Javier Pinola, el bastión de la defensa de River (Por Raúl Monti)

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Javier Pinola, el bastión de la defensa de River

26/10/2019 | 14:23 | Su profesionalismo lo llevó a colocarse la camiseta del club de sus sueños. Hoy, se prepara para disputar una nueva final de la Copa Libertadores y sueña con llevarlo a lo más alto. Escuchá.

Raúl Monti

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Javier Pinola, el bastión de la defensa de River (Por Raúl Monti)

En la escuela primara le ponía la banda roja a todos sus dibujos. Casas, árboles y animales llevaban los colores del equipo de sus amores. Hasta los 14 años iba al Monumental con su carnet de socio y estuvo presente en el estadio la noche de los dos goles de Crespo en la Final de la Libertadores 1996.

Más tarde, el profesionalismo y su carácter competitivo lo obligaron a olvidarse de su fanatismo. Defendió con el cuerpo cada camiseta que vistió y cuando le tocó enfrentar a River no hubo excepciones.

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e chico, Javier era fanático de Ronaldo y admiraba mucho al Bati, pero si hablamos de un referente en su posición siempre elegía al “Toto” Berizzo. Le gustaba su buen pie y su tranquilidad para salir jugando, aspectos que el joven Pinola quería copiar e incorporar a su juego.

Sus primeros pasos en el camino del fútbol fueron en Platense pero a los 12 años lo dejaron libre y tuvo que pensar en otras alternativas. Entonces apareció Chacarita, club donde terminó su formación y debutó en primera el 18 de marzo 2001.

Tras dos temporadas y 55 partidos en el Funebrero, aparecieron dos ofertas más que seductoras: Boca y el Atlético de Madrid. Priorizando su sueño de jugar en el Viejo Continente, Javier optó por el Colchonero y partió rumbo a España. En el Atleti, Javier coincidió con Matías Lequi y el Mono Burgos y supo de entrada lo difícil que era ganarse un lugar en un club tan importante.

A comienzos del 2003, participó del Sudamericano Sub 20 en Uruguay bajo las órdenes de Tocalli. El equipo tuvo un gran torneo y se coronó campeón con Tévez y Cavenaghi como grandes figuras.

De vuelta en Madrid, ni Aragonés ni Manzano le dieron demasiadas chances para mostrarse y al cabo de dos años Javier tuvo que volver a préstamo a la Argentina para relanzar su carrera.

Racing fue el lugar perfecto para reencontrase con su fútbol. En la Academia, Pinola se ganó la titularidad y mantuvo un buen nivel a lo largo de dos torneos. 55 partidos después, se subió a un avión en búsqueda de su revancha europea. En el Cilindro de Avellaneda lo despidieron con banderas de agradecimiento por su entrega.

Esta vez el destino no fue España sino Alemania. Javier tuvo que adaptarse a jugar con guantes por las bajas temperaturas, a un idioma bastante complejo y a costumbres diferentes, pero nada de eso fue un impedimento.

En Núremberg encontró su verdadero lugar en el mundo. Vivió diez años en la ciudad y se convirtió en ídolo de los aficionados. No tuvo miedo de sacarse chispas con Bastian Schweinsteiger en algún duelo frente al Bayern Munich y el propio Robben se vio obligado a cambiar de banda con tal de no cruzar al argentino en su camino.

Con Die Legende festejó una Copa de Alemania en la temporada 2006-2007 y meses más tarde tuvo la chance de ser transferido al Bayern Leverkusen pero miles de hinchas se movilizaron juntando firmas para que se quedara y él eligió permanecer en el club. Incluso vivió el descenso a la segunda categoría un tiempo más tarde, pero nunca abandonó el barco.

El 25 de mayo de 2015, al cumplir 10 años en el FC Núremberg, el club homenajeó a Pinola con banderas gigantes y con el tema “No me arrepiento de este amor” de Ataque 77. Además, el club tomó la determinación de ponerle a una platea ubicada detrás de un arco el nombre de Javier Pinola.

Increíblemente, después de semejante homenaje, el manager deportivo del club precipitó la salida del defensor de la institución.

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Cuando todo indicaba que se retiraría en Alemania, su plan se vio alterado por completo. Mientras pensaba qué camino tomar, Coudet se anticipó invitándolo a sumarse a Rosario Central.

Su nivel fue tan bueno en el Canalla que bastó apenas un semestre para que en diciembre de 2015 sonara su celular, después de un Whatsapp que le anunciara: “Soy Marcelo Gallardo, ¿me atendés dos minutos?”. Fue antes del viaje de River a Japón. El Muñeco le manifestó que lo pretendía en sus filas. 

Pinola le pidió unos días para pensarlo, pero se dio cuenta de que más allá de la tentación que significaba concretar el sueño de la infancia y participar de un ciclo ultraganador, no podía aceptar: llevaba apenas 6 meses en Central y una ilusión grande de coronarlo con un título.

Pinola se quedó en Rosario y siguió en altísimo nivel a tal punto que, 9 años después de su última citación a la Selección, fue convocado nuevamente para un partido por Eliminatorias frente Bolivia en Córdoba, con Bauza de entrenador.

Más tarde debió parar casi un año por una fractura de tibia, pero volvió intacto.

Mientras estuvo en Central, el equipo se quedó a un paso de gritar campeón en varias oportunidades. Estuvieron cerca en el campeonato del 2015, en la Libertadores 2016 los eliminó el futuro campeón en el descuento y en la Copa Argentina primero Boca y después River los dejaron sin festejo.

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Con una cláusula de rescisión baja, los interesados comenzaron a golpear la puerta. Central aspiraba a retenerlo, el presidente de Racing habló con el jugador, el de Boca, con el representante pero Pinola tenía un deseo íntimo. El resto fue obra del sexto sentido de Gallardo. De su sentido de la oportunidad: llamar una hora y media después que Angelici, un día antes de la reunión que podría haber definido otro rumbo.

Apenas se incorporó a River, Pinola conformó una dupla infranqueable con Jonathan Maidana que se consolidó en la Copa Libertadores 2018. Tras ser suplente en el primer partido de la zona de grupos frente a Flamengo, Javier se metió en el 11 para no salir nunca más y terminar festejando en Madrid.

Sin su compadre Maidana, Javier se convirtió en referente en la zaga del joven Martínez Quarta. Más vigente que nunca, a los 36 años tuvo la distinción de portar la cinta de capitán en varios partidos en los que Ponzio no estuvo en cancha.

La lesión ante Cruzeiro lo hizo perderse el partido de vuelta y luego le tocó ver los cuartos frente a Cerro Porteño desde el banco. Las críticas afloraron pero Pinola aguantó estoico.

Para las semis con Boca Gallardo volvió a confiar en su experiencia y lo mandó a la cancha. En la Bombonera fue uno de los puntos altos de River que defendió la diferencia obtenida en el Monumental y otra vez eliminó al rival de toda la vida.

En la escuela primaria le ponía la banda roja a todos sus dibujos. Casas, árboles y animales llevaban los colores del equipo de sus amores. 30 años más tarde, a las puertas de una nueva final, quiere pintarle la banda roja a la Copa Libertadores.