Río Tercero: la herida de la impunidad sigue abierta

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Río Tercero: la herida de la impunidad sigue abierta

03/11/2021 | 12:10 | Por Sergio Suppo.

Sergio Suppo

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Río Tercero: la herida de la impunidad sigue abierta

Lo que ocurrió a las ocho cincuenta y cinco de la mañana del 3 de noviembre de 1995 es una huella muy dolorosa en la historia de la ciudad de Río Tercero, de Córdoba y de todo el país. Morían siete personas, siete vecinos de Río Tercero ajenos al atentado que acababa de consumarse.

Durante los días previos la zona se había despejado. En la noche anterior se había impedido, por ejemplo, que se estacionaran los autos de los vecinos de los barrios colindantes a la Fábrica Militar de Río Tercero. Tampoco había empleados porque ese día era día de cobro y a la hora del estallido la mayoría estaban en el banco. Había muy poca gente en la fábrica, al punto de que nadie pudo ver cómo una persona, aparentemente vestida con uniforme militar, ingresó en uno de los sectores más peligrosos de la Fábrica Militar, para iniciar dos detonaciones a la que luego le seguiría una todavía mucho más violenta, a 200 metros, en otro galpón, en otra dependencia de la Fábrica Militar.

Río Tercero, o por lo menos cuatro o cinco de sus barrios, quedaron convertidos en un paisaje bélico al estilo de Croacia durante la guerra de los Balcanes. Miles de proyectiles que no habían detonado porque habían volado por la explosión por los aires, cayeron a 300, 400 metros, para caer en la calle, en los patios de las casas, sobre los autos, los árboles

Pocas horas después, pasado el mediodía, aterrizó en Río Tercero el avión presidencial que llevaba a Carlos Menem y a buena parte de su gabinete. Hubo una reunión en la municipalidad de Río Tercero, entonces a cargo del intendente Carlos Rojo. Fue una reunión bastante tensa, de la que salieron algunos funcionarios y dirigentes políticos de la época, con los rostros desencajados. Los periodistas que cubrimos ese día la explosión en Río Tercero encontramos en ellos algunas fuentes muy significativas que hablaron de la pelea que había habido adentro, con el propio presidente Carlos Menem, como como protagonista principal.

Alrededor de las cuatro y media de la tarde hubo una conferencia de prensa del presidente de la Nación, el gobernador de Córdoba de entonces, Ramón Mestre, y el intendente de Río Tercero, Carlos Rojo. Fue entonces cuando el presidente nos dijo a los periodistas: “Fue un accidente. Tienen la obligación de difundir esa palabra. Fue un accidente”. El gobernador Ramón Mestre, a su lado, repitió las mismas palabras. Quisieron ambos, sobre todo en particular el presidente Menem, convertir eso en un accidente y le estaba pidiendo a los periodistas que hablaran solamente de eso. Pero como los periodistas habitualmente no hablamos de lo que el poder quiere, sino de lo que tenemos que hablar, varios días después, un gran periodista argentino que se llama Daniel Santoro, publicó en el diario Clarín que la explosión de Río Tercero no había sido un accidente, sino parte de un siniestro plan de encubrimiento.

Para tratar de borrar las huellas de un escándalo político mayúsculo que en ese momento atormentaba al Gobierno de Menem, que era la venta ilegal de armas producidas por Fabricaciones Militares y también en poder ya del propio Ejército Argentino, a un país involucrado en el conflicto bélico de los Balcanes. Habíamos vendido en forma ilegal y clandestina armas a Croacia y también, para mayor bochorno, a Ecuador, envuelto en un enfrentamiento bélico que se llamó “la Guerra de la Cordillera del Cóndor, entre Ecuador y Perú. Argentina era un histórico asistente a las conversaciones de paz entre ambos países y al mismo tiempo le vendía armas a uno de esos dos países, que son dos países hermanos.

Además, faltaron, de acuerdo la pericia cerca de 50.000 proyectiles. Hubo cuatro condenas: tres de ellas a 13 años de prisión, a Edgardo De la Vega director de Coordinación de Fabricaciones Militares; a Carlos Franke, director de Producciones Militares también de Fabricaciones Militares y a Jorge Cornejo Torino, el director de la fábrica que increíblemente ese día había viajado a Buenos Aires. A Marcelo Gatto, jefe de la División Mecánica de la fábrica Río Tercero, también le dieron 10 años.

Quedaba otro juicio, el juicio a los que habían ordenado ese atentado. Ese juicio avanzó pero nunca se condenó a nadie. Finalmente, en 2017 se determinó que había que juzgar al expresidente Menem por encubrimiento, pero como tenía fueros parlamentarios porque era senador por la provincia de La Rioja nunca se lo pudo procesar. Es así como a muy pocos días del comienzo de lo que tenía que ser la primera audiencia oral del juicio en el Tribunal Federal de Córdoba Carlos Menem murió. Murió con los fueros, cubriéndose, amparándose en ellos para no ser acusado y eventualmente condenado como máximo responsable por esta herida abierta que los riotercerenses y los argentinos nunca olvidaremos.

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