Marcharon para exigir justicia por Gabriela Pérez. (Gonzalo Carrasquera/Cadena 3)
Gisela, la hermana de Gabriela Pérez: “Necesitamos y queremos justicia”
Gabriela Pérez fue asesinada el 9 de septiembre pasado en un encuentro del Soelsac.

Crimen en Solesac

Exclusivo: desde la cárcel, el hermano de Gabriela clamó por su inocencia

27/11/2023 | 08:30

A más de un mes de haber sido detenido, el acusado de matar a su propia hermana en una balacera rompió el silencio y aseguró que se trata de una "causa armada".

Redacción Cadena 3

Juan Federico

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"Por qué mierda me meten a mí, yo no tengo que estar acá". La voz de Gustavo "Pancuca" Herrera (36) retumba desde el interior de un pabellón de la cárcel de Bouwer. 

El joven permanece detenido desde el pasado lunes 24 de octubre bajo una acusación que estremece: la fiscal Silvana Fernández sostiene que él habría sido el sicario que el sábado 9 de septiembre a las 14 disparó en contra de la facha del club Yapeyú y mató, sin intención, a su propia hermana, Gabriela Pérez, en medio de un asado que ofrecía allí el aún secretario general del gremio de la limpieza (Soelsac), Sergio Fittipaldi.

A más de un mes de su detención, Herrera rompió el silencio. Dijo que no tenía nada que ver con el homicidio, planteó que nunca evitó a la Policía, reclamó para que la fiscalía revisara los domos cercanos a su domicilio durante el día del crimen de su hermana y sugirió que la causa está "armada".

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Cuando fue detenido, agregó, él creyó que lo iban a llevar para declarar como testigo. "Me subí al auto solo, tenía mi DNI encima. Ni siquiera fui con las esposas. (Los policías= Querían que corriera y no corrí. Yo nunca me escondí de nadie, estuve con mi familia, jugaba al fútbol. Pero me fueron a buscar cuando estaba solo, porque querían que corriera. Cuando me dejaron detenido, me dejaron una ventana abierta, para que me tirara. Me tuvieron atado de manos y pies y me daban pastillas. Me llevaron como si fuera un loco al neuro", relató sobre el momento de la detención y las horas posteriores.

Tras ser internado en un lugar especial para detenidos con crisis psiquiátricas, fue enviado a la cárcel de Bouwer, donde permanece desde entonces.

"La Policía hizo las cosas mal. Hoy, los presos me están cuidando, porque no puedo ir a otros pabellones, porque sale plata ir a otros pabellones. La Justicia está haciendo las cosas mal, no me pueden tratar como un homicida, cuando soy el hermano de la víctima", insistió Herrera en declaraciones que este lunes Cadena 3 divulgó en exclusiva.

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"Todo el mundo me conoce, cuando ven mi foto saben que (el del video) no soy yo. Saben que está todo armado esto. Quiero irme a mi casa, no estar acá. Yo por lo que hice mal ya lo pagué. Pero con esto no tengo nada que ver. Qué levanten el secreto de sumario y muestren por qué me tienen acá detenido. No hay nada. Yo no hice nada", recalcó.

Herrera hizo referencia a sus antecedentes penales: ya purgó condenas por distintos robos. Salió en libertad en mayo pasado y desde entonces comenzó a trabajar como servidor urbano de la Municipalidad de Córdoba.

En la causa se sabe que ese sábado 9 de septiembre a la siesta, un sicario llegó hasta la vereda del frente al ingreso del club Yapeyú, se escondió detrás de un auto estacionado y en pocos segundos, descargó el cargador de una pistola nueve milímetros en contra de la fachada.

Dos balazos pasaron a pocos centímetros de las cabezas de dos personas que custodiaban el acceso. Varios más impactaron contra la pared. Y uno sólo –según los peritajes- se coló por un lateral, desde un ángulo más que difícil.

El proyectil ingresó en el salón donde se realizaba el asado e impactó en el cuello de Gabriela. A esa hora, había casi un centenar de personas en la reunión que encabezaba el propio Fittipaldi.

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La escena del crimen no fue preservada de manera eficiente y las cámaras policiales aportaron muy poco, pese a que en los alrededores del club hay al menos tres domos oficiales.

