que serán tristemente célebres. Todo empezó cuando a algunos se les ocurrió plantearse si lo que ya estaba pasando en Europa no podía tomarse como un anticipo de lo que podría suceder acá. Pero nadie prestó mucha atención.

La Superliga, con fecha de vencimiento, y la AFA siguieron adelante con el nuevo engendro: la Copa Superliga. Antes de que empezara la competencia local, la Conmebol ya había obligado a cerrar las puertas en el partido de Racing por la Copa Libertadores, aunque curiosamente el mismo día dejó que se jugará un clásico en Brasil a estadio repleto.

El viernes por la mañana, cuando faltaban horas para que se abriera la primera fecha de la Copa Superliga, empezaron los rumores. Se habló de supuestos mensajes entre los capitanes de los clubes buscando suspender el fútbol, pero la pelota no se detuvo. Aunque por recomendación del Gobierno Nacional los partidos se jugarían sin público.

La rosca política, mezclada con preocupaciones genuinas por la salud pública, terminó dejando como resultado un sábado 14 de marzo para el olvido, aunque será recordado por mucho tiempo como el día en que River decidió no presentarse a jugar un partido.

Obedeciendo al pedido de sus jugadores y cuerpo técnico, Rodolfo D’Onofrio decidió cerrar las puertas del estadio Monumental, paralizando todas las actividades del club. Los motivos —y especialmente las formas— de la determinación todavía se discuten, pero lo concreto es que el partido contra Atlético Tucumán nunca se jugó.

Las imágenes, transmitidas en vivo y en directo para el mundo, fueron dantescas: la utilería tucumana llegando hasta el portón cerrado de uno de los estadios más emblemáticos del país, el árbitro Delfino, acompañado por una escribana, dejando constancia de la suspensión y la catarata de discusiones que siguieron sobre la sanción que debería corresponderle a River.

Diez de los once partidos que estaban programados por la Copa Superliga se jugaron sin gente en los estadios. Como detalle anecdótico, el único local que pudo ganar fue Independiente. Pero la historia lejos de normalizarse todavía tenía algunos episodios más.

El domingo a la noche, antes de que se jugaran los dos últimos partidos del día, el presidente Alberto Fernández habló en conferencia de prensa y presionó para que el fútbol continuara disputándose sin público. “No veo inconvenientes para que siga”, dijo dejando en claro cuál era la postura del Gobierno.

El lunes 16, cuando en Argentina se seguía jugando con cierta normalidad al fútbol, todos los campeonatos de los países de la Conmebol ya habían decidido parar la actividad. Incluso las Eliminatorias y la Copa Libertadores estaban suspendidas desde la semana previa.

La AFA y todos los clubes (excepto River) se alinearon con lo que había dicho el presidente del país, por lo que no les parecía mal seguir con el fútbol a puertas cerradas. Algunos espadachines mediáticos de “Chiqui” Tapia, como Malaspina —presidente de Argentinos—, salieron a copar la parada mediática y argumentaron a favor de la continuidad.

Al final, terminaron siendo los actores principales del juego los que se plantaron. Algunas fibras debieron tocar las declaraciones de Julio Falcioni, cuando contó que los obligaron a jugar bajo amenaza de quita de puntos. El mensaje del técnico de Banfield tuvo, además, la fuerza de una persona que acató la orden a pesar de haber tenido cáncer y neumonía y ser un paciente de altísimo riesgo al que habían obligado a trabajar.

El rol de Futbolistas Argentinos Agremiados fue el de siempre desde que Sergio Marchi es su Secretario General: obedecer a la AFA. La opinión de los jugadores quedó en un segundo plano, mientras Marchi salía al centro del ring para pelearse con todos los que decían que lo más sensato era parar el fútbol.

Recién el martes 17, cerca del mediodía, llegó la comunicación oficial: el fútbol argentino quedaba suspendido hasta el 31 de marzo por pedido de Matías Lammens, el Ministro de Turismo y Deportes. Hasta en ese detalle los dirigentes de la AFA, como dicen en el barrio, perdieron aceite: ya que el Gobierno había dicho que se jugara sin público, ellos querían que el mismo Gobierno anunciara la suspensión. Chiquitaje, que se le dice.

El efecto dominó fue previsible: planteles licenciados, clubes cerrados, rutinas de entrenamiento individuales, especulaciones sobre las pérdidas económicas, debates a cerca de una posible reanudación y para completarla: Asamblea de la AFA y la Superliga, con Chiqui Tapia y Marcelo Tinelli como grandes ganadores y gestores de la unidad.

El fútbol argentino estará en pausa hasta que la pandemia se convierta en un amargo recuerdo y el país recupere su vida normal. Mientras tanto, no queda otra más que sentarse y esperar.