Otra mirada
08/04/2026 | 09:25
Redacción Cadena 3
Fernando Genesir
Audios
El portal del estudio: cómo un ingeniero nuclear venció al destino en un paraje
En un mundo caótico como en el que vivimos hay historias, muchas historias que inspiran, que impulsan, que animan y que dan esperanza de un futuro mejor, de un mundo mejor. Por eso quería compartir una charla que tuvimos ayer en La Argentina Posible y que tuvo muchísima repercusión.
Es la historia de Gabriel, un salteño que nació en 1991 en el paraje El Candado, un caserío donde apenas vivían ocho familias. Imaginen un rincón rural del norte argentino, allá en Salta, tan pequeño que con el paso de los años sus habitantes fueron emigrando y hoy ya no queda nadie viviendo allí. Gabriel nació en un lugar sin agua corriente, sin energía eléctrica, marcado por la pobreza y las dificultades extremas para estudiar.
Sus padres, Eleuterio y Rafaela, trabajaban sin cesar a cambio de muy poco dinero en una plantación de café, justo en el límite con Bolivia, entre la selva salteña y las montañas. Para comer, consumían los animales que criaban o cazaban, y lo que sembraban. Solo de vez en cuando lograban viajar 50 kilómetros hasta Aguas Blancas para comprar lo básico, como las velas que usaban para alumbrarse cada noche en su casa de adobe y madera.
Pero en ese contexto, Eleuterio y Rafaela tuvieron una claridad envidiable: creyeron en la educación como la única llave hacia la libertad. Especialmente mamá Rafaela, quien impulsó a sus seis hijos a no rendirse. La estrategia era artesanal y sacrificada: cuando alguno terminaba la primaria en el paraje, Rafaela buscaba familias en el pueblo que necesitaran ayuda en las tareas del hogar a cambio de darles techo para que pudieran ir a la secundaria.
Ese esfuerzo dio frutos increíbles. Hoy, los seis hermanos son profesionales: hay médicos y docentes. Pero el camino de Gabriel, el menor, lo llevó a niveles impensados. Él descubrió que el estudio le abría puertas a un mundo desconocido. Se enteró de que existía el Instituto Balseiro y supo que, si se esforzaba, podía acceder a una beca completa que era casi como un sueldo.
"Mis padres no me podían pagar una universidad ni un departamento; esa fue la vía para rebuscármelas", cuenta Gabriel con una humildad que conmueve.
En 2011 entró al Balseiro y hoy, aquel chico que estudiaba a la luz de las velas, es ingeniero nuclear y vive en Barcelona.
Esta es la historia de Gabriel Rueda, pero también es la historia de la Argentina de las posibilidades, la de la escuela y la universidad pública que funcionan como un portal hacia el progreso. Es el reflejo de cómo alguien que no conocía otra realidad, pudo transformar su vida al descubrir que existía un horizonte más allá de los cerros.
Historias que inspiran, que contagian y que nos demuestran que, aun en los rincones más olvidados, el talento y el esfuerzo —cuando encuentran una mano tendida— pueden llegar hasta el otro lado del océano.
¿Quién es el protagonista de la historia? Gabriel Rueda, un joven salteño que nació en El Candado.
¿Qué logró Gabriel a través de la educación? Se convirtió en ingeniero nuclear y vive en Barcelona.
¿Cuándo ingresó al Instituto Balseiro? En 2011.
¿Dónde nació Gabriel? En el paraje El Candado, en Salta.
¿Por qué es importante la historia de Gabriel? Refleja cómo la educación pública puede transformar vidas y ofrecer oportunidades.
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