Gira por EE.UU.
08/09/2026 | 08:07
Redacción Cadena 3
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Guillermo Balboa
La misma pregunta puede tener respuestas completamente diferentes según el lugar del mundo donde se formule. ¿Cuánto nitrógeno necesita un cultivo de maíz?
En Argentina, buena parte de la discusión pasa por cómo incrementar la fertilización para cerrar brechas de rendimiento. En Nebraska, uno de los principales territorios agrícolas de Estados Unidos, el desafío es casi exactamente el contrario: cómo reducir el nitrógeno aplicado sin resignar productividad y, al mismo tiempo, disminuir el impacto ambiental.
Ese contraste fue explicado a Cadena 3 por el ingeniero agrónomo argentino Guillermo Balboa, profesor asistente de investigación en Agronomía y Horticultura de la Universidad de Nebraska-Lincoln y especialista en agricultura de precisión y manejo de nutrientes.
Balboa, oriundo de Córdoba y con trayectoria en la Universidad Nacional de Río Cuarto, llegó a Nebraska en 2021 para incorporarse a proyectos de investigación vinculados con nuevas tecnologías aplicadas a la producción agrícola.
Su principal línea de trabajo está puesta en el manejo eficiente del nitrógeno en maíz, utilizando sensores, imágenes satelitales, drones y otras herramientas de agricultura de precisión para determinar cuánto fertilizante necesita realmente cada cultivo.
Nebraska: el desafío de bajar el nitrógeno
La particularidad de Nebraska ayuda a explicar la preocupación. Se trata del principal estado estadounidense en superficie agrícola bajo riego: aproximadamente seis de cada diez hectáreas cuentan con algún sistema de irrigación. Esa intensificación productiva, sumada durante décadas a la aplicación de fertilizantes nitrogenados, generó un problema ambiental de magnitud: la presencia de nitratos en aguas subterráneas.
"Hay un problema importante en la cantidad de nitrógeno que hay en el sistema, principalmente en aguas subterráneas", explicó Balboa.
Por eso, su equipo trabaja en desarrollar prácticas que permitan ajustar las dosis de fertilizante a las necesidades reales de los cultivos.
La agricultura de precisión aparece allí como una herramienta central. Satélites, imágenes, drones, mapas de rendimiento y sensores permiten seguir la evolución del cultivo y tomar decisiones mucho más ajustadas sobre dónde, cuándo y cuánto nitrógeno aplicar.
El objetivo es sencillo de explicar, aunque tecnológicamente complejo: poner el nutriente correcto, en el lugar correcto y en el momento correcto.
Entre 30 y 50 kilos menos de nitrógeno
Los ensayos realizados por Balboa y su equipo muestran que existe un margen significativo para reducir el uso de fertilizantes.
"Hay una gran posibilidad de reducir la cantidad total aproximadamente entre 30, 40 hasta 50 kilos de nitrógeno", señaló el investigador.
Traducido a un insumo que conoce cualquier productor, esa reducción representa aproximadamente entre 100 y 200 kilos de urea por hectárea, dependiendo de la dosis y de la equivalencia utilizada.
Lo interesante es que, según las experiencias desarrolladas tanto en parcelas experimentales como en campos de productores, esa reducción no necesariamente implica resignar rendimiento.
La estrategia pasa, entre otras cuestiones, por modificar el momento de aplicación. En lugar de colocar grandes cantidades de nitrógeno al comienzo del ciclo, la propuesta consiste en aplicar una dosis inicial más baja y luego acompañar al cultivo durante su desarrollo, incorporando nutrientes de acuerdo con la demanda efectiva de la planta.
De esa manera, se busca evitar que el nitrógeno quede disponible en el suelo cuando el cultivo todavía no puede utilizarlo y termine desplazándose hacia las napas.
Dos mensajes completamente diferentes
El contraste con Argentina resulta particularmente interesante para Balboa, porque conoce ambos mundos.
Durante su etapa profesional en la Universidad Nacional de Río Cuarto, el mensaje hacia los productores argentinos era prácticamente inverso.
"Nuestro mensaje de extensión a los productores allá era: apliquen más nitrógeno. Necesitan más nutrientes del suelo", recordó.
Además del nitrógeno, mencionó otros elementos como fósforo, zinc y boro que muchas veces aparecen como limitantes para alcanzar mayores rendimientos.
En Nebraska, en cambio, el mensaje es otro: ajustar las dosis a lo que realmente necesita el cultivo. La diferencia no significa que un sistema sea necesariamente mejor que el otro. Son respuestas a realidades productivas, económicas y ambientales diferentes.
Argentina todavía tiene importantes brechas entre el rendimiento potencial y el obtenido en muchos ambientes. Y una de las explicaciones está relacionada con la nutrición de los cultivos.
Nebraska, por su parte, enfrenta una situación de intensificación agrícola mucho más prolongada y un problema ambiental concreto asociado al exceso de nitratos.
El argentino que se sorprendió en Estados Unidos
La experiencia de Balboa también permite derribar algunos prejuicios sobre la agricultura estadounidense.
"Los productores argentinos deberían estar orgullosos de muchas de las cuestiones que hacen", afirmó.
Desde su perspectiva, los agricultores argentinos se caracterizan por su eficiencia, capacidad de adaptación y adopción de tecnología, incluso en contextos productivos complejos.
Y su llegada a Estados Unidos le permitió comprobar que la adopción tecnológica tampoco es homogénea en ese país.
Aunque Estados Unidos cuenta con una enorme capacidad tecnológica y económica, existen prácticas de agricultura de precisión que todavía no alcanzaron su máxima expansión.
"Uno piensa que visita Estados Unidos y va a encontrar adopción de muchas prácticas, como técnicas de agricultura de precisión y uso de satélites, pero todavía no están aplicadas en su máxima expansión", explicó.
Dos productores, dos realidades
Para Balboa, una de las diferencias más importantes no está necesariamente en la capacidad técnica de los productores, sino en el contexto en el que toman sus decisiones.
El productor estadounidense cuenta con una estructura económica y de subsidios que funciona como una red de contención frente a determinadas dificultades.
El productor argentino, en cambio, suele trabajar con márgenes más ajustados y una exposición mucho mayor a los vaivenes económicos.
Esa diferencia también puede influir en la velocidad de adopción de determinadas tecnologías.
"Hay una red de contención que a veces no promueve la adopción de algunas prácticas", sostuvo Balboa. La explicación es que, cuando la presión económica o productiva es menor, también puede disminuir el incentivo para modificar determinadas formas de trabajo. Y en Argentina ocurre muchas veces lo contrario: la necesidad obliga a innovar.
La precisión como punto de encuentro
Paradójicamente, dos sistemas con problemas opuestos pueden encontrar una herramienta común.
La agricultura de precisión permite que el productor argentino determine dónde necesita incorporar más nutrientes para cerrar una brecha de rendimiento, mientras que en Nebraska puede ayudar a identificar dónde es posible reducir aplicaciones sin afectar la producción.
Federico Aguer
Enviado Especial a EE.UU.
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