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Grandes del deporte

La Selección campeona en Lima '57: "Los Carasucias"

Argentina llevó uno de sus equipos más brillantes a la edición en la capital de Perú. Un equipo de pibes que jugó como grandes. Por Jorge Parodi.

 
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Hay equipos que trascienden el paso del tiempo y quedan en la memoria. Hay equipos a los que la nostalgia y los años los hace más grandes.

Hay equipos que admiramos desde las viejas crónicas en hojas amarillentas de revistas archivadas y grabaciones de radio poco audibles.

Ese equipo ganó un título: fue campeón de la Copa América en Lima 1957. Ese equipo tuvo un apelativo que lo distingue en la historia: fueron Los Carasucias.

Fue en Lima '57 cuando la Selección argentina presentó su equipo más brillante en una Copa América.

Los Carasucias de Lima, fueron bautizados así por la frescura traviesa de un equipo de pibes que jugaron como grandes.

Con el tiempo, el San Lorenzo de los '60 , del Bambino Veira y del "Loco" Doval recibiría el mismo sobrenombre de “Carasucias”.

Esa Selección, que apenas duró un suspiro de 6 partidos, ganó, goleó y gustó.

Vapuleó a un  Brasil que, un año después en Suecia,  lograría su primer título Mundial de la mano de un adolescente, al que el  mundo conoció como Pelé.

Aquel equipo argentino orientado por Guillermo Stábile tenía un patrón dentro de la cancha: Néstor Pipo Rossi. En aquel tiempo se marcaba con tres en el fondo. Delante de Rogelio Domínguez, el arquero, estaban Cacho Giménez, Pedro Dellacha y Federico Vairo.

Omar Corbatta era un puntero derecho habilidoso e intuitivo. El vozarrón de Pipo lo llamaba para que se quedara a su lado y lo ayudara en la salida. Por el otro costado jugaba Angel Schandlein, preparado para ayudar en el fondo. Todo lo demás era ofensiva. Humberto Maschio y Enrique Omar Sívori jugaban unos metros más atrás armando y llegando. Cerebral, Maschio; atorrante gambeteador, el Cabezón Sívori. Y adelante Antonio Valentín Angelillo, por el medio, y Osvaldo Cruz como puntero izquierdo.

Argentina fue inaugurando asombros  partido a partido: 8-2 a Colombia, 3-0 a Brasil, 6-2 a Chile, 3-0 a Ecuador, 4-0 a Uruguay. La derrota frente a Perú —ya campeones— fue con un equipo suplente.

Marcaron 25 goles en seis partidos. Maschio fue el goleador del torneo con 9 tantos. Ninguno de los tres "Carasucias" pasaba los 22 años, ninguno de los tres era un centrodelantero clásico, de área. Llegaban con toques y gambetas. Es cierto, había menores rendimientos físicos en aquel tiempo. Pero de los dos lados. Y la calidad técnica nunca se midió según las contexturas.

Guillermo Stábile, el eterno entrenador, no era de mucho hablar. Elegía los jugadores y les daba las libertades que necesitaban. Aquel equipo del '57 fue campeón de América con una inolvidable delantera integrada por Oreste Omar Corbatta, Humberto Maschio, Antonio Angelillo, Enrique Omar Sívori y Osvaldo Cruz.

Oreste Corbata fue el Garrincha argentino. "El Loco" era un wing de colección, que enloquecía rivales a pura gambeta. Enrique Omar Sivori, surgido en River, triunfador en Italia (para cuya Selección también jugó), fue un zurdito talentoso . "El Cabezón" Sivori fue el mejor antecedente de Maradona y el futbolista argentino más querido en Italia hasta la llegada de Diego.

Lástima que los Carasucias se fueran enseguida a Europa. Ni Sivori, ni Maschio, ni Angelillo estuvieron en el desastre de Suecia 1958. Tal vez respondiendo a la iniciativa errónea de Raúl H. Colombo, el interventor de la AFA, quien no pidió a los cracks a Italia “porque en nuestro país tenemos jugadores de sobra”.

La soberbia no es una novedad en el fútbol argentino. Pero esa fue otra historia. Los Carasucias serán recordados por siempre.

Los memoriosos recitarán  “Corbata, Maschio, Angelillo, Sivori y Cruz” con el pecho inflado de orgullo. Los futboleros de hoy sueñan con que Messi sea en Brasil 2019 el Carasucia que fue Sivori en Lima 1957.

Que Otamendi tenga la solidez de Delacha, que Andrada de garantías desde el arco como lo hacía Rogelio Domínguez, que aparezca un patrón en la mitad de la cancha, que ordene al equipo como lo fue el Pipo Rossi, que el Kun Agüero reviente las redes contrarias como aquel inolvidable Angelillo.

La cercanía de la Copa América nos lleva al recuerdo de aquel tiempo que fue hermoso y nos pone de cara a un sueño, que no debemos, ni queremos dejar de soñar.

La gesta de Lima trascendió el tiempo y se convirtió en mito, en leyenda. Cuando el fútbol era más arte que lucha. Cuando en el fútbol  no todo era ganar, sino  jugar  y disfrutar. Cuando no existían los barrabravas, ni el dinero de la televisión.

Cuando vestir la celeste y blanca era el máximo honor de un futbolista. Esa Selección argentina del '57 escribió una gran página de nuestra historia futbolera y deslumbró.

Es que fueron verdaderos Carasucias, pibes que jugaron como grandes y nos llenaron de felicidad.

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15 julio 2019

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