Milei y Santilli.

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Sobre emocionalidad y política: el largo abrazo de Milei con Santilli y Adorni

01/07/2026 | 07:24

 

Redacción Cadena 3 Rosario

Sergio Berensztein

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Sobre emocionalidad y política: el largo abrazo de Milei con Santilli y Adorni

La política suele analizarse desde las ideas, las estrategias, las alianzas o los números de las encuestas. Sin embargo, cada vez estoy más convencido de que existe una dimensión que muchas veces subestimamos y que resulta decisiva para comprender cómo gobiernan los líderes: la emocionalidad. Durante años estudié sistemas políticos, campañas y comportamiento electoral, pero debo reconocer que la formación tradicional de la ciencia política deja enormes vacíos a la hora de entender el peso que tienen las emociones en la toma de decisiones.

Lo digo porque, si hay un dirigente al que resulta imposible interpretar únicamente desde la lógica racional, ese es Javier Milei. Para comprender muchas de sus decisiones, de sus alianzas y de sus rupturas, es imprescindible incorporar el componente emocional. No alcanza con analizar intereses, ideologías o conveniencias políticas. Hay vínculos personales, lealtades y afectos que terminan condicionando buena parte del funcionamiento del gobierno.

El abrazo que protagonizaron Milei, Diego Santilli y Manuel Adorni durante la asunción del nuevo jefe de Gabinete fue mucho más que una imagen simpática para las redes sociales. Fue una demostración pública de un estilo de liderazgo donde los gestos afectivos tienen un enorme significado político. Ese abrazo, que incluso derivó en un video para TikTok, transmitió un mensaje interno y externo sobre quiénes integran el círculo de confianza del Presidente.

Muchas veces observamos que Milei cambia de opinión respecto de dirigentes con los que antes mantenía enfrentamientos muy duros. Lo hizo con Santilli, como antes ocurrió con otros referentes de la política. Del mismo modo, personas que alguna vez ocuparon un lugar privilegiado en su consideración pueden terminar completamente alejadas. Esas oscilaciones suelen desconcertar a quienes intentan interpretar la política únicamente desde el cálculo estratégico.

En ese contexto también se entiende la decisión de sostener a Manuel Adorni en medio de una fuerte controversia pública. Más allá del costo político que esa decisión pueda tener, el Presidente parece guiado por una convicción personal muy profunda: considera que Adorni estuvo a su lado cuando muy pocos apostaban por él. Esa historia compartida pesa tanto o más que cualquier evaluación estrictamente política.

Las lealtades ocupan un lugar central dentro del universo libertario. No se trata solamente de compartir un proyecto de gobierno, sino de construir relaciones personales muy fuertes que luego condicionan la manera en que se toman las decisiones. En ese aspecto, la relación entre Javier y Karina Milei también resulta determinante, porque ambos parecen compartir una mirada donde la confianza personal vale tanto como la capacidad técnica o la conveniencia política.

La ciencia política comenzó a comprender este fenómeno gracias al aporte de otras disciplinas. La psicología, la economía del comportamiento e incluso la neurociencia demostraron que las personas no decidimos únicamente de manera racional. Buena parte de nuestras elecciones están atravesadas por impulsos, emociones y percepciones que muchas veces ni siquiera somos capaces de explicar con palabras.

Existen investigaciones que muestran cómo determinadas imágenes despiertan reacciones emocionales que no siempre coinciden con lo que las personas declaran públicamente. Un votante puede afirmar que rechaza a un dirigente, pero las respuestas emocionales registradas por distintos estudios indican algo diferente. Esa distancia entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que finalmente hacemos también aparece cuando llega el momento de votar.

Con los líderes políticos ocurre exactamente lo mismo. Hay relaciones que funcionan porque existe una afinidad casi instintiva y otras que fracasan aunque desde el punto de vista político serían convenientes. Me ha tocado intentar acercar a dirigentes que compartían objetivos comunes y, aun así, eran incapaces de mantener una conversación cordial simplemente porque existía un rechazo personal imposible de superar.

Por eso muchas decisiones aparentemente inexplicables encuentran sentido cuando se incorpora la dimensión emocional. Hay funcionarios a los que un presidente protege aun cuando eso implique asumir costos políticos importantes. También existen tareas que algunos mandatarios prefieren delegar porque les generan incomodidad o porque implican enfrentarse con personas hacia las que mantienen vínculos afectivos.

Lejos de representar una debilidad, esta característica también humaniza a los dirigentes. Los políticos, como cualquier persona, atraviesan momentos de entusiasmo, frustración, enojo o tristeza. Tienen días buenos y días malos. Sus estados de ánimo influyen en las conversaciones que mantienen, en las decisiones que adoptan y en la forma en que construyen poder.

Comprender esa dimensión resulta especialmente importante en el actual gobierno. Javier Milei gobierna con una intensidad emocional que atraviesa buena parte de su estilo de conducción. Sus simpatías y antipatías tienen consecuencias concretas sobre la administración del Estado y sobre la conformación de su equipo político. Ignorar ese rasgo sería quedarse con una explicación incompleta de la realidad.

La política nunca fue únicamente una competencia de ideas. También es un espacio donde las relaciones humanas, las emociones y las experiencias personales moldean decisiones trascendentes. Quienes analizamos el poder tenemos la obligación de incorporar esa perspectiva si realmente queremos entender por qué determinados líderes actúan como actúan.

Por eso creo que el abrazo entre Milei, Santilli y Adorni no fue una simple postal ni un gesto para las redes sociales. Fue la expresión más visible de una forma de ejercer el poder donde la confianza, la lealtad y la emocionalidad ocupan un lugar tan importante como la estrategia política. Entender esa lógica es indispensable para interpretar el presente y anticipar muchas de las decisiones que vendrán.

Lectura rápida

¿Qué dimensión se destaca en el análisis político? La emocionalidad es una dimensión subestimada que influye en la toma de decisiones de los líderes.

¿Quién es el dirigente mencionado como difícil de interpretar? Javier Milei es el dirigente cuyo comportamiento no puede ser entendido solo desde la lógica racional.

¿Cuándo ocurrió el abrazo significativo entre los políticos? El abrazo tuvo lugar durante la asunción del nuevo jefe de Gabinete.

¿Dónde se menciona la influencia de las emociones en las decisiones? Se menciona que las emociones afectan la administración del Estado y la conformación del equipo político.

¿Por qué es importante comprender la emocionalidad en la política? Comprender la emocionalidad es esencial para interpretar las decisiones y acciones de los líderes políticos.

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