Cuadro de situación
24/04/2026 | 07:27
Redacción Cadena 3 Rosario
Sergio Berensztein
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El mercado de trabajo, agobiado y con perspectivas muy complejas
El mercado de trabajo en Argentina atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas, y no es una exageración. Escucho al presidente Javier Milei insistir en la necesidad de tener paciencia, en que la baja de la tasa de interés y del riesgo país traerán inversiones, y con ellas empleo y mejores salarios. El argumento, desde el punto de vista teórico, es correcto. Pero la realidad cotidiana es bastante más incómoda.
La tasa de interés importa, y mucho. No es una discusión abstracta ni lejana a la gente. Cuando baja, el crédito se vuelve más accesible, la inversión aumenta y, en condiciones normales, eso se traduce en más empleo y mejores ingresos. El problema es que no estamos en condiciones normales, y ese puente entre teoría y realidad hoy está fracturado.
Estamos frente a una situación inusual: la economía crece —si uno la mira de punta a punta—, pero el empleo no acompaña. Es más, en muchos sectores se destruye. Este fenómeno desafía incluso a los marcos analíticos tradicionales, porque rompe con una correlación histórica en Argentina.
La explicación está en la heterogeneidad del crecimiento. Hay sectores que están funcionando muy bien: el agro, la energía —particularmente en gas y petróleo—, la minería y la economía del conocimiento. Son sectores dinámicos, competitivos, con alto valor agregado. Pero tienen una característica clave: generan poco empleo.
Del otro lado, dos tercios del mercado laboral están en sectores que sufren. Textil, calzado, muebles, comercio, industrias livianas. Allí el impacto es doble: caída del consumo por pérdida de poder adquisitivo y competencia creciente de productos importados o adquiridos a través de plataformas digitales.
Hoy cualquier consumidor puede entrar a Mercado Libre y encontrar productos más baratos que en un comercio local. Esto no solo afecta ventas, sino que transforma hábitos de consumo y deja en desventaja a quienes producen o venden en el mercado interno.
En ese contexto, la experiencia del trabajador promedio es clara: pierde un empleo formal y, con suerte, consigue uno informal o precario. Crece el monotributo como zona gris, sin derechos laborales plenos. La llamada “flexibilidad” del mercado laboral muchas veces es, en realidad, vulnerabilidad.
Esto tiene un correlato directo en el humor social. Los datos muestran una preocupación creciente por la incertidumbre económica. No es solo una cuestión de ingresos actuales, sino de expectativas. La gente ve a su alrededor endeudamiento, caída del consumo, dificultades para sostener gastos básicos como educación o salud.
Incluso sectores de clase media que históricamente tenían cierto margen hoy enfrentan restricciones. Familias que cambian a sus hijos de escuela, que dejan coberturas médicas privadas, que postergan tratamientos. La crisis no es sectorial: es transversal, “360 grados”, como bien la definió un economista días atrás.
Frente a esto, la respuesta del gobierno parece insuficiente. Hay una confianza muy fuerte en que el mercado, por sí solo, ordenará la economía. Pero esa transición tiene costos sociales y políticos muy altos. No alcanza con esperar que las variables macroeconómicas se alineen.
Lo veo incluso en sectores que podrían ser ganadores de este nuevo esquema. Algunas pymes tecnificadas, que invirtieron y buscan reconvertirse hacia actividades como la energía o la minería, tienen expectativas moderadamente positivas. Pero aun así, predomina la cautela. Falta acompañamiento, señales claras.
No se trata de intervenir de manera distorsiva, sino de facilitar la transición: menos impuestos, mejor información, apoyo a la reconversión productiva. Herramientas básicas que otros países utilizan y que aquí brillan por su ausencia.
El riesgo es claro: que una parte significativa del tejido productivo y del empleo quede en el camino. Porque si bien hay sectores que avanzan, la mayoría está estancada o en retroceso. Y cuando dos de cada tres trabajadores están en esa situación, el problema deja de ser sectorial para convertirse en estructural.
Hay, sin duda, oportunidades. Pero sin una estrategia que acompañe a quienes deben adaptarse, el mercado laboral seguirá tensionado. Y frente a eso, no hay argumento técnico que alcance: la percepción social ya está marcada por la incertidumbre. Y esa, en política, es una variable decisiva.
¿Qué está atravesando el mercado laboral en Argentina? Uno de los momentos más complejos de las últimas décadas.
¿Quién es el presidente que menciona la necesidad de tener paciencia? Javier Milei.
¿Cuándo se observa un crecimiento económico sin acompañamiento en el empleo? En la actualidad.
¿Dónde se encuentran los sectores que están sufriendo en el mercado laboral? En sectores como textil, calzado, muebles y comercio.
¿Por qué se considera insuficiente la respuesta del gobierno? Porque hay una confianza en que el mercado ordenará la economía sin intervención adecuada.
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