León XIV visitará la Argentina en noviembre. (Foto: NA/Archivo)

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Qué significa políticamente la visita del papa León XIV

05/08/2026 | 12:57

Será la primera presencia de un pontífice en el país después de casi cuatro décadas | Por Sergio Suppo.

Redacción Cadena 3

Sergio Suppo

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Qué significa políticamente la visita del papa León XIV | Por Sergio Suppo

Un Papa en la Argentina nunca es solamente un líder religioso. Es también un jefe de Estado, una figura política global y, fundamentalmente, alguien capaz de producir un acontecimiento social y cultural de una magnitud extraordinaria.

Por eso, la posible visita de León XIV debe analizarse más allá de su agenda pastoral. Será la primera presencia de un pontífice en el país después de casi cuatro décadas. La última fue la multitudinaria gira de Juan Pablo II en 1987, cuando el llamado “atleta de Cristo” recorrió diez ciudades en una semana.

Juan Pablo II había llegado por primera vez en 1982, cuando la Guerra de Malvinas estaba a punto de terminar. Fue un viaje corto y urgente, pensado como un gesto de paz y consuelo. La visita de 1987 tuvo otra dimensión: movilizó multitudes y dejó imágenes que todavía permanecen en la memoria colectiva.

En Córdoba, aquella misa celebrada en el predio de la Fábrica Militar de Aviones reunió, según las estimaciones de entonces, a unas 500.000 personas. Ese mismo escenario volvería a recibir ahora a un Papa.

La elección de FADEA tiene un sentido práctico, pero también histórico. No se espera solamente la asistencia de fieles cordobeses. La ciudad podría convertirse en el punto de concentración para personas procedentes de todo el centro y el norte argentino. Por el crecimiento de la población y la dimensión regional de la convocatoria, no sería extraño que se superara ampliamente la concurrencia registrada en 1987.

El recorrido todavía debe recibir la aprobación definitiva del Vaticano. La agenda que se encuentra en preparación contempla dos jornadas en Buenos Aires, una visita de un día a Córdoba y una misa de cierre frente a la Basílica de Luján, el principal santuario católico del país.

En Córdoba, además de la celebración en FADEA, se evalúa una visita a la Catedral, uno de los templos más antiguos de la Argentina. En cambio, quedaron descartadas, en principio, las actividades que se habían considerado para el estadio Kempes y el Centro de Convenciones.

Pero el dato central no está únicamente en los lugares elegidos. La visita tendrá una inevitable carga histórica: llegará después de la larga espera que atravesó la sociedad argentina durante el pontificado de Francisco.

El primer Papa argentino recorrió buena parte de América Latina, pero nunca regresó a su país como pontífice. Las razones de esa decisión probablemente nunca terminen de conocerse por completo. Por eso, aunque la Iglesia argentina pida no presentar la llegada de León XIV como una reparación o una revancha, será imposible separar ambos acontecimientos.

León llegará al país que esperó durante años a Francisco.

Esa ausencia explica parte de la expectativa, pero no toda. También existe una dimensión política. El discurso social de la Iglesia y las advertencias sobre la pobreza, la desigualdad y la exclusión contrastan con aspectos centrales del programa económico del Gobierno nacional.

El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, ya expresó esos cuestionamientos delante del presidente Javier Milei, en la Catedral Metropolitana. Sin embargo, hasta ahora el Gobierno evitó transformar esas diferencias en una confrontación abierta.

Esa actitud es razonable. Pelearse con un Papa sería completamente contraproducente. León XIV no llegará solamente como cabeza de la Iglesia, sino como una figura internacional capaz de movilizar a millones de personas en un país de indiscutible raíz católica.

El Gobierno parece haber entendido esa dimensión y se prepara para darle la bienvenida correspondiente. Habrá diferencias, discursos incómodos y posiblemente reclamos sociales. Pero reconocer el papel institucional del pontífice no implica compartir cada una de sus posiciones.

Además, el desafío operativo será enorme. No se trata de organizar la visita de un presidente que participa de algunas reuniones oficiales. En Córdoba podría haber cientos de miles de personas. Las celebraciones de Buenos Aires y Luján podrían alcanzar convocatorias todavía mayores.

Eso exigirá un trabajo coordinado entre el Vaticano, el Ministerio de Seguridad de la Nación y las autoridades de Córdoba, la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Traslados, corredores sanitarios, controles, accesos y prevención deberán planificarse con una precisión excepcional.

Todavía faltan definiciones y la última palabra será del Vaticano. Pero la visita ya empieza a adquirir una dimensión histórica.

Después de casi cuatro décadas, la Argentina volverá a recibir a un Papa. Y cuando León XIV llegue, no encontrará solamente una Iglesia que lo espera. Encontrará también un país atravesado por tensiones económicas, sociales y políticas, que buscará escuchar su mensaje y, quizás, reconocerse por unos días alrededor de una figura capaz de convocar mucho más allá de la fe.

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