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Un recorrido por la historia de los clásicos en el Kempes

Este domingo, Talleres y Belgrano se miden nuevamente en la Ciudad de Córdoba. En este informe un repaso por los enfrentamientos que vivieron ambos clubes. Entrá y escuchá.

 

¿Cómo puede ser que entre las cosas que definen a una ciudad haya un partido de fútbol? ¿A quién se le ocurre que veintidós tipos corriendo atrás de una pelota puedan significar algo especial para un grupo de gente que habita un pedazo de tierra? ¿Dónde está escrito eso del folclore y la rivalidad como sinónimo de una forma de ser? En ningún lado y en todas partes.

Eso es: el clásico no es de nadie y es de todos, no está en ninguna parte, pero se siente en el aire. Belgrano y Talleres no definen a la ciudad, son la ciudad. Belgrano y Talleres son mucho más que el folclore de una rivalidad futbolística. Belgrano y Talleres son Córdoba.

El domingo 17 de mayo de 1914 cambió para siempre la historia, difícilmente los que estuvieron hayan imaginado que a partir de ese momento sus vidas, y las de millones que vendrían después, ya no volverían a ser iguales.

Cuando la moneda voló por el cielo lo que empezaba a girar no era un pedazo de metal sino un mundo de emociones. En el precario campo de deportes del barrio Alberdi, Belgrano dio el puntapié inicial porque Central Córdoba, que había ganado el sorteo, eligió atacar hacía el arco donde iba el viento.

El primer partido duró poco. Fueron unos quince minutos, según las crónicas de la época. Barabraham tocó para Lascano, que remató y venció al arquero. Todos los jugadores de Central Córdoba le reclamaron con vehemencia al árbitro porque entendían que el gol había sido convertido en fuera de juego. La discusión terminó con el juego, pero dio comienzo a la rivalidad más encarnizada del fútbol de Córdoba.

Desde aquel polémico cruce bautismal, Belgrano y Talleres disputaron 396 partidos (incluyendo uno que no se jugó porque el Celeste no se presentó y se le dio por ganado a los albiazules), con una paridad increíble: 132 victorias del Pirata, 131 del Matador y 133 empates. Contabilizando únicamente los duelos oficiales: la T se impuso en 95, contra 76 de la B, con 81 igualdades. Mientras que por torneos de AFA ganaron 10 veces cada uno (con 18 pardas).

La rivalidad, una de las más antiguas del país, se fue construyendo a lo largo de más de un siglo de broncas, alegrías, tristezas y cargadas cruzadas. Hubo partidos inolvidables y también partidos olvidables. Goles agónicos, gritos atragantados. Empates horribles. Jugadores increíbles y también de los otros. Belgrano-Talleres, Talleres-Belgrano es un océano de emociones en el que cada gotita de agua es un recuerdo y, como si fuera posible meterlas en una botella para poder atraparlas, vamos a traer a la memoria algunos clásicos históricos, pero con una condición: únicamente tomaremos los que se jugaron en el estadio  mayor de la ciudad.

En ese lugar que siempre conocimos como Estadio Córdoba, al que Brizuela le agregó los calificativos de “olímpico y mundialista”, se disputaron 65 clásicos, que tuvieron 20 triunfos de Belgrano, 17 de Talleres y 28 empates. El primero fue un martes 10 de octubre de 1978, por la Liga Cordobesa y la T ganó 2 a 0 con goles de Bocanelli y Valencia. 

Los últimos grandes duelos ligueros estuvieron teñidos de azul y blanco, porque Talleres se quedaría con dos cruces mano a mano: las semifinales del Clausura 78, en las que el Hacha Ludueña hizo cuatro de los cinco goles del 5 a 3 global, y las finales del Oficial del mismo año que se jugaron en febrero de 1979.

Los de barrio Jardín ganaron la ida por 3 a 0, mientras que los de Alberdi se impusieron en la revancha por 1 a 0. Como no existía la diferencia de goles, el título se definió en el tiempo suplementario, donde Oviedo -con dos tantos- y Alderete le darían la victoria al equipo que dirigía Saporiti.

El primer triunfo de Belgrano en el Estadio llegaría en 1980: 2 a 1 con goles de Daniel Astegiano y Emilio Delgado, en un amistoso por la Copa Córdoba. Desencontrados, durante los 80 solo se jugaron cinco clásicos en el Chateau y todos fueron amistosos, pero en la década del 90 vendría lo mejor.

Recién en 1991 los dos equipos más importantes de la ciudad coincidieron en un torneo de Primera División de AFA, con plaza fija. El 27 de octubre estaba resaltado en el almanaque. Talleres estacionó invicto en los playones del Chateau, mientras que Belgrano había ganado solo un partido en las primeras ocho fechas. Como suele ocurrir en los clásicos: ganó el que peor llegaba, y de qué forma: 3 a 0 con goles de Spallina, Primo y Monserrat. 

No conformes con el batacazo del Apertura, los Piratas también ganaron el clásico del Clausura, el 19 de abril de 1992 se impusieron por 2 a 1 en un partido que tuvo como acontecimiento destacado el primer gol a Talleres de uno de los más grandes ídolos de Belgrano: Luis Fabián Artime.

Los empates empezaron a abundar, de repente, tanto que los dos partidos de la temporada 92/93 en Primera terminaron igualados sin goles. Hasta que Belgrano se destapó y ganó los tres clásicos del 94: 4 a 2, 3 a 1 y 1 a 0 -en diciembre con un solitario grito de Artime-. Fue la época más dulce para los Piratas, que estuvieron 26 partidos, casi 15 años (entre el 83 y el 96) sin perder contra Talleres. El último juego de la racha fue el primero que jugaron en la B Nacional: 2 a 0 para el celeste gracias a Darío Gigena y Horacio García.

