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09/06/2026 | 13:15
Redacción Cadena 3
Sergio Suppo
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Adorni no explica y el Gobierno complica su defensa | Por Sergio Suppo
Hace semanas que esta es "la semana clave". Una detrás de otra. Pero el escándalo alrededor del patrimonio de Manuel Adorni sigue sin una respuesta política y documental que despeje las dudas de fondo.
El problema ya no es solamente lo que se investiga. El problema empieza a ser, también, la forma en que el Gobierno eligió defender al jefe de Gabinete. Porque esa defensa, lejos de achicar la sospecha, la agranda.
Adorni todavía no publicó su declaración jurada de bienes. Es el paso más básico, más elemental, más rápido que podría haber dado desde el primer momento para empezar a aclarar la situación. Patricia Bullrich, incluso dentro del propio oficialismo, le reclamó hace casi un mes que la presentara de inmediato. Lo hizo para diferenciarse de él, pero también para marcar distancia del presidente Javier Milei, que decidió respaldar a rajatabla a su funcionario.
Esa declaración jurada no resolvería necesariamente todo. A esta altura, con la credibilidad ya erosionada, cualquier explicación llegaría tarde. Pero al menos permitiría ordenar la discusión sobre una pregunta concreta: no sólo qué bienes tiene Adorni, sino cómo pudo afrontar en tan poco tiempo determinados gastos, viajes, compras y refacciones que hoy están bajo la lupa pública y judicial.
A esa demora se suma ahora otro dato políticamente incómodo: el ministro de Justicia de la Nación, Juan Bautista Mahiques, invitó al juez federal Ariel Lijo a una misión oficial en Francia, en el marco de una reunión del GAFI, el organismo internacional que trabaja sobre políticas contra el lavado de dinero.
Que jueces federales y funcionarios participen de este tipo de misiones no es, en sí mismo, una anomalía. El problema es quién es el juez invitado y qué causas tiene en sus manos. Lijo es el magistrado que interviene en el expediente vinculado con Adorni. También tiene bajo su órbita investigaciones sensibles para el Gobierno, como la causa por presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad.
El nombre de Lijo, además, no es neutro en la historia reciente. Fue propuesto por Milei para la Corte Suprema, pero el Senado rechazó su pliego en una votación de enorme impacto institucional. No se trata, precisamente, de un juez asociado al prestigio público. Su trayectoria ha sido cuestionada durante años por una forma de administrar expedientes que muchas veces parece más inclinada a retener causas que a resolverlas.
Por eso, la imagen política resulta inevitablemente incómoda: el Gobierno sostiene a Adorni, Adorni no presenta aún la documentación que podría empezar a despejar dudas y, al mismo tiempo, el juez que debe investigarlo comparte una misión oficial con el ministro de Justicia.
No hace falta agregar mucho más. La defensa política, cuando está mal construida, puede ser peor que el silencio. Y en este caso, cada movimiento que busca proteger al jefe de Gabinete termina reforzando la pregunta que todavía no tiene respuesta.
El oficialismo parece apostar a que el Mundial corra la agenda. Es una apuesta conocida. Los partidos, la expectativa y las celebraciones ocupan la conversación pública. Pero no la borran por completo. La Argentina puede mirar fútbol, emocionarse y celebrar, pero eso no elimina las preguntas pendientes sobre el poder.
La explicación de Adorni, si no aparece, seguirá pendiente después del primer partido, después de la primera victoria y después de cualquier distracción colectiva. Un Mundial puede cambiar el clima de un país por unas horas. No cambia la realidad de fondo.
Hay, además, un dato político vinculado a Córdoba. Hasta este martes circulaba la versión de que el presidente Milei finalmente no vendría a la provincia para participar de los ejercicios militares conjuntos entre Argentina y Estados Unidos, en el operativo Daga Atlántica, previsto en la zona de Las Higueras, cerca de Río Cuarto.
Estaba prevista la presencia del embajador de Estados Unidos. Pero, según hicieron notar desde la Gobernación, el gobernador Martín Llaryora no había sido invitado por el protocolo presidencial. La aclaración no es menor: buscaba despejar por anticipado cualquier especulación sobre una eventual ausencia del mandatario cordobés ante una visita presidencial.
Son datos distintos, pero forman parte de un mismo clima político. Un Gobierno que acumula frentes abiertos, que muchas veces prefiere el gesto de fuerza antes que la explicación, y que parece confiar demasiado en que el ruido de la coyuntura tape las preguntas que siguen ahí.
La política puede cambiar de tema. La sospecha, cuando no se responde, no desaparece. Crece.
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