La imagen del sicario disparando no es nítida y no arroja ningún rostro concreto.

Para la fiscalía, el sicario intentó matar a uno de los custodios de Fittipaldi, Gonzalo Alberto Fuentes. Junto a su hermano Cristian "Coco" Fuentes, se ha convertido un personaje clave para la investigación.

De acuerdo a lo que se sostiene en la causa, los hermanos Fuentes reportan al gremio Soelsac y desde hace unos meses también comenzaron a formar parte de una suerte de "guardia" que se formó alrededor de Fittipaldi, quien viene librando una lucha cada vez más virulenta con Franco Saillén, del gremio de la basura (Surrbac) por el control del sindicado de los empleados de la limpieza.

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Pero no es el único nexo que tienen. Además, están vinculados a una de las células que conforman la poderosa barra del club Talleres, La Fiel, y hacen pie ancho en el club Yapeyú.

En la acusación se sostiene que el día del crimen de Gabriela, al menos dos sospechosos comenzaron a merodear el club circulando por el frente en un Peugeot RCZ. A quienes oficiaban de "custodios" en la puerta les llamó la atención este vehículo cupé, ya que creyeron identificar al conductor, un joven vinculado a otra facción de La Fiel, hoy desterrada de la popular principal del Kempes. 

Se trata de Luis Mendoza, quien figura como prófugo en la investigación por el asesinato de Gabriela.

A través de distintas cámaras se pudo reconstruir el recorrido que hizo este vehículo minutos antes del ataque a balazos. 

El auto fue divisado en la esquina de Juan Roqué y Panamá (a unos 50 metros de la entrada principal del club), donde frenó durante unos segundos. Luego, retomó hacia el Bajo Yapeyú, donde fue observado cerca de la casa de Herrera. Por eso, se presume en allí este joven se subió en el vehículo. 

Tras ello, el Peugeot fue localizado en calle Juan Roqué, pasando de nuevo por el frente del club Yapeyú, para luego regresar a calle Panamá, tomar en contramano por Bailén y finalmente detenerse casi en la esquina con Germania. 

Antes, el conductor maniobró para colocar al rodado en la dirección de circulación correcta. Fue entonces que del asiento del acompañante descendió el sicario, que caminó casi 50 metros por Germania y se escondió detrás de un auto estacionado en Juan Roqué, en la vereda ubicada al frente del ingreso del club. 

Agazapado, esperó unos segundos hasta que por la vereda opuesta observó a Gonzalo Alberto Fuentes, que justo iban caminando en dirección a la entrada principal. 

El atacante se puso de pie y comenzó a disparar con la pistola nueve milímetros. Fuentes sobrevivió sólo porque estuvo rápido de reflejos: alcanzó a agacharse detrás de otro auto estacionado.

Uno de los proyectiles disparos en dirección a él terminó por incrustarse en un árbol. La ráfaga de balazos continuó en dirección a otras tres personas que custodiaban el ingreso y que entraron corriendo al club. Fue uno de estos tiros que terminó por colarse en el salón donde se desarrollaba el asado y mató a Gabriela, siempre según se sostiene en la causa.

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¿Por qué querían matar a Fuentes? El interrogante aún genera varias alternativas: un mensaje al interior de la disputa por el control de Soelsac o acaso un capítulo más de la lucha intestina de La Fiel. O, ambas cuestiones al mismo tiempo.

La Fiel es una organización todoterreno. Su poder de fuego, como grupo de choque, hizo que los diferentes sindicatos los reclutaran entre sus filas. 

Negociar con La Fiel significa, en suma, tener una vía para lograr acceder al Surrbac o al Soelsac. O, escrito a la inversa: trepar adentro de estos sindicatos también puede ser visto, por estos barras, como una manera de ganar lugares al interior de La Fiel.

Los investigadores se han topado con varios escollos al intentar descifrar el móvil. La principal traba ha sido, hasta ahora, las medias verdades (o medias mentiras) que buena parte de los involucrados han declarado hasta ahora. "Nadie termina por contar la verdad de lo que sabe", resumió una fuente que sigue muy de cerca la investigación. 

Semejante código de silencio alrededor de un crimen que no tiene antecedentes recientes en Córdoba deja al desnudo elreal poder de los involucrados en esta trama.

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