Sistema integral. Esa es la idea de Bayer.

La apuesta de BAYER

Un sistema integral para cerrar brechas de rendimiento en maíz

06/10/2026 | 10:39

Genética, manejo agronómico, herramientas digitales, protección de cultivos y acompañamiento técnico. Para Bayer, la clave para mejorar los resultados del maíz pasa por integrar todas esas variables y trabajar junto al productor para tomar mejores decisiones.

Redacción Cadena 3

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Martín Navarro

La agricultura argentina atraviesa campañas cada vez más desafiantes, donde la variabilidad climática obliga a tomar decisiones con mayor precisión. En ese contexto, Bayer busca profundizar un concepto que considera estratégico: dejar de pensar en soluciones aisladas para avanzar hacia un sistema integral que acompañe al productor durante todo el ciclo del cultivo.

Así lo explicó a El Campo Hoy Martín Navarro, Líder de Nuevas Soluciones Digitales de Bayer, quien destacó que el objetivo es ofrecer al cliente “la mejor experiencia con el uso de nuestros productos” y que esa experiencia surge, precisamente, de integrar distintas herramientas.

En maíz, esa estrategia apunta a una oportunidad concreta: cerrar brechas de rendimiento. “Entendemos que cerrar esas brechas va asociado a un conjunto de soluciones que queremos trabajar junto al productor”, señaló Navarro.

El proceso comienza incluso antes de la siembra, con la elección del híbrido más adecuado para cada lote, utilizando información específica sobre sus características y la expectativa de rendimiento. A partir de allí, el sistema incorpora recomendaciones agronómicas vinculadas con la densidad de siembra, tanto fija como variable, y el manejo del nitrógeno.

Pero el acompañamiento continúa durante el desarrollo del cultivo. El uso de imágenes satelitales permite monitorear su evolución y ajustar decisiones, mientras que los modelos de fenología, los mapas de rendimiento y los reportes generados a partir de la información del lote permiten analizar qué ocurrió durante la campaña y transformar esos datos en decisiones para el futuro.

“La idea es realmente sacar las mejores conclusiones de lo que pasó en ese lote y poder ajustar las mejores prácticas a futuro”, resumió Navarro.

Reducir el riesgo para animarse a nuevas prácticas

Dentro de este concepto de sistema aparece también el programa de Cripton XPRO, desarrollado para acompañar técnicamente al productor en la aplicación de fungicidas en maíz.

Según explicó Navarro, se trata de una práctica que todavía tiene una adopción relativamente baja en el cultivo, en parte por falta de información y acompañamiento, pero también por la incertidumbre que genera la respuesta económica de la aplicación.

La propuesta busca precisamente reducir ese riesgo. El esquema contempla el acompañamiento técnico, la aplicación del fungicida y la utilización de una franja testigo sin tratamiento dentro del lote. Luego se compara la respuesta obtenida.

El umbral establecido por el programa es de 200 kilos por hectárea adicionales. Si la aplicación no alcanza ese nivel de respuesta, Bayer reintegra el 100% del valor del fungicida y del coadyuvante utilizado.

“Lo que hacemos ahí es reducir el riesgo del productor, sacarle la incertidumbre y, por otro lado, darle el acompañamiento técnico”, explicó Navarro.

Los resultados obtenidos durante la campaña anterior fueron, según la compañía, significativamente superiores al umbral establecido: los incrementos de rendimiento promediaron entre 550 y 600 kilos por hectárea.

El dato refuerza la idea de que la tecnología no necesariamente pasa por incorporar una herramienta más, sino por integrarla correctamente dentro de una estrategia agronómica.

Una campaña que obliga a mirar el lote con mayor atención

La campaña actual suma otro desafío: la heterogeneidad de las condiciones ambientales.

Aunque las perspectivas asociadas a un año Niño permiten proyectar, en términos generales, rendimientos superiores a los habituales, existen regiones donde la falta de lluvias ya está condicionando las decisiones de siembra.

Para Navarro, esa contradicción entre una expectativa climática favorable y una realidad muy diferente según cada región obliga a mirar cada lote en particular.

“Lo más importante es prestarle mucha atención a qué expectativa de rendimiento tenemos este año”, sostuvo.

En ese escenario, el manejo del nitrógeno adquiere especial relevancia. Ante un año con mayores precipitaciones, la posibilidad de realizar aplicaciones durante el desarrollo del cultivo permite reducir las pérdidas y hacer un uso más eficiente de un insumo que representa una porción importante del costo del maíz.

Las enfermedades también aparecen como un factor para monitorear. Un escenario con mayor humedad puede incrementar su incidencia y, por lo tanto, vuelve a poner en discusión la necesidad de contar con herramientas de protección y monitoreo que permitan actuar en el momento adecuado.

A esto se suma la amenaza de la chicharrita, que mantiene en alerta a distintas regiones productivas. Frente a esta problemática, Navarro remarcó la importancia del monitoreo y de un manejo integrado, que comienza con la elección de materiales genéticos que puedan aportar determinados niveles de tolerancia.

Del producto al sistema

El concepto que atraviesa toda la estrategia de Bayer es, en definitiva, el de sistema.

La compañía plantea que el salto de productividad que necesita el maíz argentino no dependerá de una única tecnología, sino de la combinación de distintas herramientas y, fundamentalmente, del conocimiento que aportan quienes participan de la producción.

“Por un lado está el concepto de sistema y por otro lado el trabajar junto al productor”, destacó Navarro.

En esa relación, Bayer aporta el conocimiento sobre sus híbridos, tecnologías y herramientas, mientras que el productor suma un conocimiento que resulta irremplazable: el de su propio campo, sus lotes, sus ambientes y su manejo.

La tecnología digital aparece entonces como un puente entre ambos mundos. Los datos permiten registrar lo que ocurrió, generar reportes, analizar resultados y transformar esa información en conocimiento para la campaña siguiente.

La apuesta es pasar de vender una solución a construir una estrategia productiva. Y allí aparece uno de los principales desafíos de la agricultura moderna: que cada decisión —desde la genética hasta la densidad, el nitrógeno, la protección del cultivo o el análisis de los resultados— deje de funcionar como una pieza aislada y pase a formar parte de un mismo sistema.

Para Navarro, es justamente en esa interacción donde se genera el mayor valor: trabajar junto al productor, aprender de cada lote, sacar conclusiones y utilizar ese conocimiento para tomar mejores decisiones en la próxima campaña.

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