Cuando la "T" volvió a festejar un triunfo en la cara de los primos lo hizo a lo grande: 5 a 0, en lo que fue una tarde consagratoria para José Alfredo Zelaya, autor de tres tantos, que complementaron Rodrigo Astudillo y Alejandro Ortíz. Esa goleada, de alguna manera, fue el preámbulo de lo que vendría: Talleres ganó por 1 a 0 los dos partidos siguientes que jugaron en el torneo de la B Nacional 96/97 y parecía que estaba afilando las garras.

La de 1997/98 fue una de las temporadas más emocionantes de la historia del fútbol de Córdoba: los dos grandes terminarían ascendiendo a Primera, pero antes dieron vida a cuatro clásicos de novela. En la primera ronda empataron 2 a 2 las dos veces que se cruzaron, después cada uno tomó su camino hasta que volvieron a encontrarse en lo que pasaría a la historia como la “Final del siglo”.

Ya se dijo todo sobre los agitados días de julio del 98 que paralizaron a la ciudad e hicieron que los ojos del país se distrajeran un ratito del Mundial para mirar a Córdoba. Alcanza con repasar algunos datos objetivos, para que de a poco la piel vuelva a sentir lo que ya sintió y nunca olvidará. Fue 1 a 0 en la ida, gol de Zelaya. 2 a 1 en la vuelta, Albornós, Carnero y Sosa, en ese orden. Después, los penales. Todavía resuenan los sonidos de la radio de aquellos días, la música de fondo para una película épica.

El cara a cara posterior a la final por el ascenso confirmó la tendencia favorable a Talleres, que ganó 1 a 0, con gol de Garay, el partido correspondiente a la fecha 18 del Apertura 1998. Todavía no sabían que seis meses más tarde firmarían un bochornoso pacto de no agresión para empatar sin goles, con el instinto de supervivencia como excusa. Los dos se quedaron en Primera y condenaron a Platense.

Luego del tratado anti-descenso vendría una seguidilla de cuatro clásicos con cuatro victorias de Talleres en las que los hinchas matadores gritarían 15 goles de su equipo. El sumun de la racha fue en enero del 2000 cuando el equipo del Tigre Gareca aplastó al del Negro Nieto por 6 a 0 en un amistoso y eyectó del banco al técnico pirata.
Belgrano respondería con una serie de cuatro triunfos consecutivos, pero más austera en la cantidad de goles: un 2 a 0 y tres 1 a 0 consecutivos, los dos últimos con goles de Sebastián Brusco.

En el 2002, los matadores disfrutaron de un 3 a 1, con dos goles de Eduardo Escobar y uno de Federico Astudillo, que fue como darle un empujoncito decisivo a Belgrano en su descenso a la B Nacional porque el Celeste perdería la categoría dos fechas después.

Cuando se volvieron a encontrar en un torneo de AFA, los dos atravesaban épocas de vacas flacas. Belgrano llevaba dos temporadas sin poder salir de la B Nacional y Talleres acababa de bajar de Primera después de seis años. Entre el 2004 y el 2009, curiosamente no jugaron amistosos, disputaron ocho clásicos oficiales, de los cuales cuatro terminaron empatados. Pero las victorias de cada bando son muy recordadas.

Belgrano ganó 1 a 0 con gol de Arriola en el 2004. Después, en el 2005 se impuso por 2 a 0 en un partido que tuvo como gran figura a Mariano Campodónico, autor de los dos tantos. Y completó la trilogía con el 2 a 1 del 2006 que abrió Campodónico y cerró Andrés Aimar.

En el medio, la única alegría para Talleres fue un partido que pasó a la historia como el primero que se jugó con una sola hinchada. El sábado 3 de noviembre de 2007 en el Estadio Córdoba solo había hinchas de Belgrano, que se quedaron en silencio, atónitos, cuando Borghello gritó el único gol del partido.

La segunda década del siglo XXI empezó con un récord negativo increíble: 2010 y 2011 fueron los dos primeros años, desde 1914, en los que Belgrano y Talleres no jugaron ningún partido. Si se quiere, la espera valió la pena porque en el 2012 el clásico tuvo un nuevo-viejo escenario. El Estadio Córdoba se convirtió en el Mario Alberto Kempes. Las remodeladas tribunas fueron testigos del triunfo Pirata por 1 a 0 con gol de Lucas Melano.

Alejados porque Belgrano disfrutaba de las mieles de jugar en Primera y Talleres sufría la tortura de arrastrase en tercera, los primos recién volvieron a dar vida a un clásico por los puntos el 13 de marzo del 2013. Ese día Argentina amaneció con un Papa argentino y Córdoba se durmió con un botinazo de Bottino.

Todavía está fresca la pintura de los últimos clásicos: en el 2017, después de 15 años volvieron a jugar en Primera, abundaron las repartijas de puntos y lamentablemente la fiesta mayor del fútbol de Córdoba se vistió de negro cuando Emanuel Balbo, un hincha, murió tras caer de una tribuna.

El único partido por los puntos que Talleres y Belgrano jugarán en este 2018 tendrá la particularidad de ser el primero con las dos hinchadas en los últimos cinco años. Otra vez el escenario mayor del fútbol de la provincia latirá al ritmo de más cincuenta mil corazones, que pasarán de cero a cien en milésimas de segundos. Cuando todo termine algunos, quizás, quedarán más contentos que los otros hasta que la próxima esquina los vuelva a juntar. Que en definitiva de eso se trata un Belgrano-Talleres, Talleres-Belgrano, una forma de sentir Córdoba. Una forma de ser Córdoba.

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