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02/03/2026 | 12:57
Redacción Cadena 3
Sergio Suppo
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Apertura de sesiones: ruptura expuesta y campaña lanzada
La política argentina sumó un capítulo que parece no tener retorno: la ruptura entre Javier Milei y Victoria Villarruel dejó de ser un rumor para convertirse en una escena pública, explícita y áspera. Los empujones simbólicos —y no tan simbólicos— entre Karina Milei y la vicepresidenta durante la apertura de sesiones ordinarias no hicieron más que confirmar que el vínculo está roto. Y que la decisión fue exhibirlo.
La pregunta no es si las relaciones políticas se desgastan; eso ocurre con frecuencia. La cuestión es si era necesario escenificar esa fractura en un acto institucional de la envergadura del inicio del período legislativo. La imagen dejó un mensaje claro: no hay marcha atrás. Pero también abrió un interrogante sobre el costo político de convertir diferencias internas en espectáculo público.
En paralelo, el Presidente dejó otra señal igual de contundente: el kirchnerismo será su principal recurso de diferenciación durante la larga campaña electoral que ya comenzó. El tono del discurso fue más allá de la crítica y rozó el agravio personal. Hubo, además, una puesta en escena estudiada. Durante largos minutos, Milei habló fuera de libreto dirigiéndose a la bancada opositora que no aparecía en cámara. Señalaba hacia su izquierda, pero el destinatario de sus palabras permanecía fuera de cuadro. El adversario fue construido discursivamente, pero no mostrado. Una decisión de imagen que también comunica.
Más allá del estilo, el contenido dejó definiciones de fondo. Milei confirmó que avanzará sin concesiones en la apertura económica. No habrá gradualismo ni marcha atrás frente a presiones sectoriales. El Presidente apuesta a un cambio profundo en la matriz productiva: energía —gas y petróleo—, minería en la cordillera y una expansión fuerte del agro como motores de un nuevo ciclo. En esa lógica, la industria protegida del modelo de sustitución de importaciones quedará desplazada.
El cierre de la planta de Fate funcionó como anticipo de esa transición. Los especialistas advierten que un proceso de reconversión de esta magnitud no llevará menos de dos o tres años. En el medio habrá tensiones. Y el Presidente dejó claro que está dispuesto a enfrentar incluso a sectores tradicionales del empresariado. No arrastra compromisos previos ni vínculos históricos con ese mundo. Esa autonomía puede ser fortaleza o riesgo.
Otro punto ratificado es el alineamiento pleno con Estados Unidos. Milei no solo reafirmó esa estrategia, sino que la proyectó a futuro, independientemente de los movimientos de Donald Trump. La apuesta geopolítica es inequívoca.
En el plano legislativo, el Presidente agradeció el acompañamiento de sectores opositores a las reformas estructurales y confía en repetir esa dinámica este año. Sin embargo, la política tiene tiempos propios. A medida que avance la campaña, gobernadores como Martín Llaryora, Maximiliano Pullaro, Osvaldo Jaldo o Raúl Jalil comenzarán a priorizar sus calendarios y sus reelecciones. Los acuerdos que hoy parecen viables podrían volverse más costosos mañana. Si el oficialismo quiere acelerar reformas, el margen puede no ser infinito.
Porque, en rigor, la Argentina ya está en campaña. Y lo estará durante un año y medio, con elecciones desdobladas y clima electoral permanente. Una extensión que amenaza con volver más difíciles los consensos y más áspero el debate público.
La apertura de sesiones dejó, entonces, tres certezas: una ruptura política expuesta sin matices, un modelo económico que avanza sin frenos y una campaña que promete ser larga. Demasiado larga.
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