Investigación en Jerusalén
02/08/2026 | 21:30
Redacción Cadena 3
El cáncer podría estar dañando su propio material genético al forzar a genes críticos a operar en niveles extremos. Una nueva investigación sugiere que poderosas regiones de control del ADN, conocidas como superpotenciadores, impulsan una actividad inusualmente intensa en los genes que apoyan el crecimiento de tumores. Esta actividad constante ejerce presión sobre el ADN y puede provocar rupturas serias.
Las células cancerosas suelen reparar el daño y continuar creciendo. Sin embargo, los ciclos repetidos de ruptura y reparación pueden introducir errores, permitiendo que se acumulen mutaciones en estas regiones altamente activas. Por lo tanto, la misma maquinaria biológica que ayuda a los tumores a crecer rápidamente podría hacer que su ADN sea cada vez más inestable, lo que potencialmente permite que los cánceres cambien, se adapten y se vuelvan más agresivos.
El crecimiento del cáncer ejerce estrés en el ADN
Para multiplicarse rápidamente, las células cancerosas activan ciertos genes mucho más fuertemente de lo que lo harían las células sanas. Muchos de estos genes ayudan a los tumores a dividirse, sobrevivir y mantener los programas celulares necesarios para continuar creciendo.
Un estudio publicado en Science Advances indica que esta actividad inusualmente intensa de los genes tiene una consecuencia física. A medida que las células cancerosas empujan a los genes importantes a trabajar a plena capacidad, el ADN en esas regiones puede dañarse.
La investigación fue liderada por el estudiante de doctorado Osama Hidmi bajo la dirección del profesor Rami Aqeilan de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Sus hallazgos identifican un contribuyente previamente pasado por alto a la inestabilidad genética en las células cancerosas.
Los investigadores descubrieron que las rupturas de ADN a menudo aparecen en los mismos lugares donde las células cancerosas impulsan los genes relacionados con el crecimiento de manera más agresiva. Su investigación se centró en los superpotenciadores, secciones de ADN que funcionan como poderosos paneles de control. Estas regiones aumentan fuertemente la actividad de los genes cercanos y ayudan a mantener los programas que promueven el cáncer funcionando a niveles muy altos.
Mapeo de rupturas graves en el genoma del cáncer
Utilizando un método de mapeo genómico sensible, el equipo creó mapas detallados que muestran dónde ocurren las rupturas de doble cadena. Estas son algunas de las formas más severas de daño al ADN porque ambas cadenas de la molécula de ADN están severadas.
El daño no apareció de manera aleatoria en todo el genoma. En cambio, las rupturas se agruparon dentro de los genes controlados por superpotenciadores. Este patrón sugiere que forzar a ciertos genes a permanecer continuamente activos puede ejercer suficiente presión sobre el ADN como para que se rompa.
Los investigadores también siguieron una señal de "alarma" celular natural que marca el ADN dañado y atrae la maquinaria necesaria para repararlo. Sus resultados mostraron que las células cancerosas dañan y restauran repetidamente el ADN dentro de estas regiones intensamente activas.
Reparar estas rupturas permite que las células tumorales sobrevivan. Sin embargo, cada reparación crea una oportunidad para pequeños errores. Con el tiempo, esos errores pueden hacer que las regiones afectadas sean más propensas a acumular mutaciones adicionales.
Un ciclo que podría ayudar a los tumores a evolucionar
Las células cancerosas dependen de los superpotenciadores para mantener los genes de crecimiento funcionando a alta velocidad, explicó el profesor Rami Aqeilan. "Lo que encontramos es que esta misma actividad de alta producción puede ejercer una verdadera presión sobre el ADN, creando puntos calientes de ruptura que la célula tiene que reparar una y otra vez. Ese ciclo puede ayudar a los tumores a sobrevivir a corto plazo, pero también aumenta el riesgo de mutaciones que pueden alimentar la evolución del cáncer".
Los hallazgos sugieren que la inestabilidad genética podría no ser simplemente un efecto secundario del cáncer. En algunos casos, podría surgir directamente de la intensa actividad génica que los tumores requieren para seguir creciendo.
A medida que las mutaciones se acumulan, las células cancerosas pueden desarrollar nuevas características. Algunos de estos cambios pueden ayudar a los tumores a propagarse, resistir condiciones estresantes o volverse menos receptivos al tratamiento.
Convertir la dependencia del cáncer en una debilidad
"Lo que es especialmente emocionante", añadió Osama Hidmi, el estudiante de doctorado que lideró el estudio, "es que las células cancerosas dependen de estas regiones de ADN de alto estrés para seguir creciendo, por lo que también pueden ser más vulnerables allí. Esto abre la puerta a tratamientos que apunten a los mismos procesos de los que dependen los tumores para sobrevivir".
Esta vulnerabilidad podría ofrecer a los investigadores una nueva dirección para el tratamiento del cáncer. Las terapias podrían diseñarse eventualmente para interrumpir la intensa actividad génica impulsada por los superpotenciadores o prevenir que las células tumorales reparen el daño resultante en el ADN.
Dado que las células cancerosas dependen tanto de estos procesos, interferir con ellos podría dificultar la supervivencia de los tumores y su continua evolución.
Por qué importa el daño en el ADN en el cáncer
El daño y la reparación del ADN juegan papeles importantes en cómo crecen, cambian y resisten tratamiento los cánceres. El nuevo estudio ofrece una explicación sobre dónde ocurre parte de ese daño y qué podría estar causándolo.
Las regiones de control génico más fuertes del cáncer también parecen ser lugares de tensión repetida en el ADN. Estas áreas podrían representar puntos débiles que son especialmente sensibles a tratamientos que reducen la actividad génica descontrolada o interfieren con la reparación del ADN roto.
Una mejor comprensión de este proceso podría ayudar a los científicos a desarrollar estrategias que limiten la capacidad de un tumor para adaptarse. Al exponer la conexión entre el crecimiento rápido y la inestabilidad genética, la investigación proporciona otra pieza del rompecabezas detrás del comportamiento agresivo del cáncer.
Los hallazgos también plantean la posibilidad de que una de las mayores fortalezas del cáncer pueda eventualmente ser utilizada en su contra. El impulso por seguir creciendo ejerce una presión constante sobre el propio ADN del tumor, creando daños que podrían revelar nuevas oportunidades para el tratamiento.
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