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17/09/2026 | 13:40
Redacción Cadena 3
Sergio Suppo
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Estar tan atados a Estados Unidos: ¿Nos sirve o nos perjudica? | Por Sergio Suppo
La Argentina no controla las principales variables del mundo, pero recibe de lleno sus consecuencias. Por su condición de país emergente, con una economía todavía débil y ubicada en la mitad de la tabla global, cada movimiento externo puede tener un impacto mucho mayor que en naciones con estructuras más sólidas. Y el mundo de Donald Trump ofrece hoy un ejemplo perfecto: algunas de sus decisiones favorecen a Javier Milei y otras amenazan con complicarlo.
La Reserva Federal de Estados Unidos resolvió aumentar las tasas de interés por primera vez en tres años. Lo hizo pese a las presiones y los reclamos de Trump, que se opone a una medida que encarece el crédito y enfría la actividad económica. Pero la Fed es autónoma y considera que la inflación estadounidense exige una respuesta de ortodoxia monetaria, similar en su lógica a las medidas adoptadas por Milei para ordenar la macroeconomía argentina.
La decisión no es responsabilidad directa de Trump, aunque tampoco está completamente desligada de su política exterior. El problema para la Argentina es inmediato: con tasas más altas en Estados Unidos, se encarece el financiamiento internacional y se vuelve más difícil acceder al mercado privado de crédito. Para un país que necesita refinanciar sus deudas históricas, la duda sobre cuándo y en qué condiciones podrá volver a endeudarse deja de ser una cuestión técnica y se convierte en un problema político.
Pero la misma crisis que perjudica a la Argentina por un lado puede beneficiarla por otro. La decisión de Trump de ir contra Irán abrió una guerra de la que ahora no encuentra una salida clara. El estrecho de Ormuz continúa afectado y los mercados proyectan, al menos durante los próximos dos años, precios más elevados para el petróleo y el gas. Ese encarecimiento de la energía alimenta la inflación en distintos países, empezando por Estados Unidos, y ayuda a explicar la reacción de la Reserva Federal.
Para la Argentina, sin embargo, el petróleo y el gas más caros también significan mayores ingresos por exportaciones. Durante este año, el país ya comenzó a recoger parte de ese beneficio. La ventaja todavía es limitada porque falta terminar el gasoducto previsto para principios del año próximo, una obra que permitiría ampliar de manera significativa las ventas al exterior.
La contracara aparece en el mercado interno. Las grandes petroleras, especialmente YPF, deben sostener un equilibrio cada vez más difícil para evitar que toda la suba internacional del crudo se traslade a los precios locales. Lo que mejora la balanza exportadora también puede presionar sobre los combustibles y el costo de vida de los argentinos.
Hay además una derivación diplomática que toca una cuestión central para el país. Trump está enfrentado con el Reino Unido porque Londres no acompañó a Estados Unidos en la guerra contra Irán. Como respuesta, aumentó la presión para que los británicos aporten más fondos a la OTAN. Frente a esa ofensiva, el gobierno británico comenzó a utilizar como argumento la posibilidad de que Washington mire con buenos ojos un apoyo a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.
Es una oportunidad para la Argentina, pero también una advertencia. Ese supuesto respaldo no nace necesariamente de una revisión histórica ni de un compromiso permanente con el reclamo argentino. Surge de una disputa coyuntural entre aliados y podría desaparecer mañana si Estados Unidos y el Reino Unido alcanzan un acuerdo. Es una conveniencia externa que el país puede aprovechar, pero que no controla.
La amistad política entre Trump y Milei importa, pero no alcanza para ordenar un mundo atravesado por intereses económicos, guerras y tensiones entre potencias. La Argentina recibe beneficios y perjuicios de decisiones tomadas lejos de Buenos Aires: crédito más caro, energía mejor cotizada, presiones inflacionarias y una ventana inesperada por Malvinas.
En medio de esa combinación de buenas y malas noticias, Milei jugará también una parte de su suerte política. El veredicto de los argentinos no dependerá únicamente del contexto internacional: pesarán, sobre todo, las decisiones que tome el Gobierno. Pero esas decisiones estarán condicionadas por un escenario global que hoy puede ayudarlo y perjudicarlo al mismo tiempo.
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