Jorge Luis Borges y su ceguera, ese lento crepúsculo.
Jorge Luis Borges y su ceguera, ese lento crepúsculo.

A 124 años de su nacimiento

Cómo hizo Borges para afrontar su ceguera y no abandonar su pasión: los libros

24/08/2023 | 10:49

 

Redacción Cadena 3

Juan Esteves

En 1977 Jorge Luis Borges realizó un ciclo de conferencias en el teatro bonaerense Coliseo y dedicó su último discurso a la ceguera, en la que habló sobre su "modesta ceguera personal": total de un ojo y parcial del otro.

En su charla, el escritor planteó que vivía en un mundo de colores y no en esa "ceguera perfecta en que piensa la gente", ya que, según dijo, comenzó a perder la vista cuando empezó a ver. Así, refiere a que "ese lento crepúsculo" inició cuando nació y se extendió durante más de medio siglo "sin momentos dramáticos".

Heredó la enfermedad de su familia paterna, ya que su bisabuelo, su abuela y su padre también la tuvieron.

A sus 78 años, confesó que todavía podía descifrar algunos colores, entre los que señaló el verde, el azul y el amarillo, color que "nunca le fue infiel", y recordó su devoción de niño por quedarse en el zoológico ante la jaula de tigres y leopardos admirando "el oro" de aquellos animales.

Comentó que la gente se equivoca cuando imagina al ciego "encerrado en un mundo negro", y agregó que extrañaba el negro y el rojo. Así, reveló que el mundo del ciego es un mundo de neblina verdosa o azulada y "vagamente luminosa" y remarcó que dicho mundo "no es la noche que la gente supone''.

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El escritor señala un quiebre en 1955 "para los propósitos de la conferencia" y lo marca como el año en que supo que ya había perdido su vista "de lector y de escritor". Particularmente es el año en que la "Revolución Libertadora", tras el golpe a Juan Domingo Perón, lo nombró director de la Biblioteca Nacional.

Lo primero que hizo en su cargo fue averiguar que había 900 mil volúmenes. "Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el paraíso bajo la especie de una biblioteca. Era el centro de 900 mil volúmenes y comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos", sostuvo. Así, Borges se dio cuenta realmente que la lectura de los libros le estaba prohibida.

"Cuando comprobé que ahí estaban los libros y que tenía que preguntar a mis amigos el nombre de ellos, recordé una frase que decía que cuando algo concluye, debemos pensar que algo comienza", reflexionó, y a partir de allí, decidió dedicarse de lleno al estudio de la lengua y literatura anglosajona y reemplazó el mundo de las apariencias por el mundo de lo audible.

"Escribí muchos poemas basados en esos temas y sobre todo gocé de esas literaturas. No permití que la ceguera me acobardara", aseguró. Además, siguió escribiendo y publicando libros durante sus años de oscuridad y hasta el fin de su vida.

En esa línea, explicó que la ceguera no fue para él una desdicha total y que no se la debe ver "de un modo patético", sino como un modo de vida. 

Además, añadió que "ser ciego tiene sus ventajas" y reconoció que le debe a su afección el estudio, el conocimiento y el goce de diversas cosas, entre las que destacó su libro "Elogio de la sombra", en el que escribió un poema (con el mismo nombre) que alude a su ceguera.

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En la conferencia, Borges refiere que la poesía no debe ser visual, sino auditiva, y evoca a Homero, el autor de "La Ilíada" y "La Odisea", quien también era ciego y también nombró a otros célebres escritores universales que tuvieron el mismo destino de no ver y que ello no les impidió seguir su curso en el mundo de las letras.

"¿Quién puede conocerse más que un ciego?", preguntó sin dar lugar a respuestas. "Para la tarea del artista, la ceguera no es del todo una desdicha: puede ser un instrumento", aseguró.

Señaló que "un escritor, o todo hombre", debe pensar que todo lo que le ocurre es un instrumento y que todas las cosas le han sido dadas para un fin, y en el caso del artista, según Borges, le ha sido dado "como arcilla, como material para su arte y tiene que aprovecharlo"

"Esas cosas nos fueron dadas para que las transmutemos, para que hagamos de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas o que aspiren a serlo. Si el ciego piensa así, está salvado. La ceguera es un don", consideró.

Para dar fin a su conferencia, dijo: "He querido mostrar que la ceguera no es una total desventura, sino que debe ser un instrumento más entre los muchos, tan extraños, que el destino o el azar nos deparan".

La conferencia completa sobre la ceguera

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Dos poemas de Borges que aluden a su ceguera 

"El oro de los tigres": Da cuenta de esa "relación amistosa" entre el amor y la fidelidad que le brindó el color amarillo en el curso de su vida y la devoción que tenía hacia los tigres.

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"Poema de los dones": Lo escribió en el año 1955, cuando, al ser nombrado director de la Biblioteca Nacional, se dio cuenta de la ironía que era el centro de 900 mil libros y no podía leerlos.

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