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Cuadro de situación

Más optimismo en Wall Street que entre los empresarios locales

23/09/2026 | 07:26

 

Redacción Cadena 3 Rosario

Sergio Berensztein

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Más optimismo en Wall Street que entre los empresarios locales

Hay un contraste que me llama poderosamente la atención y que aparece con mucha claridad en estos días, con Javier Milei en Estados Unidos y con la mirada puesta también en su discurso ante las Naciones Unidas: mientras en Wall Street aparecen voces bastante optimistas sobre el futuro de la Argentina, entre muchos empresarios locales predomina un pesimismo muy marcado. Y creo que para entender esta diferencia hay que mirar nuestra historia reciente.

Porque durante casi dos décadas, desde 2005 en adelante, la Argentina atravesó controles, cepos, restricciones, cambios regulatorios permanentes, discrecionalidad, inflación, expropiaciones, retenciones y hasta prohibiciones para exportar. Eso dejó una huella muy profunda en el sector privado. Muchos empresarios aprendieron, a fuerza de golpes, que las reglas pueden cambiar de un día para otro. Y cuando uno viene de semejante experiencia, naturalmente desarrolla una enorme desconfianza.

Por eso me parece importante poner en contexto algunas discusiones políticas que hoy vuelven a aparecer. Cristina Kirchner perdió las elecciones para senadora en 2017 y salió muy debilitada. En 2019 no fue candidata a presidenta sino a vicepresidenta, y en 2023 tampoco se presentó a la Presidencia. Más allá de las interpretaciones políticas o judiciales que cada uno pueda hacer, lo cierto es que quienes atravesaron aquellos años recuerdan también los conflictos con empresarios, periodistas y medios de comunicación. Esa memoria pesa y explica parte del temor a una eventual vuelta de políticas que muchos consideran populistas y autoritarias.

Yo fui testigo el último fin de semana de una conversación con un empresario muy importante del sector alimenticio que me dijo algo muy concreto: en su empresa se están preparando para lo peor. ¿Qué significa “lo peor”? Controles de precios, cepos, inflación, paritarias digitadas y nuevamente un escenario de enorme intervención estatal. ¿Cómo se prepara una compañía para eso? Generando un colchón, diversificando inversiones y llevando capital hacia otros países. Es decir, desinvirtiendo en la Argentina.

Y acá aparece una paradoja enorme. Incluso con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, muchos empresarios siguen esperando. No porque necesariamente crean que el país no tiene oportunidades, sino porque tienen miedo de que las reglas vuelvan a cambiar después de las elecciones. Entonces se produce una especie de círculo vicioso: la incertidumbre política reduce la inversión, la menor inversión limita la creación de empleo y oportunidades, y eso alimenta el pesimismo que termina reforzando la propia incertidumbre.

Ahora bien, cuando uno sale de esa mirada de muy corto plazo y observa el potencial estructural de la Argentina, el panorama cambia completamente. Un informe reciente de Citi pone el foco justamente en esa transformación. Tenemos un sector agroindustrial con perspectivas de una cosecha extraordinaria, una enorme oportunidad energética vinculada al gas y al GNL, y además una minería que está empezando a crecer con mucha fuerza. Son sectores capaces de generar una cantidad de divisas que la Argentina necesita desesperadamente.

El caso energético es particularmente interesante. Durante años la Argentina tuvo gas y, sin embargo, terminó importándolo a precios internacionales. Se subsidiaba artificialmente el consumo interno y el resultado era una combinación muy complicada de déficit fiscal y déficit externo. Ahora el proceso comienza a revertirse: se redujeron los subsidios, se desarrollaron inversiones y aparece la posibilidad concreta de convertir a la Argentina en un gran exportador de gas, particularmente hacia Europa y Asia.

Algo parecido ocurre con la minería. Este año las exportaciones mineras podrían superar los 10.000 millones de dólares, aproximadamente el doble de lo que representaban hace dos años. Pero incluso esa cifra está muy lejos del potencial argentino. Países como Chile y Perú muestran lo que puede ocurrir cuando existen reglas de juego relativamente estables y un marco adecuado para atraer inversiones. La Argentina tiene recursos enormes y, en muchos casos, una capacidad productiva potencial incluso mayor.

Por eso, cuando algunos inversores internacionales miran la Argentina con un horizonte de largo plazo, la pregunta es muy diferente a la que se hacen los empresarios locales que están tratando de sobrevivir a las próximas elecciones. Si el país consigue mantener una estabilidad macroeconómica razonable, continuar reduciendo la inflación, cuidar las cuentas públicas y establecer reglas claras para el campo, la energía y la minería, puede volver a crecer a tasas muy importantes. No estoy hablando de un milagro: estoy hablando de crecer sostenidamente al 5 o 6% anual.

Y acá aparece algo que a veces olvidamos: el interés compuesto. Con una tasa de crecimiento sostenida durante dos décadas, un país puede transformar completamente su nivel de vida. Si la Argentina hoy tiene un ingreso per cápita, medido en paridad de poder adquisitivo, de alrededor de 11.000 dólares, un proceso de crecimiento sostenido podría llevarlo a niveles cercanos a los 30.000 dólares. Esa es la dimensión de la oportunidad que tenemos delante.

Entonces, ¿por qué existe semejante diferencia entre la mirada internacional y la mirada de los empresarios argentinos? Por la incertidumbre política. El programa de Milei tiene apoyos parciales y no cuenta con un consenso amplio entre las fuerzas políticas. Le alcanza para gobernar y para avanzar en determinadas reformas, pero no necesariamente para garantizar que las reglas permanezcan en el tiempo. Y un empresario que ya sufrió controles, cepos y cambios regulatorios piensa en eso antes de poner un dólar en una fábrica.

El problema es que esa incertidumbre nos hace perder tiempo. Si los empresarios esperan hasta después de las elecciones para decidir inversiones, estamos hablando de otro año o año y medio en el que pueden postergarse proyectos, empleos y oportunidades. Y ahí perdemos todos. Porque la Argentina puede tener un horizonte extraordinario en materia de recursos y crecimiento, pero necesita resolver su principal problema: la falta de consensos básicos. Me quedo, entonces, con ese contraste: el corto plazo está dominado por la incertidumbre, pero el mediano y largo plazo muestran un país con una viabilidad y un potencial que pocos países de la región pueden exhibir. La política argentina todavía tiene que demostrar que está a la altura de esa oportunidad.

Lectura rápida

¿Qué contraste se observa en la situación económica de Argentina? Se observa un contraste entre el optimismo en Wall Street y el pesimismo entre los empresarios locales.

¿Quién es un referente político mencionado en el artículo? Se menciona a Javier Milei y a Cristina Kirchner.

¿Cuándo se menciona que comenzó la crisis en Argentina? Se menciona que la crisis comenzó en 2005 y ha continuado hasta la actualidad.

¿Dónde se espera que Argentina pueda exportar gas? Se espera que Argentina pueda exportar gas hacia Europa y Asia.

¿Por qué hay incertidumbre entre los empresarios argentinos? Hay incertidumbre debido a la falta de consenso político y el temor a cambios en las reglas económicas.

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