Cuadro de situación
22/06/2026 | 07:34
Redacción Cadena 3 Rosario
Sergio Berensztein
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Acerca del discurso presidencial del sábado: las ideas de Mayo no se manchan
Cada vez que en la Argentina discutimos sobre nuestros próceres, en realidad también estamos discutiendo sobre nuestro presente. Por eso me parece importante poner en contexto las recientes definiciones del presidente Javier Milei sobre Manuel Belgrano. No estamos hablando de una figura menor ni de un personaje histórico sujeto a las controversias habituales que rodean a otros protagonistas de nuestra historia. Belgrano es, probablemente junto con José de San Martín, uno de los pocos próceres que conserva un amplio consenso social y político.
Ese consenso no es casual. Belgrano representa el sacrificio personal en favor de una causa colectiva. Hijo de una de las familias más acomodadas del Río de la Plata, con una formación intelectual privilegiada obtenida en España, decidió abandonar una vida cómoda para comprometerse con la Revolución de Mayo y con la construcción de una nación independiente. Incluso sin formación militar de origen, asumió responsabilidades decisivas en la defensa del territorio y protagonizó campañas fundamentales para frenar el avance español desde el Alto Perú.
Para comprender sus ideas también es necesario comprender el contexto de la época. La economía colonial estaba organizada alrededor de monopolios comerciales extremadamente rígidos. El comercio dependía de autorizaciones reales y el contrabando era una práctica habitual. Belgrano conocía perfectamente ese sistema y por eso defendía con convicción la apertura económica y la libertad de comercio frente a las restricciones impuestas por la Coroña española.
Sin embargo, reducir a Belgrano exclusivamente a un pensador liberal en materia económica implica una lectura incompleta de su legado. Las ideas que inspiraron a los hombres de Mayo provenían también de la Ilustración y de la Revolución Francesa. Libertad, igualdad y fraternidad formaban parte de un mismo cuerpo doctrinario. Eran principios inseparables que ayudaron a moldear la identidad política de las nuevas naciones americanas.
Por eso considero que existe una operación ideológica cuando se rescata únicamente una parte de ese pensamiento y se minimizan las demás. El presidente enfatiza el liberalismo económico de Belgrano, pero deja en un segundo plano conceptos igualmente centrales como la igualdad y la fraternidad. Y esos valores no fueron accesorios en la construcción de la Argentina; estuvieron presentes desde el nacimiento mismo de nuestra nación.
Basta escuchar las estrofas del Himno Nacional para advertirlo. La referencia a la “noble igualdad” no es una casualidad ni una licencia poética. Refleja una concepción política profundamente arraigada en nuestra historia. La libertad siempre estuvo acompañada por la aspiración a una sociedad más igualitaria y cohesionada. Esa combinación forma parte del ADN argentino.
Lo que me preocupa es que esta reinterpretación del pasado se parezca demasiado a prácticas que durante años criticamos en otros sectores políticos. Reescribir la historia desde las necesidades ideológicas del presente ha sido una constante en la Argentina. Distintas corrientes han intentado apropiarse de figuras históricas para validar proyectos contemporáneos. El riesgo es terminar utilizando a los próceres como instrumentos de una batalla política actual.
La consecuencia de ese fenómeno es que seguimos discutiendo el pasado mientras nos cuesta construir acuerdos sobre el futuro. Somos un país donde la interpretación de la historia cambia permanentemente según quién gobierne. Y eso dificulta la construcción de consensos básicos sobre qué sociedad queremos ser y hacia dónde queremos ir.
También observo una tensión entre esta visión del presidente y algunos principios consagrados en nuestra propia Constitución. Particularmente aquellos vinculados a los derechos sociales, a la movilidad social y a la búsqueda de igualdad de oportunidades. La Argentina se caracterizó históricamente por el tamaño de sus clases medias y por la posibilidad de ascenso social que encontraron millones de inmigrantes y sus descendientes.
Es cierto que siempre existieron desigualdades y que seguirán existiendo. Pero también es cierto que nuestro país construyó buena parte de su identidad sobre la idea de que esas diferencias no debían convertirse en barreras infranqueables. La igualdad como aspiración colectiva fue una característica distintiva de nuestra experiencia histórica.
Hay otro valor que considero fundamental y que también aparece relegado en esta interpretación: la fraternidad. Traducida al lenguaje actual, significa empatía, solidaridad y sentido de comunidad. Significa comprender que una sociedad funciona mejor cuando sus integrantes se reconocen como parte de un proyecto común. No se trata de negar la importancia del esfuerzo individual, sino de reconocer que ninguna nación se construye únicamente desde el individualismo.
Por todo esto creo que la figura de Manuel Belgrano merece una mirada más completa y menos sesgada. No porque deba transformarse en un símbolo intocable, sino porque su legado es demasiado importante para reducirlo a una sola dimensión. Cuando analizamos a nuestros próceres debemos hacerlo con rigor histórico y sin manipular su pensamiento para acomodarlo a debates coyunturales. De lo contrario, terminamos empobreciendo nuestra historia y debilitando los consensos que sostienen nuestra vida democrática.
¿Qué se discute en la Argentina sobre los próceres? Se discute sobre el presente y la interpretación de figuras históricas como Manuel Belgrano.
¿Quién es mencionado como un prócer importante junto a Belgrano? José de San Martín es mencionado como otro prócer con amplio consenso.
¿Cuándo se menciona la Revolución de Mayo? Se menciona en el contexto de la vida de Belgrano y su compromiso con la independencia.
¿Dónde se discuten las ideas de Belgrano? Se discuten en el marco de la historia de la Argentina y su contexto político y social.
¿Por qué es relevante el legado de Belgrano? Su legado es importante porque representa valores como la libertad, igualdad y fraternidad en la construcción de la nación.
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